Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘H’ Category

Hipernatividad

Posted by jorgemux en diciembre 3, 2013

(Sustantivo. De hiper y natividad)

Precocidad y exceso de iconografía navideña.

Muchos hogares y comercios ya a principios de noviembre padecen un repentino estallido de luces navideñas, guirnaldas, árboles, papanoeles y musiquitas estridentes. Sobreabundan el plástico y el brillo. Cualquier espacio vacío es rellenado con algodones, borlas, pesebres, piñas con gibré y luces intermitentes. En muchos casos se observa un marcado contraste entre la austeridad habitual en la decoración y el profuso, abigarrado y chillón ornamento de fin de año. A contramano de cualquier criterio estético (y quizás religioso), cada rincón y situación es convertido en motivo navideño. Se entregarán servilletas con dibujos de trineos. Las bolsitas dirán “felices fiestas”. Los empleados llevarán un gorro rojo y blanco. Los vidrios y las paredes serán decorados con una guarda de papá noel y renos. En cada vértice o rincón habrá un árbol navideño o un pesebre. Las lámparas se cubrirán con cartulina verde en forma de estrellas, papel crepe rojo o guirnaldas. Del cielo raso deben colgar borlas gigantes o campanas. Aun a riesgo de un falso contacto o de electrocución, las luces de colores deben formar complicados dibujos o trazar todos los contornos y circuitos posibles.
La hipernatividad suele extenderse hasta fines de enero. Después de esa fecha, por pereza, algunos adornos no serán quitados: en muchos casos vemos en pleno junio guirnaldas y luces apagadas y polvorientas, un poco ocultas entre los productos para el día del padre y las ofertas de vacaciones de invierno. Estarán allí, todo el año al acecho, a la espera del caluroso noviembre cuando les toque atacar con estridencia y mal gusto.
Muchas veces la hipernatividad provoca un sentimiento de alegría y bienestar, a pesar del exceso. La experiencia estética no es negativa: está cargada de afectos y nos recuerda a los momentos buenos de la infancia, cuando todo lo brillante era mágico y cuando Papá Noel existía de verdad.

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Horipscélera

Posted by jorgemux en junio 25, 2013

(Sustantivo femenino. Del latín horae = horas; ops = fuerza y celeris = rápido) 

Fuerza que se realiza para que el tiempo pase más rápido.

Para muchas personas, una larga espera es una prueba de resistencia física. Creen que la cola va a ir más rápido, o que los médicos atenderán raudamente al resto de los pacientes, o que las horas se sucederán en tropel si tensionan los músculos de su abdomen, sus piernas, sus brazos y su cuello. Sospechan que de tanto mirar las agujas de un reloj, lograrán que se muevan más veloces. Asumen que el tiempo está hecho de materia, y que puede moverse o acelerarse del mismo modo que se mueve un bloque pesado y molesto: empujándolo con tracción a sangre hasta extenuarse. La horipscélera hace que una espera tranquila se convierta en una vivaz tortura física. 

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Homomelia

Posted by jorgemux en enero 1, 2013

(Sustantivo. Del griego homóios = igual y méllon = futuro. Adjetivo: homomélico)

Creencia según la cual en el futuro lejano las costumbres humanas seguirán siendo muy parecidas a las actuales. 

