Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘D’ Category

Dalequeísmo

Posted by jorgemux en febrero 6, 2014

(Sustantivo. De la expresión “dale que”)

Hábito de inventar situaciones y roles mediante el uso de la expresión “dale que”

Los niños en sus juegos utilizan el dalequeísmo como una llave para recrear mundos posibles e incluso imposibles. “¿Dale que teníamos un hermanito, y que el hermanito era de aire¨?”, propone una niña. “Sí, ¿y dale que nosotros éramos los ponies de Ponyville?”. “Sí, ¿Y dale que mi habitación es Ponyville?”. El dale-que es una herramienta creadora; instaura aquello que propone como si fuera un imperativo. No dice “Es posible que estemos en Ponyville”. No dice “Hay un mundo posible y en ese mundo posible somos ponies”: el verdadero dalequeísmo convierte a esta realidad presente en otra mediante una función (fusión) lingüística.
Algo importante en el dalequeísmo es el diálogo y el consenso. El dalequeísmo no puede darse en soledad: debe haber alguien a quien preguntarle.  A cada pregunta de dale-que, debe suceder una respuesta afirmativa o correctiva: “Dale, pero estamos en Ponyville de noche, y hay un arco iris”. Pero sin la respuesta, el dalequeísmo se queda trunco, sin materialización completa. La intersubjetividad parece una condición necesaria para que el lenguaje traiga otros mundos a esta casa.

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Disprofasia

Posted by jorgemux en septiembre 17, 2013

(Sustantivo. Del griego dis = con dificultad y profáse = pretexto)

Incapacidad para poner excusas.

La mayor parte de nuestros compromisos no fueron adquiridos con entusiasmo y mediante una decisión firme: casi siempre, caemos en obligaciones indeseadas por culpa de nuestros tibios escrúpulos y de una imaginación pobre. Si una persona apenas conocida nos pide que pasemos la única tarde libre ayudando a servir las masitas en un bingo a beneficio de una iglesia, lo primero que debemos hacer es tener a mano un pretexto aceptable. La única respuesta que querríamos dar es: ¡Nunca! ¡Jamás pasaría mi único día libre encerrado en una salita de barrio sirviéndole té a ancianas cogotudas y chupacirios! Pero claro, no podemos decirlo así porque (vaya tragedia) el casi desconocido se ofendería. Buscamos y buscamos una buena razón, pero tenemos la mente en blanco. El casi desconocido insiste: “¡Dale! ¡Es para ayudar a la iglesia!” y terminamos diciéndole que sí, que estaremos ahí a la hora en punto. Ese es el proceso de la disprofasia: usted no se atreve a rechazar; siente una ligera culpa por negarse y de inmediato se compromete a hacer algo que aborrece. Lo peor de todo eso es que, en el momento en que dice “sí, acepto”, lo hace con expresión de alegría y euforia, como si realmente le interesara.
Desde luego, a veces no se nos ocurre una excusa adecuada y decimos cualquier cosa inverosímil: “No puedo, tengo que cambiarme la pierna”, o “Justo ese día tengo que bañar a los chanchos”. Si esa excusa funciona, ya no habríamos caído en la disprofasia, pero sí en el empoquetamiento (en su segunda acepción).

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Disaccesibilidad

Posted by jorgemux en julio 31, 2013

(Sustantivo. De dis y accesibilidad)

Incapacidad de tener a mano elementos que debieran estar accesibles. 

Un teléfono celular tiene funcionalidad si se lo mantiene cerca y si se lo puede atender sin complicadas operaciones. Pero algunas personas lo guardan en el bolsillo interno de un bolsito que dejaron en una percha en el placard debajo de una campera. De modo que, cuando suena, hay que sortear todos esos obstáculos para atenderlo. Algo similar ocurre con el dinero: hay quienes, al momento de pagar, rebuscan entre bolsillos (formiciándose) o carteras o portafolios para dar con alguna tarjeta o billete o moneda (lo que se encuentre primero) mientras la cola de la caja se hace más prolongada e impaciente.
Por culpa de nuestra tendencia a la disaccesibilidad, dejamos los anteojos, el control remoto, las llaves del auto, el encendedor, el termómetro, el número de teléfono de la pediatra, los calzoncillos, el paraguas, la llave de corte general, las velas y las servilletas, en algún receptáculo dentro de otro receptáculo para el cual hay que emplear llaves que están en otro lugar al que solo se ingresa si se tiene una clave que dejamos en un papel dentro del bolsillo de un pantalón que está en el canasto para lavar ropa, canasto que tiene varios pantalones iguales y que no está en el lavadero, sino en el galpón del fondo donde hay una araña enorme que pica, araña que no podemos matar porque no podemos sacar el insecticida que quedó en una alacena de la cocina que se trabó porque tiene las bisagras oxidadas.  

