Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for 31 enero 2011

>Enconchonazo

Posted by jorgemux en enero 31, 2011

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(Sustantivo. De concha, término vulgar para referirse a la vagina)

Choque frontal entre vientres de dos o más mujeres.

Un enconchonazo suele ser involuntario, aunque a veces es consensuado por ambas partes y tiene un objetivo puramente lúdico.

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>Dénodo

Posted by jorgemux en enero 27, 2011

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(Sustantivo. Del latín de = sobre, de arriba abajo y nodus = nudo)

Día en el que se resuelven muchas cosas pendientes.

La mayoría de nuestro tiempo vital consiste en una sucesión indecisa de horas en las que se van acumulando obligaciones y necesidades. A veces se nos hace urgente llamar al plomero, arreglar un desperfecto del automóvil, limpiar el baño y leer un complicado artículo sobre genética. Pero por razones banales o anecdóticas, nunca podemos siquiera iniciar esas acciones. Sin embargo, un día nos levantamos temprano, con inusual energía y lucidez, y en unas pocas horas cumplimos con todas las tareas pendientes. Y no sólo eso: nos llaman del banco para comunicarnos que ya nos asignaron ese préstamo por el cual venimos luchando desde hace años, o nos avisan que los análisis dieron bien, o que ese pariente conflictivo por fin se murió. Muchas situaciones que se han mantenido indecisas por años, se resuelven en un dénodo.

Los dénodos no siempre implican el carácter positivo de lo resuelto: quizás las cosas se resuelven ese día, pero para mal. El plomero puede decirnos que los caños están rotos y que costará una fortuna arreglarlos. Los análisis podrían revelar una terrible enfermedad, y el pariente conflictivo que murió, tal vez, no dejó herencia pero sí molestas y costosas directivas para su prolongado y exótico funeral. 

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>Desmondongar(se)

Posted by jorgemux en enero 26, 2011

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(Verbo. De mondongo)

Hacer esfuerzo por disimular la panza. 

Las mujeres y los hombres se desmondongan de manera diferente. El desmondongado tiene interés en mostrar su torso al desnudo, y hace una visible presión por contener el aire y levantar su caja torácica. La mujer, en cambio, utiliza trusas, fajas o pantalones elastizados que no permiten revelar el tamaño de su vientre.
Este término no se aplica a la mujer embarazada que desea disimular su gravidez.
El cinturón suele ser amigo común de la desmondongada y el desmondongado. 
Suele ser más difícil desmondongarse si, además, se está enchulenguizado.

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>Anastolpio

Posted by jorgemux en enero 25, 2011

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(Sustantivo. Del griego anastéllo = detener y spáo = romper)

Momento estacionario en la rotura de un objeto o sistema.

A veces un vaso se empieza a cuartear, un puente comienza a ceder, un riñón funciona mal o una relación cae en desamores y malentendidos . En todos estos casos, el daño parece progresivo, acelerado e indetenible. Sin embargo, existe una meseta en el deterioro: hay un periodo (a veces extenso) en el cual la destrucción parece detenerse y el objeto o sistema sigue operativo, casi por milagro. El vaso, a pesar de las innumerables rajaduras, todavía puede contener líquido sin gotear, y seguirá así durante meses. Los automóviles podrán seguir circulando por encima del puente, a pesar la inminente caída profetizada por ingenieros, los riñones enfermos seguirán filtrando sales por largos años y la pareja continuará conviviendo con eventuales riñas hasta la vejez: en este último caso, quizás, porque es posible soportar toda la vida aquello que no puede soportarse un segundo más
Tal vez todas las cosas del universo estén pasando por un anastolpio. La completa y perfecta funcionalidad es apenas un mito: la realidad es que todo va camino a la destrucción, y la operatividad de los objetos del mundo es sólo provisional y producto de un delicado (pero efímero) equilibrio de fuerzas que se disputan la ruina definitiva.