Las buenas historias de ficción especulativa nos presentan futuros en los que las personas han modificado gran cantidad de hábitos con respecto al tiempo desde el cual escribe el autor. En principio, cualquier suceso que ocurra trescientos o cuatrocientos o cinco mil años en el porvenir debería ser indescifrable: deberían haber cambiado radicalmente las motivaciones, el entorno, el idioma, los objetivos y los conocimientos de las personas. Quizás perviva alguna costumbre actual, pero necesariamente tendrá cambios profundos en su ejecución. ¿Seguiremos tomando mate los argentinos y uruguayos dentro de tres siglos? Esta pregunta es casi incontestable: quizás ni Argentina ni Uruguay existan en trescientos años. Pero, más fundamentalmente, quizás lo que hoy llamamos “mate” se haya convertido en algo diferente y ya no se lo llame así. Quizás la yerba se habrá modificado lentamente hasta convertirse en otra cosa. Quizás la costumbre de pasar de mano en mano se suprima. De modo que cualquier costumbre actual, por muy arraigada y tradicional que parezca, puede desaparecer o convertirse en algo irreconocible. El homomélico, sin embargo, tiene cierto chauvinismo cronológico mezclado con una falta de imaginación: asegura que todo lo que se hace ahora, se hará de modo similar en el futuro. Cree en consignas folklóricas que contienen un romanticismo de telenovela: “El tango es eterno”, “Tomar mate es parte de nuestra esencia; nunca vamos a dejar de hacerlo”. Supone, sin mucho fundamento, que el presente es un modelo de todos los tiempos posibles. Si hoy la gente tiene computadoras con pantalla táctil, él piensa que esa es una característica adquirida universal que se transmitirá al futuro sin modificación de ningún tipo. Por eso, piensa que en quinientos años habrá computadoras y tendrán pantalla táctil. Lo mismo imagina de cada hecho humano: si hoy nos bañamos en una ducha, no ve ninguna objeción para especular con que en mil años las personas seguiremos duchándonos con agua cayendo de arriba para abajo. Si hoy nos cortamos las uñas con alicate, el homomélico piensa que en diez mil años haremos lo mismo.
Existe un paralelo al homomélico: el homotópico. Si bien la palabra homotopía está definida en matemáticas, podemos agregarle una acepción que etimológicamente es afín a la de homomelia. La homotopía es la creencia según la cual en otras partes del mundo (actual) las costumbres son más o menos similares a las de la región donde nacimos. En este caso, el homotópico cree que, si los argentinos tomamos mate, en cualquier país del mundo existe esa costumbre con ciertas modificaciones, pero esencialmente similar.

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Hiperfótera

Posted by jorgemux en febrero 17, 2012

(Sustantivo femenino. Del griego hiper = superioridad, exceso; fós = luz y aíter = aire puro que respiran los dioses)

Luz que escolta a Dios cuando se aparece frente a las criaturas. 

La divinidad se presenta con estruendo y magnificencia. Muchas veces es acompañada por una luz cegadora, más diáfana y poderosa que el sol. Esa luz es el entorno fenoménico del dios, creado por él mismo para que las criaturas no lo miren directamente al rostro ni le sostengan la mirada.
A veces miramos al cielo y entre los intersticios de las nubes se cuelan rayos de sol potentes y majestuosos, y creemos que Dios aparecerá por fin a revelarnos los secretos del universo. Desde luego, no lo hace, y esos rayos de luz no pueden compararse con las auténticas hiperfóteras.
Horas e incluso días después de haber observado una hiperfótera, la criatura siente una calma infinita, una placidez interminable y un regocijo pleno. De hecho, es común que la hiperfótera sea más recordada que el propio dios o sus palabras.

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Horizorexia

Posted by jorgemux en diciembre 21, 2011

(Sustantivo. Del griego horizónta = línea del horizonte y oréxis = apetito, hambre)

Necesidad de un panorama amplio y espacioso donde poder mirar a lo lejos. 

Los habitantes de las grandes urbes suelen quejarse de la desaparición del horizonte por culpa de las construcciones apretadas. Apenas pueden vislumbrar un trozo recortado y aleatorio de cielo, porción que incluso está sujeta a ulteriores y caprichosos cercenamientos. El hombre urbano encuentra su mirada bloqueada por la solidez opaca, ortogonal y superpuesta del paisaje edilicio. Su vista nunca puede perderse a lo lejos: añora convertirse en un erémoro, alguien cuyos ojos jamás se posan en las inmediaciones mundanas. A partir de esa modesta imposibilidad (ver el horizonte a sus anchas), siente que su espíritu está aprisionado y sospecha que le ha sido obturada una posibilidad maravillosa de su propia naturaleza. El horizonte lejano y un paisaje monótono otorgan la sensación de infinitud y magnificencia. La disposición amontonada de paredones y torres, en cambio, despierta una ligera desesperación y un suave estado depresivo.