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Desenerar (se)

Posted by jorgemux en enero 16, 2013

(Verbo intransitivo. De des– y enero)

Quitarse la posibilidad de disfrutar del mes de enero.

En el hemisferio sur, enero es sinónimo de calor, playas, piletas de natación, refrescos y, en muchos casos, vacaciones. Por lo general, las actividades pesadas se postergan para meses menos bochornosos. Se privilegia lo recreativo por sobre lo laboral. Pero si alguien, durante el primer mes, se compromete con un trabajo o un estudio a conciencia que no le permite resquicios para disfrutar de los placeres de enero, se dice que es un desenerado, o que esa persona (en un uso transitivo del término) ha desenerado su año.
Para calificar como “desenerada”, la persona afectada no debería tener acceso a las piletas, a las cervezas heladas durante la noche, a acostarse tarde sin límite horario ni a escuchar las cigarras mientras estira sus piernas, acostado en la reposera en el jardín de su casa. No haber andado en ojotas durante enero es un claro síntoma de deseneramiento.  Si uno debe hacerse una operación durante este mes, y por culpa de ello se pierde todo el verano, también se ha desenerado.

No es casual, tampoco, la semejanza fonética con la palabra “degenerar”. Un año desenerado es un año que puede degenerarse: si se vive en enero como si fuera marzo o julio, entonces es posible que se viva julio como si fuera diciembre; que se viva el invierno como verano y que se viva navidad como si fuera el día de la bandera. 

Existe una palabra cercana a esta: el estifugio, aunque hay una clara diferencia: Mientras el estifugio es la sensación de que el verano huye rápidamente, el desenerado ni siquiera siente el verano y en rigor tampoco puede sentir que huye sin disfrute. 

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Disconominia

Posted by jorgemux en diciembre 6, 2012

(Sustantivo. Del latín dis = con dificultad y cognominatus = sinónimo. Adjetivo: disconómino)

1. Incapacidad o dificultad para encontrar sinónimos de una palabra.

2. Cualidad de un texto en el cual se repite muchas veces una misma palabra. 

Según la definición 1, la disconominia es un padecimiento subjetivo. En cambio, la definición 2 no hace referencia a una persona, sino a un texto. Dado que en un mismo discurso se suele apelar muchas veces a un mismo concepto, quien padece de disconominia utilizará siempre el mismo término para referirse a ese concepto. Esto genera una clara cacofonía, disminuye la calidad del enunciado, y se hace difícil de leer o escuchar: “Los perros son animales domésticos. Los perros duermen en cuchas para perros, aunque muchas veces los perros duermen en una alfombra para perros o en un almohadón para perros, pero los perros prefieren dormir sobre camas, aunque algunos perros no se dejan domesticar y hay ciertos perros que sólo duermen fuera de la casa a la intemperie

Debe aclararse que, para que exista disconominia no es necesario que la palabra se repita muchas veces: con que en un mismo renglón o en un mismo párrafo esté en dos ocasiones, ya podemos aplicarle el nombre.

