Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘C’ Category

Complínsolo

Posted by jorgemux en septiembre 10, 2013

(Adjetivo. Del latín complicare = enrollar e insolens = excéntrico, extravagante)

Dícese de la persona que tiene problemas rarísimos. 

Nunca podemos contar con el tío Alberto, porque se le duermen las piernas cuando atiende el teléfono y sus gatos aúllan desesperados cada vez que sale de su casa, y de hecho algunos han llegado al suicidio. A Juan Carlos le pedimos que nos salga de garantía, pero él no puede, porque tuvo un entredicho de propiedad con el rey de Inglaterra y ahora cada vez que sale de garante le llega una citación real desde Gran Bretaña para justificar su patrimonio. Roberto no se queja nunca, pero cuando le preguntamos cómo está, nos cuenta la insólita historia del orificio anal que se le cierra y cada tanto debe operárselo. A la doctora Martina le comunicaron que jamás había aprobado tercer grado, así que ahora está en un feroz enredo burocrático para validar sus títulos y sus estudios. Si a todas estas personas le ocurren cosas extrañas muy seguido, diremos que son complínsolas: parecen condenadas a que el mundo conspire jocosamente contra ellas. A veces la sucesión de problemas inverosímiles es difícil de explicar si no se cuenta la historia con detalle. A veces, claro, el complínsolo es un mentiroso, un empoquetador cuyas mentiras mal urdidas generan más sospechas que compasión. 

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Capiversia

Posted by jorgemux en agosto 28, 2013

(Sustantivo. Contracción de capitiversia. Del latín caput = cabeza y vergo = estar inclinado, estar vuelto)

Reacción que poseen las personas en el instante inmediatamente posterior a un suceso ruidoso. 

Cuando en un restaurante se escucha el inequívoco sonido de una bandeja con platos cayendo al piso, todos los comensales hacen silencio y voltean la vista en la dirección del ruido. Si se oye una frenada y un choque, de inmediato todos atienden al lugar de donde proviene el fragor y caminan hacia allí. Si en mitad de la clase silenciosa a un alumno se le cae la cartuchera y se desparraman sus útiles, nos veremos obligados a mirar el suceso. El término se aplica a estos casos y a cualquiera en los que intervenga un espacio relativamente amplio y una multitud que desvía unánimemente su atención hacia el hecho: el ruido y la posibilidad de una catástrofe (o, al menos, de un papelón) se convierten en el centro de escena indiscutido. No importa si antes del suceso estaba ocurriendo algo trascendente: nadie puede perderse de observar a la moza desparramada en el suelo, con las copas hechas añicos y el champagne regado en las paredes.  
El nombre “capiversia” proviene de la acción de voltear bruscamente la cabeza. 

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Cosmorexia

Posted by jorgemux en julio 15, 2013

(Sustantivo. Del griego cósmos = orden y oréxis = apetito)

Repentina necesidad de ordenar.

Hay momentos en los que empieza a molestarnos el caos que nos rodea. El teclado de la computadora tiene migas de galletita; la ropa sin planchar se acumula hecha una bola en el placard; el techo tiene un lamparón horrible y una gotera añosa; las dos materias que debemos del secundario entorpecen nuestra autoestima y complican el presente y futuro laboral. Un día nos levantamos con cosmorexia y estamos decididos a nadar contra la creciente y endémica anarquía en cada aspecto de nuestra vida. Queremos limpiar a fondo el teclado de la computadora; sacamos las ochenta prendas para planchar; buscamos en la guía a un techista para que arregle la gotera; nos ponemos a estudiar contabilidad y matemática financiera para rendirlas antes de fin de año.  La sensación de cosmorexia no dura todo el día -y no se repite al día siguiente-, de modo que después de planchar dos camisas nos detenemos exhaustos, nos olvidamos del desgobierno de nuestra voluntad, aceptamos resignadamente el desorden del universo y nos entregamos al hedonificio con una alta dosis de toletolerancia. Así hasta que otro día (quizás un mes después) volvemos a sentir la urgencia de la cosmorexia, urgencia que nos abandonará mucho antes de que empecemos a hacer algún cambio importante en nuestro entorno.  

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Conceptonear

Posted by jorgemux en junio 11, 2013

(Verbo intransitivo. De concepto.)