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>Liparquibio

Posted by jorgemux en enero 24, 2011

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(Sustantivo. Del griego leípo = dejar; arché = inicio, principio y biblíon = libro)

1. Acción y efecto de abandonar un libro en las primeras páginas. 

Podría pensarse que el liparquibio se comete sólo cuando una lectura resulta poco interesante. Sin embargo, este fenómeno ocurre por motivos muy diversos: cuando hay muchos libros y poco tiempo para leerlos, es probable que se hojeen muchos sin la firme decisión de terminarlos o tan siquiera avanzarlos. Otras veces, aunque no nos corra el tiempo y por más cautivantes que resulten los primeros párrafos, simplemente (y sin razón) no seguimos leyendo. Es común que se formen pilas de libros en los escritorios y mesas de luz, y que de esas pilas ya hayamos examinado las primeras carillas de cada ejemplar y que, por lo tanto, podamos sospechar con cuáles de ellos retomaremos la lectura, y con cuáles cometeremos liparquibio.
Por extensión, se denomina así a los libros que quedan amontonados como muertos, huérfanos de lectura y de biblioteca: “Tengo liparquibios hasta en el baño. No sé bien qué hacer con ellos: si guardarlos, regalarlos, quemarlos… o seguir leyéndolos“, puede decir un desconcertado bibliófilo: él seguramente valora la lectura e incluso manifiesta interés por esos libros, pero ya sabe que no va a seguir leyéndolos y que sólo estarán ahí ocupando espacio.

2. Cualquier actividad que se abandona en el inicio.

A veces, fulgoritos y atornugados comienzan a practicar yoga, andinismo, inglés o aikido, y abandonan en los primeros intentos. La acumulación de estas actividades abandonadas es el reguero de los liparquibios de nuestra vida. Después de un liparquibio, es normal que queden optoparoncios.   

Puede tomarse el término “liparquibio” como un sustantivo colectivo, que se refiere (en singular) a todas las actividades abandonadas: “Ahí están la guitarra, el traje de payaso, los libros de cocina y la escopeta. Todos ellos conforman el liparquibio de mis últimos tres años

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>Ignícono

Posted by jorgemux en enero 20, 2011

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(Sustantivo. Del latín igneus = de fuego y del griego eikónes = imagen)

Imagen hecha con fuego. 

Existen dos modos de entender la acepción de “ignícono”: una modesta y otra fantástica.
En su acepción modesta, un ignícono es cualquier imagen reconocible que puede visualizarse por un momento en el crepitar inquieto de una llama. Al igual que en las nubídeas, es posible encontrar todo tipo de figuras entre las brasas encendidas: caballos corcoveantes, montañas volátiles, el rostro de un pariente muerto, una serpiente anaranjada. El ignícono es producto de cierta atenta mirada y un libre proceso de asociación imaginaria.
En su acepción más fantástica, un ignícono es una figura que se esculpe en el fuego, como si las llamas fuesen un material moldeable. Una variedad del ignícono es el ignigrama: mensajes cifrados que se transmiten a través del fuego. Nunca sabemos si los incendios intencionales no son más que igníconos o ignigramas en los que alguna logia secreta pretende dejar mensajes mafiosos, benefactores o banales.

Existen ciertas hitorias, de dudosa corroboración y vagamente documentadas, en las que se habla de una figura humana o animal que emerge de una fogata y se eleva por los cielos, o corre por el aire sin volatilizarse. En estos casos ya no hablamos solamente de un ignícono, porque -según estos testimonios- no se trataría de una simple imagen, sino de un ser viviente que emerge del fuego y vive todo lo que le permite su proceso de combustión: se trata de un ignobio.

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>Mágrade

Posted by jorgemux en enero 18, 2011

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(Sustantivo masculino. Del latín magis = más y grates = gracia)

Agradecimiento desmedido.

Cuando alguien agradece de manera muy efusiva por algo que no merece demasiada atención, ha cometido mágrade. Ceder el asiento a una anciana, o pagarle con monedas al kiosquero son actos de calculada cortesía social. Ante ellos, en el mejor de los casos sólo recibiremos un breve “gracias” y quizás una sonrisa amable. Sin embargo, no esperaríamos que el ciego al que ayudamos a cruzar nos llame todos los días para recordar la fugaz gentileza, o que la dama a la que abrimos la puerta nos envíe tarjetas de felicitación y un regalo todos los meses: allí se estaría pasando del agradecimiento socialmente aceptable al mágrade. 
Cualquier mágrade suena falso, teatral y enfermizo, y si somos víctimas de él sentiremos rechazo y lástima por quien nos lo proporciona.

