Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘F’ Category

Falleciucho

Posted by jorgemux en noviembre 1, 2013

(Adjetivo. De fallecido y terminación -ucho)

Dícese de la persona que se ha recuperado parcial y defectuosamente de una enfermedad. 

El falleciucho se encuentra debilitado, enflaquecido y su aspecto no es el de quien ya le ha ganado a su padecimiento, sino el de un moribundo. Los médicos y los análisis dicen que todo va bien, pero el rostro demacrado, la languidez de sus movimientos, la irreconocible voz de ultratumba y la palidez de su piel parecen decir lo contrario. El falleciucho malamente sobrelleva las consecuencias de su enfermedad y, a pesar del optimismo de los médicos, tenemos la firme intuición de que no va a durar mucho. Es que, además de su aspecto externo, el falleciucho ha cambido de personalidad. Ya no es el ejecutivo dinámico, el profesor locuaz o el padre que juega al fútbol con sus hijos: ahora es un espectro que no puede moverse con rapidez; casi no habla y no tiene fuerzas para perseguir una pelota. Su vida mental se reduce a obervaciones puntuales sobre hechos concretos: parece que no soñara, no razonara, no creyera o no deseara. Es como si hubiera perdido su alma; un zombie que se hizo zombie sin haber pasado por la instancia de la muerte.

Para volverse un falleciucho no hace falta que la enfermedad a medias superada haya sido importante. Un resfrío prolongado o una tos persistente pueden convertir al más lozano en un falleciucho. A veces, claro, el falleciucho termina falleciendo y por lo general, en estos casos, la causa es la morboncha.

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Frivocación

Posted by jorgemux en febrero 28, 2013

(Sustantivo. Del latín frivolus = vano, fútil y vocatio = llamado, invocación)

Utilización de la plegaria para propósitos banales. 

Se supone que el creyente puede pedirle a Dios que guarde su alma, que bendiga a sus familiares y amigos y que perdone a las personas que cometen acciones malas. Quizás tenga permitido rogarle por una enfermedad, por un reencuentro largamente esperado o por hallarle un nuevo sentido a la vida. Tal vez le pueda pedir un trabajo (si no lo tiene), una casa (si ya no puede pagar el alquiler) y algo de comida. Es dudoso que se lo pueda invocar para que nos apruebe el examen o para que el perro de la vecina deje de morder a nuestro hijo.  Pero suplicarle para que nos alcance la botella que está en la cocina, o para que el botón del pantalón deje de apretarnos; o rezar frenéticamente para que desaparezca una mosca o para que el kiosco todavía no haya cerrado, parecen formas excesivamente ramplonas de comunicarse con Dios. Son frivocaciones, las cuales sin duda, configuran una forma de malgastar las súplicas. Y si estas son insistentes y muy banales, se corre el riesgo de enojar a un dios quisquilloso. Aunque quizás, de tanto insistir, el dios -enojado- podría presentarse y otorgarnos el pedido, de mala gana, con el solo propósito de que ya no lo molestemos: “¡Tomá, pelotudo, te enfrié la cerveza, ahora dejame de joder!”. Si esto ocurriera, se habría logrado una pragmafanía.

Claro que se podría elaborar el razonamiento inverso: si Dios (que todo lo ve, lo oye y lo hace) no tiene la voluntad de hacer que desaparezca una manchita de grasa en mi pantalón, ¿cómo puedo pedirle que le dé sentido a mi vida o que libere a la humanidad del cáncer?

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Femóbalo

Posted by jorgemux en diciembre 17, 2012

(Adjetivo. Del griego phemí = decir y ballo = arrojar)

Dícese de la persona que comienza un enunciado y le pide a otra que lo continúe y lo termine. 