1. Utilizar conceptos bien definidos de manera caprichosa y arbitraria, sin aclarar en qué sentido se los está usando. “Sí, yo ayer dije que violé a una mujer, pero yo uso la palabra ‘violar’ de una manera distinta, no como un delito”

2. Definir un concepto de acuerdo a una acepción personal no justificada por el diccionario: “Cuando digo ‘ideología’ me refiero al sentimiento de piedad que tienen los perros cuando no muerden a las personas”

3. En una discusión, esgrimir un concepto complicado cuyo significado difícilmente pueda conocer el rival:Ah, lo que vos estás diciendo se puede tipificar en el egolentismo declético. ¿Sabés vos lo que es el egolentismo declético? Qué vas a saber… No tenés ni idea. ¿Ves que sos un ignorante?

4. Pretender un concepto sumamente preciso en un contexto en el cual la exactitud no es necesaria:Ah, ¿vos decís que tiene calvicie? Pero tiene algunos pelos. Lo que tiene no es calvicie, es alopecía” ; “¿Te bañaste en la pileta? Yo no vi ninguna pileta. En cambio, sí vi una piscina. ¿No estarás confundiendo ‘piscina’ con ‘pileta’¨?
En esta última acepción, el que conceptonea es un legóptero.

5. Exigir un entendimiento riguroso de un concepto sumamente vago:¿Qué entendiste cuando te dije que debíamos enfrentar la sistematicidad oprimente de la ideología burguesa mediante la reflexión y el desengaño de las conductas autocomplacientes? Se ve que no entendiste nada, porque te fuiste a hacer la comida

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Canatorio

Posted by jorgemux en mayo 24, 2013

(Sustantivo. Del griego xanó = perder y terminación -orio = lugar)

1. Lugar de la casa o de un recinto creado especialmente para perder cosas.

2. Lugar de una casa o de un recinto donde frecuentemente suelen aparecer las cosas perdidas.

Muchas veces se pierden simultáneamente las llaves, la billetera, una camisa, el cepillo de dientes y los anticonceptivos. Pero es poco probable que se extravíen todos estos objetos en un mismo lugar. En cambio, si se desarrolla un canatorio doméstico, es posible que todo lo perdido haya ido a parar allí. ¿Cómo es posible esto? Los canatorios pueden ser enormes agujeros en los sillones: cualquiera que se haya sentado en el sillón y pierda algo, casi seguro lo encontrará en el agujero. O pueden consistir en una inclinación del piso que confluya en un único lugar: todo lo que se caerá al piso, necesariamente se encontrará en esa confluencia. Los canatorios aumentan la probabilidad de que un objeto perdido se encuentre allí y no en otro lugar, aunque, por supuesto, no tienen una utilidad absoluta.

A veces hay “canatorios naturales”. En los nidos de urracas se pueden encontrar objetos brillantes perdidos (las urracas macho los llevan como presentes para la hembra). En algunos lugares, por una misteriosa razón, todo lo perdido aparece tarde o temprano dentro de un cajón, bajo una cama o en el bolsillo de un pantalón: en la práctica, estos tres sitios funcionan como canatorios.

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Catonógramo

Posted by jorgemux en abril 2, 2013

( Del griego catá = por entero; ónoma = nombre y grámma = letra)

Deletreo que se realiza para desambiguar el propio nombre y, especialmente, el propio apellido. 

Cuando nos piden que digamos nuestro nombre, por lo general debemos especificar algunas letras para que no quede mal escrito: “Mazzetti, con dos zeta y dos té”; “Mux, con equis final”; “Lópes, con acento en la ‘o’ y ‘s’ final”; “Jadzianagnosti. Sí, sí. Con jota, dé, una zeta después de la d, y ‘agnosti’ al final, como suena”. Todas estas aclaraciones, a veces rimbombantes y estrafalarias, son catonógramos. Una peculiaridad del catonógramo es que se convierte en una rutina: quien dice su apellido, de inmediato tiene aprendido su catonógramo, el cual se convierte en una especie de coda obligada posterior a la enunciación del nombre.

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Crudelario

Posted by jorgemux en marzo 11, 2013

(Sustantivo. Del latín crudelis = cruel, sanguinario)

Recinto al que las personas van voluntariamente para ser torturadas y / o asesinadas.

Conviene resaltar que quienes visitan un crudelario lo hacen de manera consciente y no esperan obtener placer a través del dolor de una tortura. No son masoquistas ni ingenuos ni penitentes religiosos: deciden impartirse un dolor insoportable a cambio de nada y por ninguna razón (o tal vez por una razón: una especie de turismo exótico de las propias sensaciones dolorosas: “Quiero sentir una vez en la vida cómo es que te arranquen un brazo”) En algunos casos, quizás deban abonar sumas enormes para obtener un tormento (y ya el pago excesivo es parte del suplicio) Lo curioso de los crudelarios es que sus visitantes se dirigen a ellos con serenidad, como quien va a hacer un trámite insípido, sabiendo que quizás les esperan meses de una aleatoria, gratuita e incesante mortificación psíquica y carnal de la que querrán huir una vez que haya comenzado.

