Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for the ‘A’ Category

Acrenóptero

Posted by jorgemux en diciembre 5, 2013

(Adjetivo. Del griego akrós = alto; oinós = vino y ópter = que mira)

Dícese de quien en los supermercados observa las góndolas de vino caro. 

Las vinerías y autoservicios exhiben los vinos de forma jerárquica: los más baratos en la parte de abajo de la góndola; los de gama media en el medio y los de alta gama en la parte superior. Cuando nos acercamos a la góndola de bebidas, entonces, tenemos la oportunidad de mostrar en qué nivel económico estamos o qué tan alcohólicos somos. Si andamos con la cabeza agachada, mirando la parte inferior de la góndola etílica, buscando vinos sin varietal, en caja o de marcas populares, entonces algo anda muy mal en nuestra vida y más vale que no nos vean en esa deplorable situación: somos unos pobres borrachos sin remedio, desesperados por tomar cualquier aguarrás tinto con tal de que sea barato y parezca vino. Si alguien nos ve en ese trance, solemos esgrimir con vergüenza: “Estoy comprando Santa Ana porque voy a hacer un pollo al disco. ¡Esto yo no lo tomo ni loco!“, para que no nos confundan con un beodo indigente y sucio cualquiera. Por lo general, quienes frecuentan la parte inferior de la góndola son ancianos mal vestidos y con una barba de tres o cuatro días.
En cambio, cuando queremos parecer entendidos, levantamos la vista con orgullo y observamos los finísimos malbec y syrah; escudriñamos detenidamente las etiquetas como si supiéramos la diferencia entre un cabernet y un bonarda, fingimos que nos interesa la cata y adoptamos un lenguaje que incluye las palabras “taninos” y “bouquet” (aunque no tengamos la menor idea de lo que significan): nos hemos convertido en acrenópteros.
El acrenóptero acaricia con orgullo las botellas. Las saca de su exhibidor, las toma, las palpa, lee con intensidad lo que dicen, pero luego, inevitablemente, las devuelve a su lugar. Es que son muy caras para un asalariado recién devenido en clase media que tiene la tarjeta a punto de reventar. Por lo general, un acrenóptero se encuentra con otros y entre ambos se ponen a conversar y a recomendarse vinos que nunca han tomado: “El Catena Zapata es el mejor de todos. Claro, cuesta mil trescientos pesos. No, yo nunca tomé, pero el jefe de un amigo mío una vez lo probó y dijo que era riquísimo“. “Vea, si está dudando, cómprese un Rutini. Tiene un bouquet que recuerda al aroma de las rosas silvestres de la campiña del Lacio. No, nunca estuve en el Lacio y no sé dónde demonios queda, pero a mí me recuerda eso. Bah, me lo recordaría si alguna vez lo hubiera tomado“; “Ah, lo que debe ser este Vento 2004 con un quesito Brie. A propósito, ¿qué es el queso Brie?“. Desde luego, después de esa charla de gourmand, bajan la vista hacia la mitad de la góndola y terminan eligiendo (y recomendándose) el vino más barato y más rico de gama media o, como ellos gustan decir, “la mejor relación precio – calidad que podés comprar con treinta y cinco pesos“.
El acrenóptero descripto más arriba no es el único. También está el que efectivamente tiene dinero y elige vinos caros. Pero en todos los casos, los acrenópteros son hombres (y no mujeres) de mediana edad (y no jóvenes) que comparten el placer por hablar sobre vinos y por demostrar a otros la experiencia enológica y la exquisitez de su paladar.

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Autotruncia

Posted by jorgemux en septiembre 2, 2013

(Sustantivo. Del griego autós = por sí mismo y del latín truncare = amputar, mutilar)

Mutilación espontánea.

