Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for 31 octubre 2008

Metaneuma

Posted by jorgemux en octubre 31, 2008

(Sust. masculino. Del griego metá = más allá y pnéuma = aire, soplo, respiración)

Suspiro que realizan los muertos.

Como el mortiloquio, el metaneuma es un fenómeno infrecuente, desconcertante y sombrío. A veces los muertos -los muertos recientes y con muertes no cruentas, no las momias o los cadáveres corroídos y despedazados- pueden hacer una pequeña y última exhalación de aire, o bien pueden realizar un largo y prolongado suspiro acompañado de un ligero llanto o gritos aterradores.

Estas manifestaciones llenan de falsas esperanzas a los deudos. El metaneuma surge de gases acumulados en el pulmón o en otras partes del cuerpo, los cuales, por algún fenómeno puramente fisiológico, son liberados de manera repentina y a veces estruendosa.

Normalmente, el metaneuma consiste en una única exhalación. Pero, en casos muy curiosos, esta exhalación imita perfectamente a la completa acción de respirar, y se produce de manera alternada (exhalación, inhalación), como si los pulmones y los músculos funcionaran. Cuando esto ocurre, se puede sospechar un peranimismo. Sin embargo, la mayoría de las veces el aire exhalado es frío y evidencia que en el interior de ese cuerpo no hay vida: apenas una sucesión mecánica de escapes gaseosos.

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Peranimismo

Posted by jorgemux en octubre 30, 2008

(Sust. Del latín per = con insistencia y anima = alma)

Fenómeno según el cual el alma permanece en el cuerpo aun después de la muerte.

Es común la creencia de que, con la última exhalación, el alma se aleja del cuerpo. Sin embargo, puede hablarse de algún caso en el cual, a pesar de esa exhalación, el alma permanezca y se empeñe en seguir habitando un cuerpo muerto. Por definición, el cuerpo muerto no puede moverse y, sin embargo, el alma le otorga movimiento. Este conflicto entre la imposibilidad de movimiento y la presencia del elemento activo puede desencadenar en dos hechos: o bien el cuerpo sigue moviéndose por dictamen del alma -aunque ya no respire-, o bien el alma se vuelve impotente para mover un cuerpo corrompido.

El peranimismo es un fenómeno curioso: normalmente, se entiende que los muertos vivientes, gólems o zombis son seres sin alma. El peranimismo afirmaría que, además de esos casos en los que el alma no es el principio activo de su movimiento, hay otros casos en los cuales sí hay un espíritu. A pesar de que no sea fácil distinguir a un zombi de un peranimado (pues en prinicipo podrían tener el mismo comportamiento post mortem) , deberíamos poder establecer si el sujeto que camina con rigor mortis es un zombi (es decir: un ser sin alma) o un peranimado.

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Preforinquia

Posted by jorgemux en octubre 29, 2008

(Sust. Del latín pre = antes, foris = puerta e inquies = inquietud)

Sobresalto, temor o fastidio que provocan el sonido del timbre o del teléfono.

Un llamado sorpresivo a la madrugada nos induce a las más horrendas conjeturas: alguien necesita ayuda; alguien ha muerto. La mente elabora una seguidilla de hipótesis espantosas desde el primer ring hasta el momento de levantar el tubo. Esa premonición negativa es la preforinquia.

Pero el término no se refiere a estos casos en particular, los cuales, dado lo inesperado de un llamado a la madrugada, podrían inducir sin problemas a sospechar algo malo: la preforinquia se extiende a cualquier llamado o a cualquier timbrazo a toda hora. Quien padece de preforinquia está esperando una mala noticia o una visita imprevista que arruine los planes de su día. Desde el momento en que tocan el timbre, y durante el trayecto para abrir la puerta, el preforínquico se dice a sí mismo: “Debe ser Marcos; si es Marcos le digo que no puedo atenderlo; pero si es Carla, bueno, a Carla le tengo que inventar una historia de por qué no hice el otro día tal o cual cosa. Espero que no sea Alicia. Alicia viene de visita y se queda todo el día. ¿O vendrán a traerme un telegrama de despido? ¿O querrán, otra vez, que vaya a la oficina para avisarme que llené mal los papeles?

Llega el alivio de la preforinquia cuando comprobamos que tras la puerta sólo hay un vendedor, o un repartidor que nos deja la pizza y sigue su viaje, o un empleado de correos que nos trae un telegrama de despido, o la mismísima muerte.

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Occiducia

Posted by jorgemux en octubre 28, 2008

(Sust. Del latín occido = morir y ducere = conducir)

Trayecto que realiza un vehículo cuando su conductor ha muerto.

Si al conductor de un automóvil lo sorprende la muerte mientras está manejando, el automóvil realizará una errática trayectoria hasta detenerse por completo. Esa trayectoria ciega y acéfala que nace de un movimiento sin objetivos es la occiducia.

Por extensión, se denomina así a los breves y espasmódicas corridas de un animal o persona degollados quienes, a pesar de estar muertos, conservan en el cuerpo un reflejo nervioso que los incita a escapar sin cabeza, como si todavía tuviesen una oportunidad.

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Mensultar

Posted by jorgemux en octubre 27, 2008

(Verbo. Del latín mendosus = incorrecto y saltare = saltar, ir contra)

Aplicar mal un insulto.