De una manera metafórica, se denomina crudelarios a los lugares que en principio no están hechos para torturar a las personas pero que en definitiva terminan haciéndolo: “No sé para qué mandás a tu hijo a la escuela. Eso es un crudelario, y los maestros son los verdugos“.

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Contrarregalo

Posted by jorgemux en febrero 5, 2013

(Sustantivo. De contra y regalo)

Obsequio que se realiza como respuesta a un obsequio recibido.

Muchos de los regalos que damos por cumpleaños, navidad o día de los enamorados, son contrarregalos. Si Juan nos regalase un par de medias para nuestro cumpleaños, podremos obsequiarle otro cuando llegue su onomástico: un presente modesto que no pone en peligro sus finanzas ni las nuestras. Pero si Juan nos regalara un automóvil o un viaje en crucero, las cosas se nos complicarían, pues cuando él mismo cumpliera años no podríamos llevarle apenas un par de medias. Disfrutaremos, sí, del crucero o del automóvil recibido, pero lo haremos con la angustiosa conciencia de que estamos en deuda; viviremos unos meses de ansiedad anticipando el enorme gasto que demandará el futuro obsequio de cumpleaños de Juan. Los contrarregalos deben ser proporcionales a los regalos iniciales; deben estar a la altura del regalo recibido, y si no tenemos en cuenta esa proporción corremos el riesgo de generar ofensa o decepción.
A veces los contrarregalos se producen en escaladas, como una guerra fría de ofrendas: Alberto le regala flores y un pantalón a Carolina (para el día de los enamorados). Carolina le regala dos pantalones y dos remeras a Alberto (ese mismo día). Alberto le regala tres pantalones, tres remeras y una campera a Carolina (para el aniversario de casados). Carolina le regala a Alberto dos camperas, tres pares de zapatos caros, cinco camisas y diez relojes pulsera (para ese mismo aniversario). Alberto le regala a Carolina dos computadoras, un nuevo Blackberry, ocho pares de zapatos y dieciséis remeras (en una fecha aleatoria. Nótese que cuando se ingresa en una escalada de contrarregalos ya no importa por qué se regala: la única motivación es el hecho de superar el último presente recibido). La escalada puede seguir de manera indefinida, hasta que las tarjetas de crédito revientan o hasta que uno de los dos no hace justicia a la desmesura del otro y entonces aparecen la ofensa y el desdén.
Para evitar el peligro de los contrarregalos, quizás conviene aclarar de antemano en todos los ámbitos posibles: “No quiero regalos”. Pero esto puede ser contraproducente, porque quienes reciben ese mensaje fingirán que no nos van a dar un regalo, pero a último momento nos agasajarán con una enorme sorpresa. Quizás la única solución sea mostrarse agresivo, furioso y molesto con el regalo recibido. Pero esa es una reacción muy extraña y difícilmente comprensible: “¡Imbécil! ¡Te dije que no quería regalos! ¿Sos sordo? ¡Metete los veinte mil dólares en el orto!”
A veces el contrarregalo es desproporcionado con respecto al regalo inicial, pero esa desproporción es en sentido positivo: si usted obsequió una botella de vino a una amiga, esa amiga le obsequiará seis botellas de vino o una bicicleta, regalos claramente superiores al suyo. Por lo general, esta desproporción positiva tiene un objetivo moralmente cuestionable: demostrarle al homenajeado que uno no es un tacaño. “Este turro me trajo una planta para nuestro aniversario. Yo no soy igual que él; le compré cincuenta trajes para hacerlo sentir mal. Yo cuando regalo, regalo”
Otras veces nos dan obsequios puramente simbólicos: una canción, una foto antigua en Facebook, un poema. Pero aun estos regalos requieren contrarregalos que estén a la altura del esfuerzo y el ingenio empleados. La novia que compuso una canción a su novio para el día de los enamorados seguramente se sentirá decepcionada si recibe una caja de bombones con una tarjeta fría e impersonal.