Cuando se encuentra un cuerpo descuartizado, no siempre se debe suponer que alguien lo descuartizó. Así como aparentemente existe la combustión espontánea, es posible también que a una persona se le caigan los brazos, las piernas y la cabeza sin que haya una fuerza violenta externa que provoque tal suceso. Aunque parezca insólito, durante la edad media y parte de la moderna, en Europa, algunos acusados de homicidio alegaron la autotruncia. Era común que algunos esposos mataran a su mujer con un hacha y luego hicieran el descargo judicial, argumentando que habían encontrado el cuerpo “con signos inequívocos de autotruncia”. El caso más sorprendente ocurrió en 1654 en Colmar (Alsacia, Francia): el ejército mató y descuartizó a varias docenas de personas, las apiló en un descampado y, cuando los civiles descubrieron los cuerpos, se adujo una “masiva mutilación espontánea seguida de un apilamiento post mórtem espontáneo”

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Amesoide

Posted by jorgemux en agosto 6, 2013

(Adjetivo. Del griego a = no; mésos = medio y terminación -oide, de eídos = forma)

Dícese del conjunto de situaciones o eventos que no tienen estado intermedio. 

Esta definición un tanto oscura se refiere sin embargo a ciertos sucesos familiares: usted va al médico porque tiene un leve dolor en el pecho. El médico lo examina y dice que no tiene nada; que su síntoma es muy difuso y que probablemente tienda a sobredimensionar sus padecimientos. Vuelve a casa sintiéndose un hipocondriaco y hasta se avergüenza de haberle hecho perder el tiempo a su doctor. Cinco días después, el dolor aumenta. Usted ve a otro médico y este dictamina que padece una gravísima enfermedad, y se lamenta de que no se haya hecho un chequeo antes. Cinco días antes, no tenía nada. Ahora ya es tarde. No hubo estado intermedio: su enfermedad y los diagnósticos médicos dieron resultados amesoides.
Consideremos otro ejemplo menos dramático. Un hombre conoce a una mujer. El hombre busca complacerla por todos los medios. Es amable, cuidadoso, atento, apasionado y tierno. Le escribe poemas; compra regalos caros; limpia la casa y cocina. Pero un día le compra un regalo un poco menos caro que los anteriores, y por ese suceso, la mujer, indignada, lo abandona para siempre. La relación fue amesoide: la mujer la planteó de modo tal que o bien el hombre mantenía un estricto patrón de conducta, o bien no valía la pena continuarla. No se planteó la posibilidad de un punto intermedio.

Las situaciones amesoides ocurren, en realidad, por concepciones humanas erróneas. Pareciera como si hubiera estados en los que se está por completo, o no se está en absoluto. Pero en realidad, siempre es posible encontrar (o inventar) un estado intermedio entre la salud y el desahucio, o el enamoramiento romántico y el despecho, o la opulencia feroz y la pobreza absoluta, o la sabiduría y la ignorancia, o la adicción al trabajo y la vagancia. Sin embargo, en algunos casos nos vemos condenados a que nos clasifiquen en alguno de los extremos de estos opuestos, sin que podamos acceder a los puntos medios que estos suponen.

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Anicio

Posted by jorgemux en abril 8, 2013

(Sustantivo. Del latín a = privación, separación e ire = ir, moverse hacia un lugar. Verbo transitivo: aniciar)

Si el inicio marca la primera fase de un proceso, el anicio es la indefinición, interrupción o indeterminación de un proceso en sus primeras fases.

El fenómeno del anicio es sumamente cotidiano, aunque la definición quizás no permita verlo. Supongamos que usted ha comenzado las vacaciones en su oficina, pero de todos modos debe seguir yendo a limpiarla, a ordenar papeles y a terminar con un trabajo pendiente. En ese caso, oficialmente usted está de vacaciones, pero de hecho ese inicio se ha visto impedido o demorado: sus vacaciones no han comenzado; han aniciado
Si los alumnos comienzan las clases pero en los primeros días se anuncian huelgas docentes por tiempo indeterminado, podemos decir que no se ha dado inicio al ciclo lectivo, sino que se ha aniciado.
Si se levanta muy temprano a la mañana y a la media hora le da un sueño terrible de manera que duerme cinco o seis horas más, diremos que su día anició temprano, pero se inició luego de esa larga siesta.

