Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘P’ Category

Posparativo

Posted by jorgemux en enero 24, 2014

(Sustantivo. Del latín post = posterior y paro = disponer)

Si un preparativo es la disposición de algo para una finalidad posterior, el posparativo es la disposición de algo una vez que se ha logrado esa finalidad.

Ciertas herramientas y utensilios requieren de preparativos y de posparativos. Una vez finalizada la pintura, es necesario lavar cuidadosamente los pinceles y la pistola de gravedad, purgar el compresor, levantar los papeles del piso, limpiar las manchas de pintura del piso, las paredes y las manos; lavar la ropa y ordenar un sinfín de herramientas.
Muchas veces la finalidad buscada es deseable y placentera: el momento en el que efectivamente se está pintando la pared es relajante, pero requiere de preparativos y posparativos tan trabajosos que lo convierten en un yugo intolerable. Es más, quizás la procrastinación es producto no tanto del trabajo en sí, sino de los preparativos y los posparativos.

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Pamirodiama

Posted by jorgemux en noviembre 26, 2013

(Sustantivo. Del griego pás = todo y myrodiá = aroma)

Si un panorama es una visión completa, conjunta, de una totalidad, un pamirodiama es un olor en el que pueden reconocerse vastos conjuntos de elementos, o bien un olor que indica algo grande, espacioso y múltiple: el indefinible olor del mar o del césped recién cortado son pamirodiamas. En cambio, el hedor de una fruta podrida o la empalago afragantado de un perfume barato son aromas a secas.

Se puede mantener cierta analogía entre el pamirodiama y el panorama, pero hay un punto en el que no son semejantes: el panorama suele revelar un conjunto de hechos presentes. El pamirodiama, en cambio, nos muestra olores de otros tiempos y de otros lugares. El “olor a la casa de mi infancia” es un pamirodiama, lo mismo que “el olor a Nápoles”. A veces reconocemos esos aromas complejos en lugares y tiempos muy distantes a los originales. 

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Penidalgia

Posted by jorgemux en octubre 22, 2013

(Sustantivo. Del griego paixnídi = juguete y algéo = dolor)

Acción de extrañar objetos que se tenían durante la infancia. 

¿Adónde habrá ido a parar el auto Citroën de duravit que tuve a los ocho años? ¿Qué fue de ese tarro con más de mil bolitas de colores que acumulé con mi hermano? ¿Cuándo decidimos que los RASTI ya no podían seguir ocupando ese lugar en el fondo del placard y los regalamos o quizás los donamos? ¿Qué habrán hecho mis padres con la bicicletita verde importada de Brasil con la cual mi hermano aprendió a andar sin rueditas? Los juguetes más importantes de nuestra vida alguna vez desaparecieron, en esa nebulosa meseta que va desde la pubertad hasta la adolescencia, cuando el niño que jugaba puso a dormir su infancia para convertirse un poco más en lo que somos hoy. Nos aprovechamos del sueño de ese niño para arrebatarle sus juguetes y regalarlos, donarlos, perderlos u olvidarlos en un arenero. Y una noche cualquiera, a veces, nuestra infancia se hace un nudo en la garganta para reclamarnos por ellos. Cada tanto aparece la desolación del niño que fuimos, que se encuentra a sí mismo en un entorno extraño, huérfano y sin su muñeco pinocho.

La penidalgia puede llamarse, también, “síndrome de Citizen Kane”.

Aunque etimológicamente se alude a los juguetes, en realidad se puede hacer extensivo a cualquier añoranza de objetos que hayamos poseído en la infancia. Los muebles y la ropa son alcanzables por esta sensación.

El término se forma por semejanza con “nostalgia”. La nostalgia es un “viaje al dolor” (nóstos = viaje). La penidalgia tiene, en la raíz de su primer étimo (paixnídi), la palabra “pás”, que significa “niño”.

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Peradromia

Posted by jorgemux en octubre 7, 2013

(Sustantivo. Del griego péra = lejos y drómos = camino, corredor)

Vida que llevan hoy los amigos y compañeros que dejamos de ver hace mucho tiempo.

Hubo un tiempo en que nos veíamos todos los días con ese amigo, pero por alguna circunstancia eso se cortó para siempre. Él se mudó, nos peleamos, perdimos interés en vernos, ya no nos entendimos. El camino que recorríamos juntos se fue bifurcando de forma repentina o con una lentitud imperceptible. Esa vida que empezamos a hacer separados de nuestro amigo se ha convertido en una peradromia.
Gracias a las redes sociales podemos reencontrarnos con viejos amigos. Espiamos sus fotos, nos asombramos de que se haya ido tan lejos, o tenga tantos hijos, o se hayan puesto tan gordos, tan viejos y tan desconocidos. Ya son otros. Se hicieron de otra piel; no le causan gracia los mismos chistes y tienen opiniones sobre cosas que no nos interesan en lo más mínimo. Aunque a veces forcemos un contacto, sus intereses lo volvieron tan ajeno que ya no hay puntos en común. Otras veces, desde luego, el hecho de reiniciar contacto deriva en un redescubrimiento de intereses comunes.

