Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘Vida Cotidiana’ Category

Posparativo

Posted by jorgemux en enero 24, 2014

(Sustantivo. Del latín post = posterior y paro = disponer)

Si un preparativo es la disposición de algo para una finalidad posterior, el posparativo es la disposición de algo una vez que se ha logrado esa finalidad.

Ciertas herramientas y utensilios requieren de preparativos y de posparativos. Una vez finalizada la pintura, es necesario lavar cuidadosamente los pinceles y la pistola de gravedad, purgar el compresor, levantar los papeles del piso, limpiar las manchas de pintura del piso, las paredes y las manos; lavar la ropa y ordenar un sinfín de herramientas.
Muchas veces la finalidad buscada es deseable y placentera: el momento en el que efectivamente se está pintando la pared es relajante, pero requiere de preparativos y posparativos tan trabajosos que lo convierten en un yugo intolerable. Es más, quizás la procrastinación es producto no tanto del trabajo en sí, sino de los preparativos y los posparativos.

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Hipernatividad

Posted by jorgemux en diciembre 3, 2013

(Sustantivo. De hiper y natividad)

Precocidad y exceso de iconografía navideña.

Muchos hogares y comercios ya a principios de noviembre padecen un repentino estallido de luces navideñas, guirnaldas, árboles, papanoeles y musiquitas estridentes. Sobreabundan el plástico y el brillo. Cualquier espacio vacío es rellenado con algodones, borlas, pesebres, piñas con gibré y luces intermitentes. En muchos casos se observa un marcado contraste entre la austeridad habitual en la decoración y el profuso, abigarrado y chillón ornamento de fin de año. A contramano de cualquier criterio estético (y quizás religioso), cada rincón y situación es convertido en motivo navideño. Se entregarán servilletas con dibujos de trineos. Las bolsitas dirán “felices fiestas”. Los empleados llevarán un gorro rojo y blanco. Los vidrios y las paredes serán decorados con una guarda de papá noel y renos. En cada vértice o rincón habrá un árbol navideño o un pesebre. Las lámparas se cubrirán con cartulina verde en forma de estrellas, papel crepe rojo o guirnaldas. Del cielo raso deben colgar borlas gigantes o campanas. Aun a riesgo de un falso contacto o de electrocución, las luces de colores deben formar complicados dibujos o trazar todos los contornos y circuitos posibles.
La hipernatividad suele extenderse hasta fines de enero. Después de esa fecha, por pereza, algunos adornos no serán quitados: en muchos casos vemos en pleno junio guirnaldas y luces apagadas y polvorientas, un poco ocultas entre los productos para el día del padre y las ofertas de vacaciones de invierno. Estarán allí, todo el año al acecho, a la espera del caluroso noviembre cuando les toque atacar con estridencia y mal gusto.
Muchas veces la hipernatividad provoca un sentimiento de alegría y bienestar, a pesar del exceso. La experiencia estética no es negativa: está cargada de afectos y nos recuerda a los momentos buenos de la infancia, cuando todo lo brillante era mágico y cuando Papá Noel existía de verdad.

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Exóbalo

Posted by jorgemux en noviembre 4, 2013

(Sustantivo. Del griego exó = hacia afuera y bállo = arrojar. Sustantivo: exobalia)

Dícese de quien tiene la costumbre de desarmar y desarticular violentamente algo que se está desarrollando.

La imagen más gráfica del exóbalo es el de un futbolista que patea la pelota afuera, muy muy lejos de la cancha. Su acción no permite que el juego se desarrolle; es más, interviene para que todo cese. Desde luego, es posible encontrar exóbalos en muchos otros rubros. Si usted está conversando con alguien ocasional durante una fiesta y solo trata de ser amable, tal vez pregunte: “¿Le gusta a usted más el vino tinto o el blanco?” El exóbalo interviene -es decir, no se rehúsa a responder-, pero su participación le quita todo el estímulo a la charla: “A mí me gusta más Dios”. Su respuesta equivale a patear la pelota afuera, y ya no tiene sentido seguir dialogando.
No es que al exóbalo le interese poner su impronta en el ámbito en el que participe (fútbol, conversación o lo que fuera): mas bien parece tener una torpeza proverbial para compartir ciertos códigos. Rompe las reglas de tal modo que, después de su intervención, ya no hay juego posible.
A veces la exobalia es una estrategia retórica para desenfocar drásticamente el ángulo de la conversación: “¿Sabés cuánto me costó esta camisa?”. “No sé. Pero parece que el que te la vendió se está culiando a tu esposa”.  