La contracara del mágrade es el mensulto.

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>Xeroglótico

Posted by jorgemux en enero 17, 2011

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(Adjetivo. Del griego xéros = seco y glóssa = lengua)

Quien hace largos discursos sin pausa. 

El xeroglótico no respira ni hace pausas en su insuflada disertación, y tampoco (como lo indica su etimología) se toma tiempo para tragar saliva y lubricar su garganta. Después de un parlamento interminable queda agitado, ronco y jadeante. Sin embargo, rara vez el cansancio lo amedrenta: ni bien recupera el aliento se zambulle en una nueva catarata discursiva de final impredecible. Quienes lo escuchan se sienten vapuleados por la falta de pausas, e incómodos por la voz cada vez más jadeante, arenosa y quebradiza. Las palabras del xeroglótico se vuelven más difíciles de escuchar a medida que disminuye la lubricación de las cuerdas vocales, porque el oyente ya no escucha el discurso, sino el esfuerzo desafinado de una garganta cuya voz suena doliente y rasposa como un motor sin aceite. 

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>Prodichero

Posted by jorgemux en enero 14, 2011

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(Adjetivo. Del latín pro = en favor de y dictum = sentencia, expresión, dicho)

Quien dice frases banales, crípticas o ambiguas y propone que se piense algo profundo a partir de ellas. 

De vez en cuando alguna persona que se autoconsidera sabia nos dice una seguidilla de palabras con poca sustancia y atinencia, y remata su alocución con un “te lo dejo para que lo pienses“, o “pensalo con el corazón“, o “fijate bien en lo que digo“. Es frecuente que esa sucesión de palabras sea nada más que un truco retórico de poco vuelo, cuya exégesis requiere apenas de un microsegundo y cuya profundidad apenas rebasa la interpretación literal. El prodichero, sin embargo, enuncia sus refrancitos con tono solemne y con la convicción de que por sus labios fluye la sabiduría. Mediante sus palabras pretende calar en el espíritu de su paciente víctima y, de ese modo, provocarle algún tipo de honda conversión moral. 
Ejemplos: “No te mates, Martín, mejor tomá mate… Pensalo“.
No estamos solos… sólo estamos… Te tiro esto para que lo pienses
Para que reflexiones: el matrimonio no tiene ida, tiene vueltas

A veces se puede llamar prodichero a quien dice frases morales sin la coda que invita al pensamiento o la reflexión. En estos casos, entonces, no es necesario que diga “pensalo” o “reflexioná sobre esto”. Sin embargo, la ausencia de esta coda quita patetismo al prodichero, y lo convierte en un simple cripticista. En este último sentido, los prodicheros más famosos de Argentina son José Narosky y el rabino Bergmann.

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>Conjetonear

Posted by jorgemux en enero 13, 2011

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(Verbo intransitivo. De conjeturar y jetonear, argentinismo por “hablar de más”)

Hacer conjeturas aventuradas, infundadas y maliciosas en voz alta.

A veces las personas mantienen sus prejuicios en silencio, o los susurran en charlas de vecinos sin que alguien se pueda sentir visiblemente ofendido. Pero cada tanto alguien conjetonea: levanta la voz, grita sin motivo y pide explicaciones por algo que sólo está en su imaginación. Si un vecino usa pelo largo y trabaja de noche, el prejuicioso conjetura que vende droga. Si, además, le grita “por culpa tuya mi hijo es drogadicto“, está conjetoneando.
Si la vecina ha tenido una hija siendo muy joven y no se le conoce pareja, el conjetoneador le gritará “puta, seguro que a tu hijo te lo mantiene el cafiolo“.
Quien conjetonea suele ser paraxénico: todo a su alrededor es sospechoso. El problema es que, para el conjetoneador, sus prejuicios no son sólo sospechas infundadas; él está convencido de que ha sacado las conclusiones correctas y por eso no tiene reparos en gritarlas a viva voz.

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