El femóbalo empieza a contar una historia pero, por temor a no decir los detalles exactos, se excusa pasándole la palabra a quien supuestamente está mejor autorizado para contarla. “Ayer estuve con Carlitos en Parque Chacabuco y nos encontramos una billetera. Pero que te cuente Carlitos lo que pasó…“, dice el femóbalo señalando a Carlitos, quien está presente pero no tenía la mínima intención de relatar ese suceso. A veces, el hecho relatado es tan escabroso que aquel a quien le arrojan el discurso se siente incómodo y no sabe cómo eludir la atenta expectativa que generó el femóbalo en el auditorio: “¡A que no saben lo que le pasó a Raúl…!  ¡Raúl, vení, contá, no seas tímido!“. Y Raúl cuenta su vergonzosa historia: “Ayer me pegué un martillazo en los testículos“. A veces -este caso es de los peores- el femóbalo genera una expectativa incómoda y decide sacarse de encima esa responsabilidad pasándole la posta discursiva a otro de los presentes: “Los balances de la empresa no dieron bien; la verdad es que estamos en rojo y no sé si podemos seguir el año que viene. Vamos a tener que despedir a algunos de ustedes. Pero yo no entiendo mucho de eso, así que Marita les va a explicar quiénes no tienen que venir después de año nuevo

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Flavilabar

Posted by jorgemux en octubre 26, 2012

(Verbo intransitivo. Del latín ex flavo = del amarillo y elabor = escapar. Adjetivo: flavílabo)

Apurar la marcha de un vehículo durante muchas cuadras ante la inminencia de la luz amarilla en cada semáforo

Cuando los semáforos de una calle están coordinados, podemos esperar que a cierta velocidad encontraremos luz verde en cada esquina. Pero si al acercarnos a una de ellas nos intercepta el amarillo, debemos aumentar la velocidad para que en las siguientes esquinas no nos pase lo mismo: cuando el amarillo nos intercepta en una esquina, lo hará en todas, y nos vemos obligados a flavilabar. Algunos días la luz amarilla nos persigue en todos los semáforos. A veces, ese amarillo se convierte en un culposo rojo justo cuando estamos atravesando el cruce. Durante esos flavílabos días tenemos una ligera sensación de que estamos viviendo al límite.

El término sólo se aplica cuando la luz amarilla precede a la roja, no cuando antecede a la verde.

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Foborexia

Posted by jorgemux en septiembre 19, 2012

(Sustantivo. Del griego phobós = temor y orexis = apetito, hambre)

Necesidad de tener miedo. 

Las personas que disfrutan de películas de terror, de historias -supuestamente verídicas- sobre fantasmas o de sus propias pesadillas, tienen foborexia.  El foboréxico camina a oscuras, en soledad, por un cementerio. O se muere de miedo al pensar en la horrenda criatura que lo acecha desde adentro del placard. O hace caras horrorosas frente al espejo para espantarse a sí mismo. O se mete en el galponcito del fondo, en mitad de la noche y sin linterna, donde se ahorcó el tío después de haber visto un fantasma.

Desde otro punto de vista, este término puede aplicarse a los casos en los que las personas buscan una excusa para tener miedo, aun cuando no disfrutan de ese miedo autogenerado. La foborexia nace de una necesidad por encontrar peligros y asechanzas en casi cualquier aspecto de la vida. El foboréxico teme salir a la calle, porque lo pueden robar o atropellar. Teme encender la hornalla, porque escuchó que a un vecino le explotó la cocina. Teme comprar por internet, porque lo pueden estafar. Teme comer un asado, porque podría morir de colesterol alto. Estos temores serían simples paranoias, de no ser porque el foboréxico siente cierto grado de adrenalina al imaginar los hechos negativos que podrían ocurrirle.

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Falicálido

Posted by jorgemux en junio 6, 2012

 (Del latín fallax = impostor, falso, hipócrita y callidus = astuto)

Persona a la que se considera inteligente aun cuando jamás ha demostrado serlo.

