Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘Actitudes Humanas’ Category

Estisolercia

Posted by jorgemux en enero 28, 2014

(Sustantivo. Del latín stylus = punzón y sollertia = astucia para los negocios)

Habilidad excesivamente puntual y virtualmente inútil. 

Si usted es un experto en esquivar las balas enemigas en un juevo de naves del año 1989, pero no puede esquivar balas en ningún otro juego (y ni siquiera sabe jugar a otros juegos); si conoce a la perfección la tabla del 147, pero no encuentra en qué caso aplicarla y desconoce casi todas las otras tablas; si se ha vuelto un erudito de la página 215 del manuscrito original de la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, pero no sabe casi una palabra del resto; si puede recitar de memoria dos páginas de nombres y teléfonos de una vieja guía telefónica: en todos estos casos, usted sufre de estisolercia. Ha cultivado, con insistencia y una considerable inversión de tiempo, una destreza que (cree usted) asombraría a quienes lo rodean, si se presentara la lejana oportunidad de demostrarla, si no le exigieran aplicar esa pericia en algún ámbito ligeramente diferente y si alguna vez le pudiera interesar a alguien. No caben dudas de que usted es una especie de genio mínimo; un Einstein de lo puntual e intrascendente, pero -a diferencia de los verdaderos genios- su maestría no será nunca reconocida. Por fortuna.

La estisolercia tiene puntos de contacto con la esconognosia.

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Zapatrapo

Posted by jorgemux en diciembre 31, 2013

(Sustantivo. De zapa y trapo, despectivo de travesti)

1. Dícese del hombre que confunde a un travesti con una mujer. 

Muchos travestis tienen rasgos prominentemente masculinos. O, aun cuando los suavizan, sus rasgos feminoides resultan subrayados de manera escandalosa. En la mayoría de los casos, esa apariencia masculina no pasa inadvertida. Pero algunos hombres heterosexuals, sin embargo, nunca logran distinguir a un travesti de una mujer. A veces dicen las palabras equivocadas: “Qué hermosa que es Yazmira”, o “Tu amiga siempre con calzas fucsia ajustadas”, delatando que no se han dado cuenta de la condición de travestis y, de paso, dando a entender que les resulta atractiva. En verdad, uno puede sentirse atraído por alguien sin necesidad de saber su sexo. Pero el zapatrapo, en particular, es una persona machista que jamás consentiría en enamorarse de (o siquiera sentir atracción por) un travesti. Eso lo pone más en ridículo: confiesa sentirse atraído por quien él cree que es una mujer, pero si supiera que se trata de un travesti jamás haría tal confesión.

2. Dícese del hombre que considera que todo el mundo ha tenido relaciones con travestis.

El zapatrapo se jacta de haber tenido relaciones con travestis. Aunque a él le disgusta aceptar que se siente atraído por una persona con órganos genitales masculinos, en realidad se justifica diciendo que “cualquiera ha tenido, alguna vez, sexo con travas”, como si esa atracción fuese parte de la naturaleza de un macho. A diferencia del zapatrapo de la primer acepción, en este caso es totalmente consciente de que le atraen travestis. Pero cree que es socialmente aceptable que un macho sucumba a sus atractivos.

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Acrenóptero

Posted by jorgemux en diciembre 5, 2013

(Adjetivo. Del griego akrós = alto; oinós = vino y ópter = que mira)

Dícese de quien en los supermercados observa las góndolas de vino caro. 