La palabra “anicio” permite distinguir entre el comienzo oficial de algo y el comienzo real. A veces las cosas se inician oficialmente sin que se inicien en la realidad: en esos casos no tenemos inicios, sino anicios. 

Aunque hay cercanía semántica con la palabra “aborto”, esta última se distingue del anicio en que el aborto presupone un nacimiento futuro (de ahí la raíz “orior”, ‘nacer’, presente en “aborto”), mientras que el anicio implica que el nacimiento de algo ya ocurrió, pero las cosas dejan de estar claramente definidas después de ese nacimiento.

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Amoviloquio

Posted by jorgemux en marzo 5, 2013

(Sustantivo. Del latín amoveo = desviar y loquor = hablar) 

Expresión que relata una circunstancia que sería imposible de relatar si de hecho estuviera ocurriendo.

Si usted se quedó mudo, es difícil que pueda decirlo a los gritos. Si se quedó dormido, no podrá informarlo. Si está teniendo un accidente cerebro vascular (en especial, si compromete las áreas cerebrales de Broca y de Wernicke, encargadas de procesar el lenguaje) sería imposible que pudiera expresarlo. Por eso, las expresiones como “Estoy mudo”, “Estoy profundamente dormido”, “En este momento estoy inconsciente” o “Estoy teniendo un ACV”, dichas a viva voz, no tienen ninguna forma de ser verdaderas cuando se las emite en primera persona y en tiempo presente. Son amoviloquios . Si alguien enuncia un amoviloquio tenemos que pensar que habla en broma o que está teniendo algún raro y curioso fenómeno mental. Por el contrario, si de verdad le están ocurriendo esos sucesos, debería estarlos padeciendo en una completa imposibilidad de articulación de lenguaje sonoro y en la mayoría de los casos (no en el de la mudez) también de lenguaje escrito.

Los amoviloquios pueden ocurrir en otros contextos, aunque aquí no podemos hablar de imposibilidad, sino de algo manifiestamente extraño que parece ocultar otras finalidades.
Si a usted le están robando el teléfono celular, sería muy extraño que los ladrones le permitieran mandar un mensaje comunicando ese mismo suceso. Ahora bien, si usted ha enviado un mensaje que dice “Aaaaah, me están afanando el celular”, de inmediato ese mensaje se vuelve sospechoso. 

La conducta del amoviloquio se desvía de lo esperable en el juego del lenguaje. Un filósofo como Hilary Putnam califica de “expresiones desviadas” aquellas emisiones que no tienen convencionalmente ninguna condición de verdad. De ahí su etimología. 

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Anuncamar (se)

Posted by jorgemux en febrero 13, 2013

(Verbo. De nunca y más. Adjetivo: anuncamado. Sustantivo: anuncamamiento.)

Anunciar en voz alta que nunca más se hará alguna acción banal o cotidiana.

Para que se produzca el anuncamamiento, es necesario que el anuncio implique una restricción excesiva y que, por lo tanto, no se pueda cumplir con lo anunciado. Si alguien dice “nunca más tomo un vaso de agua en mi vida”, es posible que se haya anuncamado, pues tarde o temprano quizás alguien le ofrecerá un vaso de agua -en una reunión, en la casa de un pariente o alguna tarde calurosa- y no tendrá más remedio que aceptarlo.
Muchas veces los padres anuncaman a sus hijos: les dicen que si hoy no ordenan su cuarto, nunca más les comprarán golosinas o nunca más les dejarán usar sus juguetes. Los niños aprenden desde muy temprano que sus padres utilizan el anuncamamiento como una amenaza imposible de cumplir; saben que en el reino de las relaciones parentales el “nunca más” no existe, y mucho menos si la amenaza implica algo tan cotidiano como un juguete o una golosina.  