A veces estamos seguros de que un amigo es muy perspicaz, astuto y avispado. Pero continuamente escuchamos (y a veces corroboramos) de él historias como estas: “Roberto es un tipo muy inteligente; qué raro que haya desaprobado el examen elemental de álgebra (siendo que él es profesor de álgebra)”; “Mirá vos, Roberto se agarró a trompadas con el ferretero porque la caja de clavos traía noventa y nueve, no cien. Él, que es tan inteligente, tomando esas actitudes”. “A Roberto lo engañó su mujer durante veinte años; incluso encontró a su amante desnudo en el lavadero, pero creyó que era el plomero. Qué raro, cómo cayó Roberto, y eso que es un tipo inteligente”. “A Roberto le dijeron que había ganado un concurso de belleza, pero para darle el premio le pedían quinientos dólares, y él los pagó. Increíble, alguien inteligente como el Rober, lo agarran en esa”; “Roberto perdió un partido de truco y se puso a gritar que le hicieron trampa. Una persona tan inteligente, llorando porque el azar no lo favorece”. “Mirá, Roberto, que es tan inteligente, sin embargo me manda estos mails en cadena con power points sobre gatitos”; “Qué raro, Roberto es inteligente, no sé cómo apoya al partido neonazi ‘Los Judíos A La Hoguera'” La conclusión bastante palmaria debiera ser: Roberto no es inteligente, es un pobre estúpido. Sin embargo, tal vez por algún hecho afortunado de su pasado, o quizás porque su entorno lo ensalzó de manera incorrecta, todo el mundo concuerda en que Roberto tiene una gran lucidez y es prácticamente un superdotado. Ante cada acto de su vida, Roberto se comporta de modo torpe, irascible, violento y nocivo; pero alguna vez nos hizo creer que detrás de esa fachada biliosa hay alguien que “piensa distinto” o que “resuelve las cosas” de una manera inesperada y lateral: “Roberto, cuando sale de su casa, deja la puertaabierta de par en par, así los ladrones no entran porque piensan que hay alguien”. “Él juega al ajedrez de otro modo, por eso pierde; pero está tratando de imponer su nueva técnica”. “Dejó de estudiar pintura porque está más allá de eso; estuvo tratando de inventar una nueva vanguardia artística hasta que, harto de no ser reconocido, quemó los caballetes y se hizo camionero. ¡Pero no sabés qué camionero! El tipo está diseñando una nueva manera de andar por las rutas manejando con el pensamiento. Y sí, ya chocó varias veces, pero sigue intentando. Es un genio”

Los falicálidos están en todas partes. Aunque la mayoría de las veces son repudiables, sin embargo hay que concederles un gran mérito: no es fácil, para un estúpido, andar por el mundo haciendo creer a los demás que se es un genio. De hecho, solo por ese logro debemos suponer que no es tan estúpido como parece.

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Fronfón

Posted by jorgemux en agosto 3, 2011

(Sustantivo masculino. Del griego phroneó = pensar y -phonos = sonido. Plural: fronfonos)

Ruido que realiza la computadora cuando está trabajando su disco rígido. 

El fronfón es el sonido que hace el ordenador “cuando piensa”. A veces, el fronfón va acompañado de un ralentizamiento o incluso un bloqueo completo de las funciones. Desde luego, un fronfón no implica que la computadora esté haciendo un proceso análogo al del pensamiento, aunque resulta llamativo y sugerente el hecho de que el sonido se escucha cuando se le da a la computadora una orden de ejecución complicada, o cuando “su mente” parece quedar atrapada en algún bucle.
Los fronfones son tipos de tecnomatopeyas.

¿Es posible que el pensamiento humano y animal generen algún tipo de (normalmente inaudible) sonido? Si esto fuera así, nuestra mente estaría generando fronfonos y es plausible que alguien, con un instrumento adecuado para amplificar el sonido y cierta práctica, pudiera descifrar el trajinar de nuestros pensamientos.

(He leído que una persona escuchaba un “flush flush” cada vez que se concentraba en algo. Eso era porque en su cabeza tenía vasos sanguíneos inusualmente grandes, y trabajaban con más fuerza mientras pensaba. Si esto es cierto, estamos ante un caso humano de fronfón)

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>Fultícodo

Posted by jorgemux en junio 17, 2011

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(Sustantivo. Del griego phaulós = defectuoso; tyché = suerte, destino y hodos = camino)

Capacidad de obtener un buen resultado después de haber aplicado mal un procedimiento.