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Peradromia

Posted by jorgemux en octubre 7, 2013

(Sustantivo. Del griego péra = lejos y drómos = camino, corredor)

Vida que llevan hoy los amigos y compañeros que dejamos de ver hace mucho tiempo.

Hubo un tiempo en que nos veíamos todos los días con ese amigo, pero por alguna circunstancia eso se cortó para siempre. Él se mudó, nos peleamos, perdimos interés en vernos, ya no nos entendimos. El camino que recorríamos juntos se fue bifurcando de forma repentina o con una lentitud imperceptible. Esa vida que empezamos a hacer separados de nuestro amigo se ha convertido en una peradromia.
Gracias a las redes sociales podemos reencontrarnos con viejos amigos. Espiamos sus fotos, nos asombramos de que se haya ido tan lejos, o tenga tantos hijos, o se hayan puesto tan gordos, tan viejos y tan desconocidos. Ya son otros. Se hicieron de otra piel; no le causan gracia los mismos chistes y tienen opiniones sobre cosas que no nos interesan en lo más mínimo. Aunque a veces forcemos un contacto, sus intereses lo volvieron tan ajeno que ya no hay puntos en común. Otras veces, desde luego, el hecho de reiniciar contacto deriva en un redescubrimiento de intereses comunes.

El término puede aplicarse también a la vida que llevan las ex parejas de uno. 

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Canatorio

Posted by jorgemux en mayo 24, 2013

(Sustantivo. Del griego xanó = perder y terminación -orio = lugar)

1. Lugar de la casa o de un recinto creado especialmente para perder cosas.

2. Lugar de una casa o de un recinto donde frecuentemente suelen aparecer las cosas perdidas.

Muchas veces se pierden simultáneamente las llaves, la billetera, una camisa, el cepillo de dientes y los anticonceptivos. Pero es poco probable que se extravíen todos estos objetos en un mismo lugar. En cambio, si se desarrolla un canatorio doméstico, es posible que todo lo perdido haya ido a parar allí. ¿Cómo es posible esto? Los canatorios pueden ser enormes agujeros en los sillones: cualquiera que se haya sentado en el sillón y pierda algo, casi seguro lo encontrará en el agujero. O pueden consistir en una inclinación del piso que confluya en un único lugar: todo lo que se caerá al piso, necesariamente se encontrará en esa confluencia. Los canatorios aumentan la probabilidad de que un objeto perdido se encuentre allí y no en otro lugar, aunque, por supuesto, no tienen una utilidad absoluta.

A veces hay “canatorios naturales”. En los nidos de urracas se pueden encontrar objetos brillantes perdidos (las urracas macho los llevan como presentes para la hembra). En algunos lugares, por una misteriosa razón, todo lo perdido aparece tarde o temprano dentro de un cajón, bajo una cama o en el bolsillo de un pantalón: en la práctica, estos tres sitios funcionan como canatorios.

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Monóquira

Posted by jorgemux en mayo 15, 2013

(Sustantivo y adjetivo. Del griego mónos = uno y xeirós = mano)

Dícese de la actividad que puede realizarse con una sola mano. 

Si usted debe encender el horno, ponerse un pulóver, pelar una manzana, conducir un automóvil o escribir en el teclado, debe tener las dos manos libres para utilizarlas en esa actividad. En cambio, para lavarse los dientes, rascarse la cabeza, escribir a mano, comer aceitunas o cerrar una puerta sólo se requiere de una mano. Lo interesante de las actividades monóquiras es que se pueden realizar dos de ellas de manera simultánea.
Existen actividades que podrían clasificarse como monóquiras, pero que en algunos casos resulta difícil ejecutarlas con una sola mano. A veces, abrir una puerta con llave puede demandar un par de maniobras con ambas manos (empujar, tironear). Escribir a mano también: muchas veces la otra mano debe sostener el papel. Por supuesto, tabién están los que fanfarronean de poder realizar con una sola mano (o con ninguna) aquello que debe hacerse con ambas, como andar en bicicleta o tocar el piano. 