La horizorexia es pariente de la agororexia (Del griego ágora = espacio abierto) y de la eremorexia (Del griego erémos = desierto). La agororexia es la contrapartida exacta de la agorafobia. En cierto modo, el claustrofóbico es un agororéxico.

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Huoquitoqui

Posted by jorgemux en septiembre 1, 2011

(Adjetivo y sustantivo. De la fonética de la voz inglesa “walkie talkie“, transmisor – receptor portátil)

Dícese de quien habla moviéndose a través de varios ambientes sin tener en cuenta la distancia, el volumen o el ruido. 

Muchas personas dialogan mientras realizan las tareas hogareñas; van de la habitación al baño, del baño al lavadero y del lavadero al patio del fondo. No se dan cuenta de que su interlocutor está sentado sobre el sofá, o trabajando en la computadora del estudio, o se está duchando y en algún momento ya no pueden oírlas. Sin embargo, no se inmutan: continúan con su relato sin levantar el volumen ni hacer pausas, sin importarles que desde mucho rato antes están hablando solas. A los huoquitoquis hay que seguirlos por toda la casa, porque cuando descubren que nadie los oye se sienten ofendidos.  Si les decimos “no puedo escucharte”, nos pedirán que abandonemos nuestro lugar puntual para peregrinar junto a ellos a lo largo de la casa.
El término se aplica, también, al caso contrario: al que habla desde un punto fijo mientras su interlocutor tiene que moverse por las actividades que realiza. Por eso, necesitamos exponer la definición complementaria:

Dícese de quien habla desde un lugar puntual sin tener en cuenta que su interlocutor se está moviendo a través de varios ambientes y no puede oirlo.

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Hilaricordia

Posted by jorgemux en agosto 27, 2010

(Sustantivo. Del latín hilaritas = expresión de risa y alegría y cor = corazón. Adjetivo: hilaricorde )

Si la misericordia es la disposición a sentir el dolor de los demás, la hilaricordia refiere a la capacidad de entender o encontrar humor en las expresiones ajenas, aun cuando estuvieran camufladas bajo una apariencia seria y flemática, o aun cuando el hablante no tuviera la intención de decir algo divertido.

Si una persona no entiende una sucesión de chistes, o es incapaz de interpretarlos como tales, está demostrando que no tiene hilaricordia. La tiene en gran medida, sin embargo, si interpreta a cada palabra como un acto gracioso, aunque en este caso también tiene una gran estupidez.
El mejor hilaricorde es quien puede detectar chistes o bromas que no están hechas para que él las entienda y que, además, es capaz de retrucarlas o seguirlas. El hilaricorde es un gran hermeneuta de los gestos, palabras e intenciones humanas, aunque su arte se restringe a lo puramente cómico.

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Homoscopía

Posted by jorgemux en agosto 13, 2010

(Sustantivo. Del griego homóios = igual y scopeúo = observar, mirar. Adjetivo:  homoscópico)

Medida de los límites entre la heterosexualidad y la homosexualidad. 