Uno puede anuncamarse a sí mismo, o anuncamar a otra persona. En todos los casos, el anuncamamiento es un “irse de boca”, es prometer una renuncia que desde el mismo instante en que se emite está condenada al perjurio. De hecho, el anuncamado se distingue del perjuro porque este último rompe su juramente pudiendo haberlo cumplido (y con plena conciencia de ello). Pero el anuncamado hace un anuncio cuyas condiciones son a priori imposibles de satisfacer. Lo curioso es que el anuncamamiento no puede satisfacerse no porque el objeto de la promesa sea muy difícil o inalcanzable, sino porque es demasiado cotidiano como para excluirlo de las prácticas de la vida diaria.

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Avencordia

Posted by jorgemux en febrero 11, 2013

(Sustantivo. Del latín avenor = porvenir y cordis = corazón [de donde se deriva “recordar”]. No confundir con avercodar)

Memoria de hechos futuros.

La avencordia puede presentarse de dos maneras bien definidas:
En una de ellas, la persona que posee avencordia recuerda clara y vívidamente hechos futuros. En algunos casos no sabe que esos hechos todavía no ocurrieron; en otros tiene también una plena conciencia de que esos hechos están por venir. A esta clase de avencordia la podemos llamar “avencordia consciente”.
En la otra clase, el individuo no conoce conscientemente su recuerdo, pero actúa de acuerdo a lo que le está por ocurrir, sin saber por qué y sin saber exactamente qué le va a ocurrir. Una futura víctima de un accidente de tránsito llora por anticipado por su propia muerte inminente. No sabe por qué llora y no sabe que va a morir, pero algo en él ya conoce el futuro. Si nos embarga una enorme tristeza unos días antes de recibir una mala noticia; o si, por el contrario, tenemos una euforia inexplicable antes de recibir una buena noticia, entonces sufrimos de esta “avencordia inconsciente”.  Si usted se prepara para recibir a un tío que viene a visitarlo de un lugar muy lejano (y usted no sabía que venía ese tío), o si quema unos escritos comprometidos una hora antes de que vengan a allanarle la casa (y usted no sabía que le iban a allanar la casa), entonces ha sufrido de avencordia inconsciente.

La avencordia parece mostrarnos que el tiempo no marcha en una sola dirección. Nuestra vida se enfoca en un sentido del tiempo, pero algunas veces tenemos vestigios, indicios inconcluyentes en la memoria o en el cuerpo, de que el tiempo se mueve hacia adelante y hacia atrás. A veces la memoria se quita la atadura con el pasado y se atreve, por error o por capricho, a asomarse en la otra dirección del tiempo.

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Antolecto

Posted by jorgemux en enero 23, 2013

(Sustantivo. Del griego anthós = flor y léxis = estilo, expresión)

La mejor forma de expresión verbal de una persona. 

La definición un tanto oscura seguramente no deja ver la familiaridad del hecho definido. El antolecto es aquella verbalización florida y cuidada que utilizamos cuando hablamos ante un juez, ante un profesor que nos toma examen, ante el padre de nuestra novia o ante nuestro futuro patrón. En nuestra vida cotidiana no pronunciamos con claridad, omitimos eses finales, usamos codas, apócopes y apelativos como “che” acompañados de insultos y referencias despectivas: “Che, enano de mierda, alcanzame la poronga esa para destapar lo caño”. Si llega a nuestra casa el inspector de salubridad o el pastor de la iglesia, cambiamos nuestra expresión y decimos algo como: “Querido hijo mío, ¿tendrías a bien dejar cerca de mis manos la sopapa para destapar la pileta del toilette?”. Esta última verbalización es un antolecto. Como puede verse, el antolecto se utiliza para situaciones en las que está presente alguien a quien le atribuimos poder y, en muchos casos, cierta superioridad de clase social.

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Agéfiso

Posted by jorgemux en noviembre 23, 2012

(Adjetivo. Del griego á = negación, géfyra = puente y phýsis = naturaleza)

Dícese de la teoría o conjunto de hipótesis que no tienen contacto con las leyes de la ciencia natural. 