Las vinerías y autoservicios exhiben los vinos de forma jerárquica: los más baratos en la parte de abajo de la góndola; los de gama media en el medio y los de alta gama en la parte superior. Cuando nos acercamos a la góndola de bebidas, entonces, tenemos la oportunidad de mostrar en qué nivel económico estamos o qué tan alcohólicos somos. Si andamos con la cabeza agachada, mirando la parte inferior de la góndola etílica, buscando vinos sin varietal, en caja o de marcas populares, entonces algo anda muy mal en nuestra vida y más vale que no nos vean en esa deplorable situación: somos unos pobres borrachos sin remedio, desesperados por tomar cualquier aguarrás tinto con tal de que sea barato y parezca vino. Si alguien nos ve en ese trance, solemos esgrimir con vergüenza: “Estoy comprando Santa Ana porque voy a hacer un pollo al disco. ¡Esto yo no lo tomo ni loco!“, para que no nos confundan con un beodo indigente y sucio cualquiera. Por lo general, quienes frecuentan la parte inferior de la góndola son ancianos mal vestidos y con una barba de tres o cuatro días.
En cambio, cuando queremos parecer entendidos, levantamos la vista con orgullo y observamos los finísimos malbec y syrah; escudriñamos detenidamente las etiquetas como si supiéramos la diferencia entre un cabernet y un bonarda, fingimos que nos interesa la cata y adoptamos un lenguaje que incluye las palabras “taninos” y “bouquet” (aunque no tengamos la menor idea de lo que significan): nos hemos convertido en acrenópteros.
El acrenóptero acaricia con orgullo las botellas. Las saca de su exhibidor, las toma, las palpa, lee con intensidad lo que dicen, pero luego, inevitablemente, las devuelve a su lugar. Es que son muy caras para un asalariado recién devenido en clase media que tiene la tarjeta a punto de reventar. Por lo general, un acrenóptero se encuentra con otros y entre ambos se ponen a conversar y a recomendarse vinos que nunca han tomado: “El Catena Zapata es el mejor de todos. Claro, cuesta mil trescientos pesos. No, yo nunca tomé, pero el jefe de un amigo mío una vez lo probó y dijo que era riquísimo“. “Vea, si está dudando, cómprese un Rutini. Tiene un bouquet que recuerda al aroma de las rosas silvestres de la campiña del Lacio. No, nunca estuve en el Lacio y no sé dónde demonios queda, pero a mí me recuerda eso. Bah, me lo recordaría si alguna vez lo hubiera tomado“; “Ah, lo que debe ser este Vento 2004 con un quesito Brie. A propósito, ¿qué es el queso Brie?“. Desde luego, después de esa charla de gourmand, bajan la vista hacia la mitad de la góndola y terminan eligiendo (y recomendándose) el vino más barato y más rico de gama media o, como ellos gustan decir, “la mejor relación precio – calidad que podés comprar con treinta y cinco pesos“.
El acrenóptero descripto más arriba no es el único. También está el que efectivamente tiene dinero y elige vinos caros. Pero en todos los casos, los acrenópteros son hombres (y no mujeres) de mediana edad (y no jóvenes) que comparten el placer por hablar sobre vinos y por demostrar a otros la experiencia enológica y la exquisitez de su paladar.

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Idiodosis

Posted by jorgemux en noviembre 19, 2013

(Sustantivo. Del griego ídios = propio, aislado y dósis = acción de dar. Adjetivo: idiodósico)

Decisión personal y parcialmente arbitraria acerca de cuál  medicamento se debe tomar, en qué momento y en qué dosis.

El médico dice que ya no hace falta tomar ibuprofeno, pero nosotros juzgamos que estaría bien un comprimido por la mañana y otro por la tarde. Nos habían recetado una amoxicilina de quinientos miligramos, pero el idiodósico cree que una de setecientos cincuenta es mejor y más efectiva. ¿Hepatalgina después del almuerzo? No, mejor treinta gotas antes y treinta gotas después. O quizás cuarenta, o cincuenta. ¿Tres pastillas por día para controlar la hipertensión arterial? No, no hace falta tanto. Con una día por medio está bien. ¿Aspirinas? No, mejor paracetamol. Quien padece de idiodosis sospecha (a veces con fundamento) que los médicos yerran sistemáticamente en sus prescripciones: si le dijo al traumatólogo que la rodilla le duele a la mañana, ¿por qué le hace tomar un calmante durante la noche? Sin duda es mejor tomar uno a la noche y otro a la mañana. El idiodósico está convencido de que los especialistas son burócratas poco informados acerca de los verdaderos sufrimientos de sus pacientes. Cree que toda receta padece de una inadecuación fundamental, y que las cantidades recetadas son solo sugerencias o recomendaciones versátiles y sujetas a opinión. Desde luego, a veces los médicos se comportan como burócratas expeditivos y a veces se equivocan de forma grosera. En esos casos parece más sano inventarse una prescripción que seguir al pie de la letra las proporciones señaladas. A veces, claro, la impericia médica combinada con una imprudente idiodosis desembocan en un mal mucho mayor.  

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Quirotáquico

Posted by jorgemux en noviembre 5, 2013

(Sustantivo. Del griego xeirós = mano y taxús = veloz)

Dícese de quien acompaña todas sus palabras con veloces y complicados movimientos de manos.