La homoscopía es una popular disciplina que suelen practicar sin descanso algunos hombres que se consideran a sí mismos heterosexuales con el objetivo de detectar a quien, consciente o inconscientemente, se comporta de acuerdo al estereotipo del homosexual. La finalidad de esta disciplina consiste en instruir a otros heterosexuales para estar en guardia ante posibles seducciones por parte de quien ha sido calificado como gay. El homoscopista (quien practica la homoscopía) presume de conocer cuáles son las actividades y las actitudes que debe cumplir un hombre o una mujer para que no sean considerad@s homosexuales, y está convencido de que existe un rango de cercanía y lejanía con respecto a la inversión sexual: hay actitudes “más” o “menos” gay, como si hubiera una línea taxativa que separa ambas elecciones de vida, y como si uno pudiera estar a distancias variables de esa línea. Las palabras “Trolo” y “Torta” son parte frecuente de su caudal semántico, y por lo general su veredicto consiste en calificar a otros con esos u otros términos similares: “Lavar el auto en cueros es de trolo“; “Una mujer que depila modelos es torta“. Aun cuando no necesariamente esté preocupado por su propia apariencia o actitud, el homoscopista desarrolla una grosera, prejuiciosa y erróna pero omnipresente disposición para descubrir rasgos homosexuales en otras personas. Un gesto, una sonrisa, un ademán, una prenda, una mirada: todo es escudriñado, calificado y clasificado con la vara homoscópica, y de todo se puede inferir qué tan lejos o tan cerca se está de la temida línea.
La escala de valores homoscópica no puede sistematizarse en una clasificación coherente. Al homoscopista puede parecerle “más de gay” casarse con una musculosa fisicoculturista de voz gruesa que tener relaciones frecuentes con un travesti angelical y femenino. A su vez, cree que los hombres ligeramente afeminados (pero heterosexuales) son “más homosexuales” que los homosexuales no afeminados. La bisexualidad, para él, no entra en su rango de análisis: el bisexual es, según su criterio, claramente homosexual, y sólo tiene relaciones heterosexuales con el único perverso objetivo de confundir a los homoscopistas. El bisexual, según su terminología, “atiende por las dos puertas”. Un homoscopista no se privará de averiguar “por cuál puerta atiende más seguido”, para poder elaborar un juicio mucho más certero con respecto a la distancia cuantitativa a la que se encuentra en la línea divisoria.

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Hímano

Posted by jorgemux en julio 7, 2010

(Sustantivo y adjetivo. Del latín hic = aquí y  maneo = quedarse, permanecer)

Objeto que no trasladamos con nosotros en una mudanza.

Hay algunas cosas que no son propiamente basura, pero al momento de una mudanza decidimos que no se vayan con nosotros al nuevo lugar. La lona sucia que hacía de techo en el patio del fondo, se queda ahí. Los ladrillos que sostenían la parrilla, quedan puestos en el mismo lugar donde hicimos decenas de asados. Colecciones de cajas, bolsas, botellas y frascos van a una bolsa de consorcio y se dejan en la calle. Ciertos adornos y enseres se regalan a amigos.
A veces, convertimos en hímano a un objeto que en verdad desearíamos llevar con nosotros, pero por cuestiones de espacio, comodidad, reglas de convivencia del nuevo lugar o dificultad para transportarlo decidimos no hacerlo. El enorme sillón tal vez no entre en el nuevo departamento; el perro tal vez no esté permitido y el placard que está empotrado en la pared demandaría mucho trabajo para quitar y transportar.
Nunca es posible predecir cuáles objetos se van a convertir en hímanos el día que nos mudemos.

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Horosicio

Posted by jorgemux en mayo 4, 2010

(Sustantivo. Del griego horáo = ver y sitos = alimento)

Inapetencia causada por ver o por manipular comida. 

Es sabido que los heladeros están hartos del helado, y que los kiosqueros no desean atragantarse de golosinas. Las tentaciones duran poco tiempo, y llega un momento en que la sola visión de un cucurucho o un alfajor provoca hastío e incluso náuseas. Esto mismo puede extenderse a todo tipo de trabajo con alimentos. Los cocineros llegan a odiar el pollo a las hierbas; los empleados de Mac Donalds aborrecen la Big Mac y los panaderos terminan detestando las mediaslunas. Todos estos son casos de horosicio.
Sin embargo el término se aplica con propiedad a otro tipo de situaciones, más aleatorias. En todos los casos mencionados arriba la comida tiene una fuerte relación con el ámbito laboral. El horosicio, en este sentido más preciso, consiste en ese hartazgo que provoca oler, pelar, hervir, cortar y luego servir un alimento. El contacto tan íntimo entre el cocinero y el plato quita todo deseo de comer ese plato. Por eso, quienes sufren de horosicio sólo comen lo que prepara otro, pero pierden por completo el apetito si son ellos mismos quienes preparan el plato.

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