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Disclavia

Posted by jorgemux en noviembre 28, 2012

(Sustantivo. Del latín dis = con dificultad y clavis = clave, llave)

1. Incapacidad para encontrar la llave correcta en un manojo de llaves. 

Se sufre una especial disclavia cuando el llavero nos es familiar y conocemos las muescas de cada una de las llaves que la componen. A pesar de este sobrado conocimiento, uno recorre mil veces el llavero y no encuentra la que justo ahora se debe usar. La disclavia en este sentido es un proceso parecido al que ocurre cuando se circunvía.
Algunas personas no sufren disclavia, sino un proceso inverso: aciertan con la llave correcta en el primer intento, aun con manojos de llaves desconocidas. A este caso afortunado lo llamaremos euclidia, tomando las raíces griegas eu = bueno y kléidi = llave. (También puede llamarse “euclidia” al placer que produce acertar con la llave adecuada en un número relativamente bajo de intentos)

2. Incapacidad para recordar las propias contraseñas.

Por fortuna las cookies de nuestras computadoras se encargan de conservar nuestros datos, y gracias a ellas seguimos accediendo al correo electrónico, a las redes sociales,y a la plataforma virtual de nuestro trabajo. Pero el día en que debemos formatear la máquina, corremos el riesgo de perder para siempre los lugares virtuales que frecuentamos. La disclavia, en esta acepción, tiene algunos componentes adicionales: no solo somos incapaces de recordar la contraseña sino que, además: a) la olvidamos un segundo después de haberla creado; b) hicimos una contraseña complicadísima que no tiene posibilidad de ser recordada sin una regla mnemotécnica; c) no la anotamos o bien d) la anotamos en un papel circunstancial que se perdió para siempre. En algunos casos debemos agregar un gravísimo componente e): creemos que nos vamos a acordar la contraseña en el momento en que sea necesario, pero eso no ocurre (esta clase de disclavia acontece cuando uno está frente al cajero del banco).

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Distrófemo

Posted by jorgemux en octubre 18, 2012

(Adjetivo y sustantivo. Del griego dis- = con dificultad y tróphema = alimento)

Alimento que no contiene alguna de las propiedades esenciales que posee naturalmente su tipo.

Aunque la definición es un poco rebuscada, se puede entender con unos pocos ejemplos:
El café descafeinado es distrófemo: si al café se le quita la cafeína (propiedad que incluso lleva un nombre que indica la conexión casi esencial con el producto), ya tenemos algo que quizás no debería llamarse café. Un café descafeinado es casi una contradictio in adjecto, un oxímoron.
Quizás el más elocuente sea la leche descremada y deslactosada: sin crema y sin lactosa, la leche se convierte en una inocente, insípida y poco nutritiva agüita blanquecina, y en rigor es dudoso que podamos seguir llamándola “leche”. Otro ejemplo, aunque quizás no tan certero, es el de la cerveza sin alcohol.

Puede verse que la estrategia de quienes fabrican distrófemos consiste en “des- -ar” un alimento; es decir: operar sobre él algún tipo de proceso que permita aplicarle el prefijo “des-” y el sufijo verbal “-ar”. Se supone que al “des- -ar” un alimento, se le quitan propiedades perjudiciales o poco saludables, y quizás está bien que así sea. Pero si aceptamos abiertamente los alimentos distrófemos, entonces se ha allanado el camino para aceptar otros aun más retorcidos y cuya eliminación de elementos esenciales no tenga nada que ver con la salud: quizás pronto aparezca un jugo de naranja sin color naranja, sin sabor ni olor a naranja y sin las propiedades de la naranja. Este producto se llamaría “jugo de naranja desnaranjizado”, y consistiría en agua corriente tal vez potable. En un caso extremo, podrían vendernos un envase vacío, con jugo de naranja desnaranjizado, desjuguizado y desmaterializado. De hecho, se podría prescindir del envase (en cuyo caso nos venderían un envase de cartón descartonizado). Conviene recordar que los distrófemos son usualmente más caros: el jugo de naranja desnaranjizado se convertiría en un alimento de lujo.

Los productos distrófemos no deben confundirse con los propaláfelos. El propaláfelo se parece al producto original, pero no lleva el mismo nombre. El distrófemo, en cambio, sí lo lleva: el café distrófemo (descafeinado) se sigue llamando “café”. En cambio, el propaláfelo del jamón se llama paleta o fiambre de emparedado.

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Dislecalepia

Posted by jorgemux en agosto 15, 2012

(Sustantivo. Del griego dis = dificultad; légo = contar, reunir y jalepós = penoso, trabajoso. Adjetivo: dislecalépico)

Tendencia a enumerar los requisitos, dificultades o exigencias de a uno, en lugar de hacerlos todos juntos. 