La mayoría de las personas utilizan sus brazos, manos y dedos para reforzar o enfatizar sus dichos.  El quirotáquico utiliza en exceso ese énfasis. Cada sílaba y cada letra pronunciadas reciben la escolta de sus palmas ondulantes. Lo-des-cuar-ti-zó, dice, machacando las sílabas mientras golpea cinco veces el canto de su mano derecha sobre la palma de la mano izquierda. Como si fuera el director de orquesta de sus enunciados, el quirotáquico necesita del movimiento de sus manos tanto como de sus cuerdas vocales: la agitación de sus brazos es la mímesis de sus palabras; ambas conforman un único acto enunciativo. El quirotáquico, en rigor, muchas veces privilegia el énfasis manual antes que los sonidos de su boca: “Pshhhh”, dice, mientras traza una cruz y una voluta hacia arriba con sus manos, para decir “se murió”. “Apffff”, dice, golpeándose la cabeza con una palma y metiéndose dos dedos en la boca, para decir “Salió todo mal”. “Cugh”, regurgita, retorciendo las muñecas, moviendo los dedos como si fueran tentáculos de un pulpo, haciendo que golpeteen el dedo meñique y el anular de la mano derecha sobre el dedo mayor de la izquierda, golpeándose el puño de la mano izquierda con tres dedos de la mano derecha, levantando los brazos y el hombro hacia el cielo, cerrando a medias el puño de la mano izquierda e introduciendo el dedo índice en el agujero que quedó del puño a medias cerrado, para decir “No tengo nada que decir”.

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Priótico

Posted by jorgemux en septiembre 30, 2013

(Adjetivo. Del latín prius = primero y -ticus: sufijo que significa ‘con relación a’ )

Dícese de quien, ante una acción política que beneficia a un grupo de personas, señala que existe otro grupo que debería ser prioritario en ese beneficio.

El priótico, por lo general, no lleva a cabo ninguna iniciativa. Pero se siente muy capacitado para organizar las prioridades de las iniciativas ajenas. No propone, no ejecuta ni colabora. Sin embargo, ante cualquier acción ajena, enumera una jerarquía de prioridades que debieron haberse satisfecho antes de realizar la acción actual. “Es buena idea, pero esá mal implementada”, dice, para justificar su opinión, como si su ocasional punto de vista sobre el asunto fuera producto de un largo y concienzudo estudio sobre el tema: “Ah, le están dando plata a los pobres. Pero hay gente más pobre a la que no le dieron nada”. “Están haciendo un plan para que estudien los deportistas fracasados. Habiendo tanta gente que necesita estudiar, ayudan a los que decidieron no estudiar”.
Desde luego, el priótico acomodará su discurso de acuerdo a la acción política del momento: “No hay créditos para vivienda. La gente de clase media necesita vivienda y no puede comprarse. Solo compran los ricos”. “Ah, ahora hay crédito para la clase media. Pero, ¿y la clase baja?”. “Claro, sacan créditos para las personas de clase baja. Pero, ¿y los indigentes que no tienen ninguna entrada de dinero?”. “Claro, ahora hay crédito para todo el mundo. Pero, ¿sabés qué? Esa plata que nos dan es una soga al cuello que le ponemos a las generaciones futuras. La prioridad es pensar en el futuro, no en nosotros”. Como puede imaginarse, las quejas del priótico pueden llegar a ser circulares: “Ah, ahora están pensando en el futuro. Pero, ¿por qué no piensan en la clase media, que no tiene casa?”
El término también puede aplicarse a ámbitos domésticos: “Ah, el señor se la pasó escribiendo todo el día. ¿No sabés que hay una pila de ropa para planchar?”. “Ah, planchaste todo el día. Pero la prioridad era preparar la comida y limpiar la casa”. “La casa está impecable, pero deberías focalizarte en algo más creativo. ¿Por qué no te sentás a escribir?”
El priótico es, en muchos casos, propriorista, y posee una gran tendencia a la ambiquestia

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Disprofasia

Posted by jorgemux en septiembre 17, 2013

(Sustantivo. Del griego dis = con dificultad y profáse = pretexto)

Incapacidad para poner excusas.

La mayor parte de nuestros compromisos no fueron adquiridos con entusiasmo y mediante una decisión firme: casi siempre, caemos en obligaciones indeseadas por culpa de nuestros tibios escrúpulos y de una imaginación pobre. Si una persona apenas conocida nos pide que pasemos la única tarde libre ayudando a servir las masitas en un bingo a beneficio de una iglesia, lo primero que debemos hacer es tener a mano un pretexto aceptable. La única respuesta que querríamos dar es: ¡Nunca! ¡Jamás pasaría mi único día libre encerrado en una salita de barrio sirviéndole té a ancianas cogotudas y chupacirios! Pero claro, no podemos decirlo así porque (vaya tragedia) el casi desconocido se ofendería. Buscamos y buscamos una buena razón, pero tenemos la mente en blanco. El casi desconocido insiste: “¡Dale! ¡Es para ayudar a la iglesia!” y terminamos diciéndole que sí, que estaremos ahí a la hora en punto. Ese es el proceso de la disprofasia: usted no se atreve a rechazar; siente una ligera culpa por negarse y de inmediato se compromete a hacer algo que aborrece. Lo peor de todo eso es que, en el momento en que dice “sí, acepto”, lo hace con expresión de alegría y euforia, como si realmente le interesara.
Desde luego, a veces no se nos ocurre una excusa adecuada y decimos cualquier cosa inverosímil: “No puedo, tengo que cambiarme la pierna”, o “Justo ese día tengo que bañar a los chanchos”. Si esa excusa funciona, ya no habríamos caído en la disprofasia, pero sí en el empoquetamiento (en su segunda acepción).