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Legestorio

Posted by jorgemux en abril 26, 2013

(Sustantivo. Del latín legere = leer y terminación -torio que indica despectivo)

1. Dícese del grupo de personas que lee libros y revistas obsoletos.

El legestorio lee revistas “Muy Interesante” del año 1985 en las que se realizan predicciones para el año 2000, o un folleto que explica las nuevas funciones del renault 12, o un libro sobre política internacional del año 1970 en el que advierten la posibilidad de que el comunismo ruso avance sobre latinoamérica. El legestorio se forma una idea anacrónica y distorsionada de su entorno, y es perseguido por fantasmas que desaparecieron hace mucho tiempo.

2. Dícese del grupo de personas que sólo considera auténtico libro al que está impreso en papel. 

En esta acepción, el legestorio puede estar actualizado con respecto a las temáticas que lee, pero su idea de “libro” está asociada directamente al papel. No considera que la lectura en computadora sea una auténtica lectura, o que leer un blog sea realmente leer. 

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Contrarregalo

Posted by jorgemux en febrero 5, 2013

(Sustantivo. De contra y regalo)

Obsequio que se realiza como respuesta a un obsequio recibido.

Muchos de los regalos que damos por cumpleaños, navidad o día de los enamorados, son contrarregalos. Si Juan nos regalase un par de medias para nuestro cumpleaños, podremos obsequiarle otro cuando llegue su onomástico: un presente modesto que no pone en peligro sus finanzas ni las nuestras. Pero si Juan nos regalara un automóvil o un viaje en crucero, las cosas se nos complicarían, pues cuando él mismo cumpliera años no podríamos llevarle apenas un par de medias. Disfrutaremos, sí, del crucero o del automóvil recibido, pero lo haremos con la angustiosa conciencia de que estamos en deuda; viviremos unos meses de ansiedad anticipando el enorme gasto que demandará el futuro obsequio de cumpleaños de Juan. Los contrarregalos deben ser proporcionales a los regalos iniciales; deben estar a la altura del regalo recibido, y si no tenemos en cuenta esa proporción corremos el riesgo de generar ofensa o decepción.
A veces los contrarregalos se producen en escaladas, como una guerra fría de ofrendas: Alberto le regala flores y un pantalón a Carolina (para el día de los enamorados). Carolina le regala dos pantalones y dos remeras a Alberto (ese mismo día). Alberto le regala tres pantalones, tres remeras y una campera a Carolina (para el aniversario de casados). Carolina le regala a Alberto dos camperas, tres pares de zapatos caros, cinco camisas y diez relojes pulsera (para ese mismo aniversario). Alberto le regala a Carolina dos computadoras, un nuevo Blackberry, ocho pares de zapatos y dieciséis remeras (en una fecha aleatoria. Nótese que cuando se ingresa en una escalada de contrarregalos ya no importa por qué se regala: la única motivación es el hecho de superar el último presente recibido). La escalada puede seguir de manera indefinida, hasta que las tarjetas de crédito revientan o hasta que uno de los dos no hace justicia a la desmesura del otro y entonces aparecen la ofensa y el desdén.
Para evitar el peligro de los contrarregalos, quizás conviene aclarar de antemano en todos los ámbitos posibles: “No quiero regalos”. Pero esto puede ser contraproducente, porque quienes reciben ese mensaje fingirán que no nos van a dar un regalo, pero a último momento nos agasajarán con una enorme sorpresa. Quizás la única solución sea mostrarse agresivo, furioso y molesto con el regalo recibido. Pero esa es una reacción muy extraña y difícilmente comprensible: “¡Imbécil! ¡Te dije que no quería regalos! ¿Sos sordo? ¡Metete los veinte mil dólares en el orto!”
A veces el contrarregalo es desproporcionado con respecto al regalo inicial, pero esa desproporción es en sentido positivo: si usted obsequió una botella de vino a una amiga, esa amiga le obsequiará seis botellas de vino o una bicicleta, regalos claramente superiores al suyo. Por lo general, esta desproporción positiva tiene un objetivo moralmente cuestionable: demostrarle al homenajeado que uno no es un tacaño. “Este turro me trajo una planta para nuestro aniversario. Yo no soy igual que él; le compré cincuenta trajes para hacerlo sentir mal. Yo cuando regalo, regalo”
Otras veces nos dan obsequios puramente simbólicos: una canción, una foto antigua en Facebook, un poema. Pero aun estos regalos requieren contrarregalos que estén a la altura del esfuerzo y el ingenio empleados. La novia que compuso una canción a su novio para el día de los enamorados seguramente se sentirá decepcionada si recibe una caja de bombones con una tarjeta fría e impersonal.

