Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘CH’ Category

Chirolote

Posted by jorgemux en junio 26, 2012

(Adjetivo y sustantivo. De Chirolita: nombre del muñeco del famoso ventriloquista conocido como Mister Chasman)

1. Títere que maneja a su amo.

2. Entidad inerte e inconsciente que toma el control de un sujeto consciente e intencional. 

Esta palabra, en sus dos acepciones, puede utilizarse tanto en su sentido literal como en el metafórico, aunque es más común el último. En sentido literal implica otorgarle una intencionalidad real y propia a la entidad inconsciente. Un muñeco sin vida que manejara a una persona, debe tener cierto tipo de objetivos, aun cuando no se tratara de objetivos conscientes. A veces los niños dicen que sus muñecos les dan órdenes. Si ellos las acatan, y si las órdenes son sistemáticas, continuas y sin resquicio para ejercitar la propia voluntad, entonces ya no estamos ante un juguete inocente, sino ante un chirolote.
En su acepción metafórica, el término se usa para adjetivar al subordinado (de una empresa, de un estado, de un reino) que se comporta como jefe de sus propio jefe. Si el gerente le dice a su empleado: “Vení mañana a las siete y limpiame el escritorio”, y si el empleado responde: “Mañana no tengo ganas; es más: vení vos a limpiarme el mío”, y si el jefe acata de modo sistemático retruques de este tipo, se dice que el empleado es un chirolote. Lo mismo ocurriría si un funcionario de segunda o tercera línea del estado (o de un reino) es capaz de dar órdenes a su presidente (o a su rey), y si el presidente (o el rey) respondiera sin chistar a esas órdenes.

Para que a una persona se la califique de chirolote es necesario que su superior acate las órdenes que le imparte.

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Chupipasta

Posted by jorgemux en septiembre 7, 2011

(Adjetivo. De chupe = bebida alcóholica y pasta = pastillas)

Dícese de la persona que yuxtapone o combina elementos inconexos, inoperantes o contraproducentes.

La palabra “chupipasta” parece indicar que los actos son producto de una intoxicación con drogas y alcohol, pero de hecho esto no tiene por qué ser así: podemos llamar chupipasta a quien actúa manera desatinada por simple distracción o, incluso, a alquien que realiza esa yuxtaposición de manera consciente.  

Usos: “En este supermercado la leche descremada está en la misma batea junto con los caramelos de menta. El repositor debe ser un flor de chupipasta“. “Mi alumno es un chupipasta: en el examen le pregunté en qué año nació Sócrates y me explicó que los griegos tenían una vida democrática y que el agua es la combinación de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno

A veces se llama “chupipasta” a una persona cuyo comportamiento es demasiado correcto: “Uy, pero qué chupipasta es este tipo, colocó el tenedor a la izquierda y el cuchillo a la derecha

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>Chucado

Posted by jorgemux en mayo 17, 2011

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(Adjetivo. De Chucky: nombre de un muñeco de ficción poseído por el alma de un asesino)

Quien posee un continuo rictus de amargura y enojo en su rostro, especialmente cuando desea manifestar una emoción de alegría y placer.

El chucado tiene los labios muy tensos, como si estuviera disimulando un intenso dolor. No es responsable de la rigidez de su cara; sus cejas se curvan naturalmente; la boca se le aprieta y el entrecejo se le arruga como si las preocupaciones lo abrumaran. Todo esto puede ocurrirle aunque se esté riendo y, en rigor, el término se aplica precisamente cuando nos damos cuenta de que su emoción es contraria a la que manifiesta su rostro prima facie.

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Chirria

Posted by jorgemux en agosto 10, 2010

(Sustantivo. De chirriar. Adjetivo: chirrioso)

1. Capacidad de hacer continuos ruidos molestos de manera involuntaria.

Las personas que padecen de chirria no pueden evitar hacer ruido en situaciones para las que, normalmente, no se suelen emitir sonidos perceptibles. El chirrioso suele prolongar una breve acción -abrir una puerta, calzarse los zapatos, sentarse en el sofá- y con ello produce continuas resonancias, estertores, quejidos y murmullos de los objetos involucrados en esa acción. Cuando se ejecuta un acto ruidoso, es conveniente hacerlo rápido, pero el chirrioso no advierte esta regla de cortesía. Además de prolongadas, las acciones del chirrioso son torpes y repetidas. Abre y cierra la rechinante puerta cinco o seis veces, con estruendosa lentitud, porque se ha olvidado algo del otro lado. O hace infinitas prequiversas en la cama, o respira agitado, con bufidos y carraspera, o mastica un sonoro chicle, o sus zapatos taconean con estrépito, o sus pantalones hacen un gracioso e irritante “flip flip” cuando camina.