Cuando se elabora una teoría de “alto nivel” (por ejemplo, una teoría política o una teoría de la mente), es deseable que los conceptos de la teoría tengan algún tipo de correlación con la biología, la química y la física. Este tipo de correlaciones se denominan “principios puente” (bridge laws). Pero existen teorías que no especifican o que no admiten tal correlación: los conceptos de dichas teorías no pueden involucrar ningún aspecto de la biología, ni de la física, ni de la química: sus elementos son, muchas veces, abstracciones sin carnadura ni genealogía material de ningún tipo. Un ejemplo de teoría agéfisa está dada por cierta variedad de psicoanálisis en la cual las tópicas freudianas se utilizan como modelos explicativos de la mente, pero esas mismas tópicas no pueden conectarse ni con partes específicas del cerebro, ni con una teoría funcional de la mente. Cuando se estudia al hombre como animal político, soslayando -y no permitiendo- el contacto con otros aspectos de la “animalidad” humana, se está haciendo una teoría agéfisa. Cuando se establece una teoría sociológica en la que las nociones de “patriarcado”, “injusticia social”, “pobreza”, “egoísmo” no admiten ninguna hipótesis biológica, estamos ante una teoría agéfisa.
Por lo general, las hipótesis agéfisas funcionan como guetos conceptuales: los términos de dichas hipótesis deben interpretarse como primitivos dentro de la teoría; no se admite contacto de esos términos ni con la biología, ni con la física, ni con la química. Un ejemplo de gueto conceptual está dado por el término “egoísmo”. Si pensamos el egoísmo sólo como un producto social y no permitimos una vinculación con una teoría biológica, hemos establecido a priori que no pueden estudiarse las bases biológicas de la conducta egoísta, con lo cual se cierran las puertas para cualquier principio puente que pueda tenderse entre el estudio sociopsicológico del egoísmo y el estudio biológico.

A veces, los partidarios de una teoría agéfisa deciden no establecer ese contacto por un prejuicio metodológico: suponen que tender los puentes hacia la biología o la física es abrir la puerta hacia un reductivismo científico. Se suele suponer erróneamente, por añadidura, que la incorporación de principios puente con la ciencia natural le conferiría a la ciencia social una explicación determinista y sumamente estrecha.

(Sospecho que este problema ya tiene nombre)

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Ataractoclasta

Posted by jorgemux en noviembre 19, 2012

(Adjetivo. Del griego a = negación; taraxé = perturbación y klastés = rompedor)

Dícese de la persona cuyas palabras generan inquietud, disgusto, enojo y /o intranquilidad.

El ataractoclasta nos cambia radicalmente el estado de ánimo: pasamos de estar sanamente tranquilos a estar preocupados e irritados. Si vemos un mensaje del ataractoclasta en el correo electrónico o en las redes sociales, antes de leerlo ya pensamos “con qué saldrá este ahora”, y encaramos su lectura mal dispuestos y con la certeza de que el mensaje nos llevará a una discusión casi eterna, o a alguna acción urgente, o a la presunción de que pasa algo terrible. Después de leer o escuchar sus palabras el mundo ya no es el mismo; la alegría y el buen humor se disipan irremediablemente, y solo nos queda soportar las consecuencias de su acto de habla. El ataractoclasta es un terrorista de los estados de ánimo; su único objetivo es convencernos de que estamos equivocados, de que nuestro pensamiento no vale y de que la apacible quietud en la que estuvimos sumergidos antes de sus palabras era, en realidad, un espejismo o una evasión de nuestra propia ignorancia.

Hay enormes puntos de contacto entre el ataractoclasta y el irenófago. Este último, en cambio, no tiene la intención de provocarnos mal humor. El primero, en cambio, parece firmemente dispuesto a arrebatarnos cualquier disfrute cotidiano.

(Estoy convencido de que yo me he convertido en un ataractoclasta de las redes sociales)

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