Los regalos recibidos son trampas, pequeños anzuelos que se arrojan disimuladamente a nuestra conciencia para atrapar contrarregalos futuros. No nos dan regalos para hacernos sentir queridos y felices; nos regalan para mostrarnos que estamos atados por invisibles y retorcidos hilos de obligaciones sociales.

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Disclavia

Posted by jorgemux en noviembre 28, 2012

(Sustantivo. Del latín dis = con dificultad y clavis = clave, llave)

1. Incapacidad para encontrar la llave correcta en un manojo de llaves. 

Se sufre una especial disclavia cuando el llavero nos es familiar y conocemos las muescas de cada una de las llaves que la componen. A pesar de este sobrado conocimiento, uno recorre mil veces el llavero y no encuentra la que justo ahora se debe usar. La disclavia en este sentido es un proceso parecido al que ocurre cuando se circunvía.
Algunas personas no sufren disclavia, sino un proceso inverso: aciertan con la llave correcta en el primer intento, aun con manojos de llaves desconocidas. A este caso afortunado lo llamaremos euclidia, tomando las raíces griegas eu = bueno y kléidi = llave. (También puede llamarse “euclidia” al placer que produce acertar con la llave adecuada en un número relativamente bajo de intentos)

2. Incapacidad para recordar las propias contraseñas.

Por fortuna las cookies de nuestras computadoras se encargan de conservar nuestros datos, y gracias a ellas seguimos accediendo al correo electrónico, a las redes sociales,y a la plataforma virtual de nuestro trabajo. Pero el día en que debemos formatear la máquina, corremos el riesgo de perder para siempre los lugares virtuales que frecuentamos. La disclavia, en esta acepción, tiene algunos componentes adicionales: no solo somos incapaces de recordar la contraseña sino que, además: a) la olvidamos un segundo después de haberla creado; b) hicimos una contraseña complicadísima que no tiene posibilidad de ser recordada sin una regla mnemotécnica; c) no la anotamos o bien d) la anotamos en un papel circunstancial que se perdió para siempre. En algunos casos debemos agregar un gravísimo componente e): creemos que nos vamos a acordar la contraseña en el momento en que sea necesario, pero eso no ocurre (esta clase de disclavia acontece cuando uno está frente al cajero del banco).

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Flavilabar

Posted by jorgemux en octubre 26, 2012

(Verbo intransitivo. Del latín ex flavo = del amarillo y elabor = escapar. Adjetivo: flavílabo)

Apurar la marcha de un vehículo durante muchas cuadras ante la inminencia de la luz amarilla en cada semáforo

Cuando los semáforos de una calle están coordinados, podemos esperar que a cierta velocidad encontraremos luz verde en cada esquina. Pero si al acercarnos a una de ellas nos intercepta el amarillo, debemos aumentar la velocidad para que en las siguientes esquinas no nos pase lo mismo: cuando el amarillo nos intercepta en una esquina, lo hará en todas, y nos vemos obligados a flavilabar. Algunos días la luz amarilla nos persigue en todos los semáforos. A veces, ese amarillo se convierte en un culposo rojo justo cuando estamos atravesando el cruce. Durante esos flavílabos días tenemos una ligera sensación de que estamos viviendo al límite.

El término sólo se aplica cuando la luz amarilla precede a la roja, no cuando antecede a la verde.

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