El término puede aplicarse también a la vida que llevan las ex parejas de uno. 

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Priótico

Posted by jorgemux en septiembre 30, 2013

(Adjetivo. Del latín prius = primero y -ticus: sufijo que significa ‘con relación a’ )

Dícese de quien, ante una acción política que beneficia a un grupo de personas, señala que existe otro grupo que debería ser prioritario en ese beneficio.

El priótico, por lo general, no lleva a cabo ninguna iniciativa. Pero se siente muy capacitado para organizar las prioridades de las iniciativas ajenas. No propone, no ejecuta ni colabora. Sin embargo, ante cualquier acción ajena, enumera una jerarquía de prioridades que debieron haberse satisfecho antes de realizar la acción actual. “Es buena idea, pero esá mal implementada”, dice, para justificar su opinión, como si su ocasional punto de vista sobre el asunto fuera producto de un largo y concienzudo estudio sobre el tema: “Ah, le están dando plata a los pobres. Pero hay gente más pobre a la que no le dieron nada”. “Están haciendo un plan para que estudien los deportistas fracasados. Habiendo tanta gente que necesita estudiar, ayudan a los que decidieron no estudiar”.
Desde luego, el priótico acomodará su discurso de acuerdo a la acción política del momento: “No hay créditos para vivienda. La gente de clase media necesita vivienda y no puede comprarse. Solo compran los ricos”. “Ah, ahora hay crédito para la clase media. Pero, ¿y la clase baja?”. “Claro, sacan créditos para las personas de clase baja. Pero, ¿y los indigentes que no tienen ninguna entrada de dinero?”. “Claro, ahora hay crédito para todo el mundo. Pero, ¿sabés qué? Esa plata que nos dan es una soga al cuello que le ponemos a las generaciones futuras. La prioridad es pensar en el futuro, no en nosotros”. Como puede imaginarse, las quejas del priótico pueden llegar a ser circulares: “Ah, ahora están pensando en el futuro. Pero, ¿por qué no piensan en la clase media, que no tiene casa?”
El término también puede aplicarse a ámbitos domésticos: “Ah, el señor se la pasó escribiendo todo el día. ¿No sabés que hay una pila de ropa para planchar?”. “Ah, planchaste todo el día. Pero la prioridad era preparar la comida y limpiar la casa”. “La casa está impecable, pero deberías focalizarte en algo más creativo. ¿Por qué no te sentás a escribir?”
El priótico es, en muchos casos, propriorista, y posee una gran tendencia a la ambiquestia

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Poquijoquio

Posted by jorgemux en junio 4, 2013

(Sustantivo. Del latín paucus = poco y iocus = chanza, juego)

Chiste o broma que tiene escasa o nula posibilidad de ejecutarse.

Quizás a usted se le ocurran relaciones semánticas graciosas e ingeniosos juegos de palabras. Pero jamás puede decirlas en público, porque la oportunidad es casi inexistente. Si tiene un arsenal de chascarrillos para burlarse de títulos nobiliarios, quizás necesite conocer a un duque o un marqués (quienes no abundan) para que su broma pueda dar curso. “Ah, a usted, conde, lo metieron preso por robar toallas de los hoteles. Es un conde – nado”. “El barón es bastante afeminado. De barón tiene poco”. O quizás haya pergeñado una broma para asustar a su abuela, quien murió hace treinta años. O tal vez tuvo la ingeniosa idea de asociar el apellido de un actor con una conocida marca de vinos, y está esperando a que el actor se vuelva alcohólico para poder usar ese malsonante mote.
En todos estos casos, usted sería un humorista genial (o un humorista a secas) en algún universo paralelo, donde se hicieran realidad las asociaciones que se le ocurren. Pero en este mundo, es alguien que desperdicia su coeficiente en improvisados y escasamente graciosos devaneos.  

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Parapeña

Posted by jorgemux en mayo 17, 2013

(Sustantivo. Del griego para = junto a, y paixnídi = juego. Adjetivo: parapéñico o parapénico [También puede formarse la palabra “paraludia”, -del griego para y del latín ludus-; sin embargo preferimos evitar la hibridación latín-griego, aunque “paraludia” suena probablemente mejor que “parapeña”])

Estudio del conjunto de gestos, actitudes y palabras que ejecutan los jugadores en el desarrollo de un juego. 