Los regalos recibidos son trampas, pequeños anzuelos que se arrojan disimuladamente a nuestra conciencia para atrapar contrarregalos futuros. No nos dan regalos para hacernos sentir queridos y felices; nos regalan para mostrarnos que estamos atados por invisibles y retorcidos hilos de obligaciones sociales.

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Cagatuertos

Posted by jorgemux en octubre 23, 2012

(Adjetivo. De cagar y tuerto. Es voz malsonante)

1. Dícese de quien solo tiene hijos enfermizos y enclenques. Aplícase también a animales: dícese de la hembra o el macho que tiende a procrear crías defectuosas, deformes y débiles.

Para que a alguien se lo acuse de “cagatuertos”, es necesario que todos o la mayoría de sus hijos sean extremadamente propensos a las enfermedades, o que sus contexturas físicas tengan apariencia frágil y desgarbada, o que, sistemáticamente, todos los hijos nazcan con una deformidad de índole genético.  En sociedades machistas, es común que se culpe a la mujer por la debilidad de sus hijos: “Ninguno de tus pibes te salió fuerte y macho. Al final tu mujer es una cagatuertos“. A partir de esta asociación profundamente sexista, existe otra acepción:

2. Mujer hermosa que tiene hijas feas. 

Algunos hombres eligen tener hijos sólo con mujeres bellas, porque de ese modo creen que otorgarán belleza en su descendencia femenina. Desde luego, para ellos, la belleza física es uno de los valores supremos. Pero estos hombres que han rebuscado con esmero a la modelo escultural para reproducirse, a veces observan con horror que las hijas concebidas después de tan cuidadosa selección, son mas bien desgarbadas y con poca gracia, o muy gordas. En nada han heredado las dotes esculturales de su madre. Ahora bien, el padre -quien vive este suceso como una desgracia- nunca sospecha que, quizás, fueron sus genes -los genes de un hombre feo- los que desvirtuaron su objetivo: prefiere decir que la cagatuertos fue la esposa. Cuando se separa de esa esposa que solo le da hijos feos, le advierte a sus amigos y conocidos: “Cuidado si te juntás con mi ex, porque es una cagatuertos“.   

Desde esta acepción, no se suele llamar “cagatuertos” a la mujer que concibe hijos varones feos. Dada la concepción machista involucrada en el uso del término, solo se utiliza ese mote ofensivo si se trata de hijas mujeres. 

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Currafero

Posted by jorgemux en octubre 16, 2012

(Adjetivo. Del latín curro = correr, de donde se deriva cursar y deferre = arrojar, empujar)

Dícese de la persona que, ante una pregunta puntual, remite al estudio de una carrera universitaria y / o a la lectura de textos en lugar de dar una respuesta directa.

Al currafero le formulan una pregunta cualquiera y él necesita demostrar que ha leído, que su título lo ganó a fuerza de libros y exámenes difíciles. Por eso, en lugar de responder, deja un link con una docena de libros para descargar. O invita a su interlocutor a las clases de física avanzada o matemática discreta nivel cinco. O lo recrimina por no haberse aprendido la lección de tercer grado de la escuela primaria. Lo curioso es que el currafero se exime de contestar preguntas pedestres o que solo requieren de una opinión no necesariamente fundamentada. Veamos algunos ejemplos:

Pregunta: -“¿Cómo va a estar el estado del tiempo hoy?”.
Respuesta: -“Uf, mirá, hay mucha teoría sobre los fenómenos climáticos, acá podés descargarte los catorce libros más famosos sobre el tema”.

Pregunta: – “¿Cuál te gusta más? ¿El sueter rojo o el verde?”
Respuesta: -“Y, si leyeras a Stendhal te darías cuenta de cuáles son mis colores favoritos”.

Pregunta: – “Pero, ¿por qué me aumentan el alquiler un doscientos por ciento?”
Respuesta: – “Si estudiaras licenciatura en economía, tendrías la respuesta”

Pregunta: – “¿Quién fue Luis XV?
Respuesta: – “¿Qué? ¿Nunca fuiste a la escuela vos? Eso lo sabe un chico de diez años”

También podría llamarse currafero a quien responde del modo que se ejemplifica más abajo, aun cuando no pretenda darse ínfulas de superioridad intelectual:

Pregunta: – “¿Por qué me echan del trabajo?”
Respuesta: – “Remítase al telegrama y a la carta documento que le hará llegar nuestro asesor letrado”.

Currafero y epistecripticista se tocan en muchos puntos. La diferencia, sin embargo, es que el epistecripticista no conmina al interrogador a que estudie o que lea algo, mientras que el currafero sí lo hace.

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