2. Tono quejoso.

“Chirrioso” en esta acepción y “quejoso” son casi sinónimos, aunque hay una leve diferencia. El quejoso es aquel que, de hecho, se queja continuamente. El chirrioso, en cambio, sólo tiene el tono, aunque puede no estar quejándose. A veces, después del disgusto que implica quejarnos por algo, se nos impregna la “personalidad quejosa” aun más allá de la propia situación de queja. Si en una cena con amigos en un restaurante, el mozo nos trae los ravioles fríos, nos quejaremos y quizás armemos un pequeño escándalo. Una vez que el mozo se retiró con el plato, trataremos de hablar con normalidad y bien dispuestos a seguir la charla con los amigos. Sin embargo, persistirá algo de chirria, de ese tonito entre prepotente y desesperado que utilizamos para gritonearle a los demás cuando nos sentimos con derecho a hacerlo. 
Cuando un grupo de personas se reúne para jugar a algo (naipes, videojuegos, juegos de mesa) es posible que alguno de los participantes se vea afectado por chirria. Esos participantes son los que van perdiendo. Aunque no se quejen expresamente, a veces el tono lastimero de su voz delata que no se sienten a gusto con la continua derrota. “Carlitos, hasta ahora no ganaste ni una mano“, dicen los amigos en tono de sorna. Carlitos quizás no diga una palabra y se limite a sonreír con amargura. Sin embargo, unos minutos después Carlitos pedirá que le sirvan vino, o que le hagan un café, y ese pedido sonará con chirria: su tono será levemente aflautado como si estuviera a punto de llorar, y si bien no se quejará expresamente, la chirria de su voz delatará el verdadero estado de ánimo. 

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Chanicurro, a

Posted by jorgemux en febrero 24, 2010

(Adjetivo. De ya, ni y curro)

Dícese de quien abandona definitivamente una prolongada actividad delictiva.

El chanicurro pudo haber cometido todo tipo de estafas, hurtos y robos, pero un buen día encuentra un motivo suficiente para dejar de actuar en el delito. Sea porque ya ha logrado mucho dinero, porque se asustó después de un tiroteo, porque comenzó a sentir un persistente prurito moral, porque se hizo religioso o porque ya no le encontró sentido a la actividad, el chanicurro comienza a llevar una vida sedentaria y mortecina tras bastidores. Se lo suele ver en el patio de su casa, panzón, en ojotas y con un cigarrillo, preparando asados para sus amigos. O en el templo, rezando y contándole a sus hermanos su periplo pecaminoso y su posterior redención a manos del mesías. O en el bar, casi escondido en una mesa de fondo, relatando de vez en cuando sus heroicas peripecias delictivas.
El chanicurro muere a los cincuenta años de cirrosis o de un ataque cardíaco producto del colesterol y el sobrepeso. Su vida no se acaba por el disparo de un compañero traicionado o de un policía en un asalto: muere como el más pacífico y perezoso de los cristianos. A veces hay una mujer joven y hacendosa que llora con desconsuelo su desaparición. Pero, en la mayoría de los casos, nadie siente pena por él.

El chanicurro y la nomaspito han tenido vidas con cierto paralelismo.

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Chulafuertes

Posted by jorgemux en diciembre 18, 2009

(Adjetivo. Idiotismo)

Dícese de quien habitualmente se toma las nalgas con las manos.

El clásico gesto de “agarrarse la cabeza”, en el chulafuertes se traslada a las zonas lumbares. Sin embargo, un chulafuertes no necesita de un estado de preocupación para tocarse las nalgas. Por reflejo, pone los brazos en jarra pero en lugar de apoyar sus manos en la cintura (la postura clásica), las lleva hacia atrás y más abajo, adoptando una postura incómoda de ver. Desde luego, este caso de chulafuertes es socialmente tolerado. Existe un tipo de chulafuertes que se toca las nalgas con fruición, sin reparar en que puede haber gente que sienta incomodada.
A veces, las personas enchulenguizadas y enrajadas suelen darse cuenta de que, por el prominente tamaño de sus traseros, es probable que el pantalón les haya quedado por debajo de la línea visual aceptable y entonces recurren al manotazo para corroborar si eso es así o no. Se trata de un chulafuertes que se toca para contrarrestar los efectos nocivos del enrajamiento causado por la enchulenguización.