Así com la paralingüística estudia los elementos concomitantes al acto de habla y no el acto de habla en sí mismo, la parapeña se enfoca en las conductas periféricas de los jugadores y no en el juego en sí mismo. La caballerosidad entre jugadores es un fenómeno paralpéñico. El hecho de que algunos se mantengan serenos, otros desafíen a sus rivales y otros maldigan a su suerte es parte de la parapeña. Que algunos suden, tengan tics, rían nerviosamente, se pongan anteojos negros, vayan muy seguido al baño o hablen sobre temas triviales también son fenómenos parapéñicos.
Existe una parapeña amateur que consiste en la creencia de que el juego puede mostrar la personalidad de un individuo. En realidad, este tipo de parapeña es una rama de la psicología popular. Según el punto de vista de esta psicología, si usted desea saber cómo es una persona prepárele un escenario de juego. Invítelo a una partida de póker y en el comportamiento que esgrima durante ese juego podrá visualizar su espíritu como si fuera transparente.

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Poquifable

Posted by jorgemux en febrero 26, 2013

(Adjetivo. Del latín paucus = poco y for = hablar)

Mientras lo inefable es aquello de lo que no se puede hablar, lo poquifable puede definirse como aquello de lo que no hay mucho para decir. 

¿A qué cosas se puede calificar de “poquifables”?
Las sensaciones podrían ser llamadas así. Si usted intenta describir una sensación a alguien que nunca la tuvo, se dará cuenta de que cualquier adjetivo será insuficiente, insatisfactorio o vagamente descriptivo. Si trata de explicar cómo es ver el color rojo a alguien que nunca lo vio, podrá utilizar una analogía como: “Es un color contundente, apasionado, que deja una marca profunda en la retina”. Pero esa descripción no puede generar en el otro la representación del rojo, a menos que haya visto alguna vez ese color. Haga la prueba con otras sensaciones más complejas: un orgasmo, el dolor de un infarto, las mariposas en el estómago.
Algunos filósofos y científicos han dicho que las sensaciones son inefables: nada podemos decir de ellas. Sin embargo, el filósofo Daniel Dennett objeta que se ha dicho que son inefables, pero nunca se deja de hablar de ellas. Aun así, -objetando a Dennett- es poco lo que podemos describir de las sensaciones. Quizás, porque la mayoría de las cosas inefables son, en realidad, poquifables. 
En rigor, Dios, el Más Allá, la Nada y cualquier otra entidad metafísica no es inefable: es poquifable. Pues ya el solo hecho de nombrarla nos informa que algo puede decirse. Al menos el nombre. Y si no podemos nombrarla, también es poquifable: pues al menos sabemos que no puede nombrarse. Lo único que es realmente inefable es lo que nunca se ha dicho y no podría decirse por ningún medio.  

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Profender (se)

Posted by jorgemux en enero 7, 2013

(Verbo intransitivo. Del latín pro = estar a favor y fendere = cortar o pasar a través. Adjetivo: profendido)

Capacidad de sentirse indignado por hechos irrelevantes o por una sobreinterpretación de lo que se dice.