La definición, aun cuando parezca enrevesada, se refiere a un hecho cotidiano. Usted necesita realizar un cronocléptico trámite burocrático. Después de hacer una larga cola, le indican que le falta un sellado. Hace el sellado; vuelve a hacer la cola y en ese momento le dicen que le falta pagar un arancel. Paga el arancel, vuelve a hacer la cola y el empleado le comunica que falta una fotocopia. En esta instancia, se pregunta por qué no le dijeron todos los requisitos juntos, en lugar de ir enumerándolos de manera sucesiva. El empleado que lo atiende ha cometido dislecalepia.

Las computadoras suelen ser dislecalépicas. Si usted quiere imprimir un papel, quizás aparezca el cartel: “El papel está atascado”. Una vez que saca el papel, puede que otro le diga: “La impresora no está conectada”. Cuando se asegura de que esté conectada, es posible que una leyenda le indique: “Falta tinta en el cartucho”. Si pone tinta, luego aparecerá otro: “La impresora se ha averiado”.  Hubiera sido mucho más productivo conocer esas cuatro fallas a la vez, en lugar de que se fueran comunicando una tras otra.
La dislecalepia es una forma tediosa del perontismo.  

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Desemburgar (se)

Posted by jorgemux en julio 24, 2012

(Verbo intransitivo. De des, en– y burgo)

Quitarse momentáneamente una actitud o costumbre burguesa. 

A la persona aburguesada se la reconoce por su afición a la comodidad del hogar, al trabajo sin esfuerzo y, en general, a cualquier actividad que no implique alejarse de ciertos básicos placeres suntuarios y cotidianos. No es fácil sacar al aburguesado de sus rituales, pero si se pudiera lograrlo, lo habremos desemburgado.
Cuando un hombre sale a la calle un día de lluvia, y descubre que está mejor allí, al aire libre, que encerrado en su estudio. O cuando decide participar de una marcha a favor de la despenalización de la marihuana, en lugar de quedarse en su living fumándola. O cuando saca del ropero la ropa cara, de marca, que alguna vez compró en una tienda bacana pero nunca usó, y decide regalarla al primero que pase por la calle. En todos estos casos, la pereza doméstica se ve sacudida; el ritmo de la vida prolijamente cómoda se trastoca, pero por un rato: la persona se ha desemburgado. Sin embargo, quien se desemburga vuelve de manera inexorable a sus costumbres. Votará, circunstancialmente, por el partido obrero; pero a los pocos días apoyará de nuevo a los conservadores. Tirará las paredes y transformará su departamento en un loft, pero un mes después volverá a levantarlas. Saldrá a cazar jabalíes con cuchillo en invierno, en medio del monte; pero estará a las siete de la tarde frente al televisor, bañadito y con su vaso de whisky, en la seguridad de su casita bien amoblada y calefaccionada.

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Devesperación

Posted by jorgemux en marzo 20, 2012

(Sustantivo. De Véspero y desesperación)

Angustia y ligera depresión por la caída inminente del sol.

Esta sensación suele ocurrir cuando uno se ha acostado a la salida del sol y se levanta a la hora de la siesta. Quizás, apenas se levantó, improvisó un almuerzo, hizo un par de tareas domésticas y ya cae la tarde. Las sombras se hacen largas, el frío se intensifica y uno siente que el día ha sido arrebatado. Tenemos la necesidad de ver un rayo de sol, de disfrutar una intensa tarde bajo la luz del día. Pero ya se hace de noche y habrá que esperar largas horas hasta que amanezca.

También se devespera si se ha estado trabajando todo el día en un lugar cerrado, y sólo puede salir cuando ya el sol agoniza.

En ambos casos, se tiene la sensación de que el día termina antes de haber comenzado.

A veces, también, se puede devesperar espontáneamente, sin que se hayan dado las dos condiciones anteriores. La devesperación es la angustia por saber que el día se termina, ya sea que lo hayamos disfrutado o no.

Es mucho más común devesperar en invierno que en verano.

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