Los chulafuertes suelen ser extrovertidos, desenfadados y altamente prejuiciosos.

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Chairolar(se)

Posted by jorgemux en diciembre 1, 2009

(De chaira)

Capacidad que poseen los objetos blandos, alargados y finos, de enroscarse sobre otro objeto alargado si se lo impacta con fuerza.

Los látigos, las sogas, las toallas y prendas mojadas se chairolan si se las utiliza dar un golpe seco sobre algo alargado y fino: se aferran como una enredadera, enroscándose en un segundo, y a veces es difícil de desenredar.

Cuando una sábana se enrosca en el cordel por acción del viento, se chairola. 

La parte que queda enroscada se denomina chairola o chairolita.

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Chinchulero,a

Posted by jorgemux en noviembre 13, 2009

(Adjetivo. Posiblemente del latín cimex = chinche, de donde se deriva “chisme”)

Dícese de quien tiene la noticia supuestamente correcta acerca de un chisme.

El chinchulero esgrime datos precisos con arrogancia y suficiencia: él tiene la posta. “Fabián Gianola es puto, eso es así“. “La presidenta quiere renunciar desde hace rato“. “A Julio Bocca lo echaron del Colón por ir a bailar borracho“. A pesar de que se le esgrimen argumentos para atenuar o poner en duda esas afirmaciones, el chinchulero los desestima: él obtiene su conocimiento por una supuesta fuente a la que no tenemos acceso. Con pretensión de ser infalible, el chinchulero desprecia opiniones que lo contradicen  y, si hace falta, incluye más precisiones para hacernos ver que su posición es la única que adoptaría alguien que sabe. Juega con el grado de indeterminación que suelen tener todos los chismes: en última instancia, es imposible corroborar datos en cualquier tema del que sólo hay rumores. En la falta de corroboración está la fuerza del chinchulero: a menos que le muestren pruebas “de primera mano”, y no simples contraargumentos, el chinchulero puede defender su posición alegando la superioridad de la fuente.
Desde luego, jamás revela cuáles son sus fuentes: ahí perdería toda su fuerza, porque su noticia se convertiría en una simple opinión más.

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Chopatrepa

Posted by jorgemux en julio 14, 2009

(Adjetivo. De chupa y tripa. Se aplica únicamente a personas del sexo masculino)

Hombre que se declara homosexual a pesar de que el amor y las experiencias eróticas con personas de su mismo sexo le resultan repugnantes.

El chopatrepa imagina que la vida de los homosexuales es glamorosa y llena de relaciones sociales. Por eso tiene una gran simpatía con la comunidad gay y realiza grandes esfuerzos por pertenecer a ella. Sin embargo, sólo le interesa la imagen superficial de mediáticos gays de clase media que pueden darse ciertos lujos como vestirse de forma llamativa pero con estilo; hacerse operaciones con famosos cirujanos plásticos, ser atendido por un peluquero y una manicure, vivir de fiesta en fiesta, tener un auto importado y pasear con una mascota pequeña, peluda, blanca e histérica. No desea ni por asomo tener relaciones con otro gay, y mucho menos podría enamorarse de él.

Conviene destacar que el chopatrepa no necesariamente se ve atraído por mujeres. Su estado es el de una indefinición de gustos sexuales que lo vuelve muy infeliz.

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Chiflina

Posted by jorgemux en enero 7, 2009

Roce entre ancianos con intenciones sexuales.

Esta cómica palabra y su horrible definición nacen de los prejuicios de mi abuelo materno y de mi mala memoria. Él trabajaba en un club en cuyo salón se realizaban peñas de tango y folklore. Una tarde me contó que odiaba esas reuniones, porque sólo atraían a ancianos que se frotaban entre sí “Y eso los lleva a la chiflina: la calentura entre viejos”. No recuerdo si la palabra exacta era “chiflina”, pero creo que era otra que sonaba igualmente graciosa. Sospecho que esa olvidada palabra y la tan espantosa definición habrán sido inventos de mi abuelo. Sin saberlo, él estaba haciendo su propio exonario.

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