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Capiversia

Posted by jorgemux en agosto 28, 2013

(Sustantivo. Contracción de capitiversia. Del latín caput = cabeza y vergo = estar inclinado, estar vuelto)

Reacción que poseen las personas en el instante inmediatamente posterior a un suceso ruidoso. 

Cuando en un restaurante se escucha el inequívoco sonido de una bandeja con platos cayendo al piso, todos los comensales hacen silencio y voltean la vista en la dirección del ruido. Si se oye una frenada y un choque, de inmediato todos atienden al lugar de donde proviene el fragor y caminan hacia allí. Si en mitad de la clase silenciosa a un alumno se le cae la cartuchera y se desparraman sus útiles, nos veremos obligados a mirar el suceso. El término se aplica a estos casos y a cualquiera en los que intervenga un espacio relativamente amplio y una multitud que desvía unánimemente su atención hacia el hecho: el ruido y la posibilidad de una catástrofe (o, al menos, de un papelón) se convierten en el centro de escena indiscutido. No importa si antes del suceso estaba ocurriendo algo trascendente: nadie puede perderse de observar a la moza desparramada en el suelo, con las copas hechas añicos y el champagne regado en las paredes.  
El nombre “capiversia” proviene de la acción de voltear bruscamente la cabeza. 

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Disaccesibilidad

Posted by jorgemux en julio 31, 2013

(Sustantivo. De dis y accesibilidad)

Incapacidad de tener a mano elementos que debieran estar accesibles. 

Un teléfono celular tiene funcionalidad si se lo mantiene cerca y si se lo puede atender sin complicadas operaciones. Pero algunas personas lo guardan en el bolsillo interno de un bolsito que dejaron en una percha en el placard debajo de una campera. De modo que, cuando suena, hay que sortear todos esos obstáculos para atenderlo. Algo similar ocurre con el dinero: hay quienes, al momento de pagar, rebuscan entre bolsillos (formiciándose) o carteras o portafolios para dar con alguna tarjeta o billete o moneda (lo que se encuentre primero) mientras la cola de la caja se hace más prolongada e impaciente.
Por culpa de nuestra tendencia a la disaccesibilidad, dejamos los anteojos, el control remoto, las llaves del auto, el encendedor, el termómetro, el número de teléfono de la pediatra, los calzoncillos, el paraguas, la llave de corte general, las velas y las servilletas, en algún receptáculo dentro de otro receptáculo para el cual hay que emplear llaves que están en otro lugar al que solo se ingresa si se tiene una clave que dejamos en un papel dentro del bolsillo de un pantalón que está en el canasto para lavar ropa, canasto que tiene varios pantalones iguales y que no está en el lavadero, sino en el galpón del fondo donde hay una araña enorme que pica, araña que no podemos matar porque no podemos sacar el insecticida que quedó en una alacena de la cocina que se trabó porque tiene las bisagras oxidadas.  

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Teagarrismo

Posted by jorgemux en julio 5, 2013

(Sustantivo. De la expresión “¡Te agarré!”. Adjetivo: teagarrista)

Tendencia a encontrar contradicciones donde no las hay.

El teagarrista considera que tiene una especial capacidad para pescar in fraganti profundas incoherencias en las personas. Sin embargo, los razonamientos que llevan a concluir tales contradicciones son retorcidos y por lo general utilizan premisas muy complejas y lejanamente aceptables. “Ahhh, ahora te agarré… ¿Estás comprando pan? ¿Y vos no estabas contra el paro del campo?“: Si se desglosan las premisas del razonamiento anterior, podrá observarse que se unieron ciertos supuestos (“Si estás contra el paro del campo, entonces estás a favor de que se comercialice trigo. Pero el paro del campo existió porque no se permite comercializar trigo en la cantidad adecuada. Por lo tanto, quien está en contra del paro del campo, para ser consecuente, no debe consumir trigo”), los cuales rara vez se explicitan al momento de acusar a alguien, porque el teagarrista los considera inmaculadamente evidentes.

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