Si una persona lava sus fuentes de teflón con abrasivos y viruta de acero, y a pesar de ello la fuente queda impecable y sin rayaduras; si cuando estudia para el examen final se queda dormido al leer la primera página de sus apuntes de clase y, a pesar de ello, aprueba; si lleva una vida pecaminosa sin arrepentimiento ni conciencia, y a pesar de ello su alma se despierta en un inesperado cielo, se dice que ha cometido  fultícodos. Cada vez que, por torpeza, necedad, nerviosismo, apuro, negligencia o simple maldad no damos los pasos necesarios pero, a pesar de eso, se logra el resultado deseado, se comete un fultícodo.

A veces, los hechos salen imprevistamente bien a pesar de no haber puesto manos a la obra en su ejecución o, incluso, habiendo atentado contra el resultado. A veces el resultado parece inducido, precisamente, por nuestra acción negativa. Después de dos días feriados, desearíamos no tener que ir a trabajar al tercer día. Entonces decidimos faltar; ya tendremos todo el día para elaborar un pretexto. Cuando llamamos, bien tarde, para excusarnos aduciendo una rara enfermedad, el operador nos alerta: “Pero hoy no había que venir a trabajar… Es la pascua hindú; ¿No sabías que el jefe es hindú?“: He ahí un fultícodo.

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>Flecomado

Posted by jorgemux en marzo 17, 2011

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(Adjetivo. Utilízase sólo en femenino. Del latín flecto = doblar, girar y commeatus = tráfico de vehículos. Antónimo: aflecomado)

Esquinas de los cruces de las calles por las que doblan los automóviles.

Cuando dos calles perpendiculares de una mano se cruzan, en las cuatro esquinas de ese cruce ocurrirán indefectiblemente las siguientes combinaciones: en dos de esas esquinas, los vehículos doblarán y dificultarán el cruce de los peatones; en dos de ellas, los autos no doblarán. Las esquinas por las que pueden doblar los automóviles se denominan flecomadas; serán aflecomadas en el caso contrario.
La ilustración sirve para interpretar el uso de este concepto. Obsérvense los autos rojos. Dada la dirección que llevan, en el cruce sólo podrán doblar hacia su derecha, pero no hacia la izquierda. Eso implica que el cuadrante derecho superior es flecomado: si un peatón decide cruzar la calle perpendicular, debe observar no sólo que no vengan autos verdes, sino también que no esté doblando un automóvil rojo. A su vez, los automóviles verdes sólo pueden doblar hacia la izquierda, y esto implica que la esquina que está en el cuadrante inferior izquierdo sea peligrosa para los peatones: deben observar no sólo que no pasen autos rojos, sino también que no doblen autos verdes, y por lo tanto es flecomada. Pero las esquinas superior izquierda e inferior derecha son aflecomadas: en esas esquinas se puede cruzar si no vienen vehículos, y no hay que precaverse de que pueda doblar imprevistamente un automóvil que viene por el carril perpendicular.

Siempre es más seguro cruzar a través de una esquina aflecomada que a través de una flecomada. En las esquinas aflecomadas basta con observar el semáforo para saber si vienen vehículos o no. En las flecomadas, en cambio, es necesario mirar si un conductor va a doblar para cambiar de calle.

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Fonámbulo

Posted by jorgemux en septiembre 2, 2010

(Adjetivo. Del griego phonos = sonido y del latín ambulo = deambular)

1. Quien deambula cuando habla. 
2. Quien deambula cuando habla por teléfono celular. 

En ambos casos, el fonámbulo se mueve de manera errática o circular y no fija la mirada.

(El comentario de Dormidano agrega una gran riqueza semántica a este término: 

“Muchas veces el fonámbulo quiere graficar su propia importancia en la cadena productiva dado el uso intensivo del teléfono celular, por eso, aparenta estar enfrascado en la charla pero de vez en cuando echa una mirada subrepticia sobre sus semejantes a los efectos de verificar si lo están mirando o apreciando”)

(Aprovecho para recomendar especialmente su impecable y excelente blog, una de mis lecturas de cabecera)

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