El profendido está al acecho para ofenderse ante la mínima sospecha de agresión. Examina cada palabra y descubre homofobia, xenofobia, apología a las drogas, al sexo, a la violación y al crimen en cualquier discurso de apariencia inocente. Tiene la indignación fácil, y suele vociferar abiertamente su profundo repudio de cotillón ante hechos irrelevantes y que, por lo general, no le exigen mucho compromiso ni exposición. Si alguien dice “Hoy mi mujer cocinó pizza y se le quemó”, el profendido se indigna por el supuesto machismo de esa frase y por el sometimiento de la mujer a condiciones deplorables de matrimonio. Si alguien afirma “El que me robó el bolso es un chico boliviano de tez morena”, el profendido hace un escándalo porque encuentra xenofobia y racismo en esa afirmación. Si alguien afirma “A las mujeres les gusta que les digan cosas lindas”, el profendido pone la voz de alerta, porque cree que esa afirmación es una apología de la violación, de las groserías y del patriarcado. Ante él, hay que cuidarse de todo lo que se dice: se debe hablar con un lenguaje políticamente correcto, porque de otro modo él lo considera ofensivo y no duda en escrachar y elevar el grito en el cielo. Desde luego, “lenguaje políticamente correcto” es “el lenguaje que él considera correcto”, mediado por un sinnúmero de discutibles teorías semánticas inventadas por él mismo o por su grupo de pertenencia. Por lo general, es militante activo en favor de alguna minoría social.
El profendido confunde los actos ilocutivos con los actos perlocutivos. O, en otras palabras, se cree capaz de descubrir las intenciones ocultas detrás de las intenciones explícitas, aunque esos supuestos propósitos implícitos sólo están en su imaginación. Cree en la ideología del lenguaje y pretende que todos (excepto él, claro) se hagan cargo exhaustivamente de las preconcepciones ideológicas que contienen cada palabra (incluso la etimología de cada palabra): “Usaste la palabra ‘entusiasmado’, y esa palabra en griego significa ‘estar poseído por un dios’. Así que hacete cargo, estás usando un lenguaje religioso, y la religión es el principal instrumento de opresión social. Vos querés evangelizarme con tu lenguaje de inquisidor medieval conquistador de culturas precolombinas. Tus palabras son la espada en alto del mercenario cristiano europeo que sometió en América a los pueblos originarios. Te repudio profundamente”
El profendido actúa como un terrorista del lenguaje: avisa que está asombrado por lo que alguien dijo -con expresiones como “No puedo creer lo que estás diciendo”, “Derrapaste”, “Te fuiste a la banquina”- para que su interlocutor sepa que ha franqueado un límite que no tiene regreso. Pero rara vez es convincente cuando explica por qué los dichos de su interlocutor le causan tanta indignación.
Por lo general, a medida que pasa el tiempo ya nadie quiere hablar con él. Poco a poco sus únicos interlocutores son sus amigos o compañeros de militancia. Pero por supuesto, de vez en cuando tiene que contactarse con extraños, cuando va al médico o hace las compras. Entonces, en esos casos, aprovecha para profenderse a sus anchas: “Discúlpeme, carnicero, yo no soy un ‘campeón’. Me está insultando cuando me dice ‘¿qué vas a llevar, campeón?’, porque muestra que es parte de una cultura de la competencia, en la que es importante ser campeón en algo. Y a mí no me interesa competir. Eso sí, déme los mejores bifecitos de lomo que tenga”.

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Poiastenia

Posted by jorgemux en diciembre 4, 2012

(Sustantivo. Del griego poíesis = creación, producción y astenés = débil. También puede aceptarse la variedad poestenia)

1. Sensación de que no se está haciendo un trabajo verdaderamente inspirado.

No importa si se trata de una producción literaria, una clase sobre matemática financiera o un pastel de papas: a veces sentimos que no lo hemos hecho como correspondía, aun cuando otros (los lectores, los alumnos, los comensales) nos digan que el producto de nuestro trabajo les pareció muy bueno. Solemos recordar otros días en los que estábamos inspirados, pero hoy nos sentimos creativamente débiles, con la imaginación paralítica y la voluntad lisiada; como si las ideas y las acciones no fluyeran con facilidad.
Cuando hay poiastenia, la calidad de nuestros pensamientos parece insalvablemente baja.

Hay situaciones en la vida que son poiasténicos por naturaleza: El estrés y las preocupaciones conllevan a una pérdida en el entusiasmo, la cantidad y la calidad de acciones creativas y fértiles.

La poiastenia en la acepción 1 es una sensación, de modo que pertenece al terreno subjetivo. Sin embargo, en la segunda definición de este término podemos encontrar un tipo de poiastenia objetiva o menos subjetiva:

2. Cualidad de un objeto cuya factura y terminación son defectuosas o poco trabajadas

A veces los productos de góndola bajan la calidad de su manufactura. En esos momentos comenzamos a advertir pequeñas mezquindades que influyen en el aspecto, el sabor, el color, la terminación o las funciones de dicho producto. Es así que las papas fritas, que fueron tan buenas y sabrosas cuando recién salieron al mercado, ahora traen poca cantidad -sufren empoquetamiento-, ya no tienen tan buen sabor ni son tan crujientes. El producto ha sufrido poiastenia: una poiastenia intencionada, dirigida con el solo fin de empeorar la manufactura sin sacrificar rédito. Esto mismo puede ocurrir con todo producto en serie de mercado.
En otros contextos, se dice que existe poiastenia en un producto artesanal que ya no tiene el mismo nivel de detalle que otros productos del mismo diseño. Por ejemplo, un tejedor artesanal que en sus primeras creaciones elaboraba suéters con variados y finísimos dibujos de colores, y luego, en creaciones posteriores, decide no incluir esos dibujos o, de incluirlos, los hará de manera basta y grosera. O un constructor de viviendas que, cuando recién inicia su vida laboral, entrega sus trabajos después de asegurarse de que quede todo limpio, pero a medida que pasa el tiempo y va adquiriendo experiencia ya no se interesa tanto por el aseo ni los escombros que quedan. Estos dos ejemplos dan a entender una falencia común a muchísimos seres humanos: la elaboración de un determinado tipo de producto tiende a volverse más poiasténica a medida que pasa el tiempo.

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