Dada la circunstancia en que queremos insultar a alguien, elegiremos cuál de las formas insultantes se aplican mejor al hecho por el cual queremos insultar. El insulto puede estar mal aplicado de dos formas: o bien el tenor del insulto es demasiado alto (o demasiado bajo) para la situación, o bien el insulto no se aplica a la situación por la cual se lo insulta.

Un ejemplo del primer caso (insulto con tenor desproporcionado) es el siguiente: si una persona mata a otra por una acción irresponsable, sería un mensulto si los parientes del muerto se acercaran al asesino y le dijeran: “Sos un loco“, en lugar de proferirle imprecaciones más apasionadas. Por el contrario, si una cajera de supermercado nos devuelve cinco centavos en caramelos, será desproporcionado gritarle “Sos una yegua malparida“.

Ejemplos del segundo caso: si le decimos “forro” a alguien que en verdad es “estúpido“; si le decimos “grasa” a quien tan solo es “timorato“, si calificamos de “conchudo” a quien es un “hijo de puta“, o si le decimos “zagunfio” a quien simplemente tiene mala leche: en todos estos casos, estaremos mensultando.

Conviene aclarar que el mensulto es parte del juego de insultar: a veces, cuando verdaderamente se desea ofender a alguien, se le acusa de cosas que no ha hecho, o se magnifica alguna nimiedad para mensultarlo.

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Ficionunciar

Posted by jorgemux en octubre 25, 2008

(Palabra y definición enviadas por Pablo Macias)

(Verbo. Del latín affectum = afectado y nuntio = anunciar)

Tendencia de un hispanohablante a pronunciar extraña y erróneamente palabras en un idioma extranjero que desconoce.

De todas maneras se caracterizan por poseer coherencia convencional en las tonalidades y desinencias de las palabras. En el caso del ingles se distingue el agregado de una sibilante al final de una dental o un diptongo “ou, au” inventado. Ejemplos: la voz inglesa “I’m in home” se ficionuncia “amimjóum“; la francesa “bonjour” se ficionuncia “bonshúrr“.

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Mortiloquio

Posted by jorgemux en octubre 24, 2008

(Sust. De mortuus = muerto y loquor = hablar)

Habla de un muerto.

El mortiloquio más común es el que en la quiniela se representa con el número “48”: la figura de un muerto se aparece en sueños y dice algo, muchas veces profético.

Pero la acepción se refiere, más bien, a un hecho poco frecuente pero bien documentado: un muerto que habla mientras está siendo velado, o mientras es enterrado. Lo curioso de este hecho es que -si hemos de fiarnos por los documentos- la persona está efectivamente muerta mientras profiere una seguidilla de palabras (pues podría sospecharse un fraude o una catalepsia). Luego de eso, se calla para siempre.

Hay quienes interpretan, a través de los mortiloquios, que la muerte es como un profundo sueño. Una persona que duerme y sueña, cada tanto balbucea. El mortiloquio es el balbucear del sueño de la muerte.

Según un poco fiable documento necrológico de la ciudad de Bahía Blanca, en el año 1987 un muerto dijo, mientras era velado: “Juéguenle al 48”

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cocaje

Posted by jorgemux en octubre 23, 2008

(Sustantivo colectivo. Del francés coq = gallo, de donde deriva la expresión “coqueto”)

Conjunto de personas que ante cualquier evento se arregla y se pone la mejor ropa.

Mientras el trusaje sale a la calle sin importarle su apariencia de entrecasa, el cocaje elige cuidadosamente su vestimenta y pasa horas frente al espejo para ir hasta la esquina a comprar lechuga. El cocaje no entiende el concepto de vestimenta informal. Con su temor a parecer desharrapado, muchas veces peca de incongruente: va a un pic nic con mocasines, traje y corbata (si es hombre), o a la playa ardiente con tacos y vestido de noche (si es mujer).

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Contravocar

Posted by jorgemux en octubre 22, 2008

(Verbo. Del latín contra = contra y vocare = invitar. Sustantivo: contravocación)

Invitar a alguien para algún evento y recibir como respuesta una invitación a un evento similar.

Las contravocaciones pueden tener dos efectos: o bien alivio, o bien la pesada sensación de compromiso. Pongamos ejemplos:

– A no tiene deseos de salir de su casa. Llama a B para invitarlo a cenar. Pero B (quien tampoco desea salir) le pide -le contravoca- a A que sea él quien vaya a su casa. Con lo cual, A se verá comprometido a aceptar la invitación -puesto que él fue quien llamó en primer lugar para pedirle a B que cenaran juntos. En este caso, la contravocación tiene un efecto negativo.

– A no tiene deseos de invitar a B para su cumpleaños. Pero se ve en el compromiso de hacerlo, dado que B es su amigo. Sin embargo, B se excusa diciendo que ya ha sido invitado a un cumpleaños, o que él mismo está festejando el cumpleaños de algún pariente en su propia casa, para lo cual contravoca a A a ese festejo. A, sin embargo, puede excusarse diciendo que sus parientes y amigos irán a visitarlo a su casa, con lo cual puede rechazar sin problemas la contravocación de B. Este es un caso de contravocación positiva.

Las contravocaciones son una negociación en la que se ponen en juego apenas dos factores: la necesidad de compañía y la comodidad.

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La mueca

Posted by jorgemux en octubre 21, 2008

En la sala de espera del alergista, en un congreso sobre pensadores vieneses, en el almacén, en el colectivo: siempre hay una renovada comitiva de desconocidos que me acompaña circunstancialmente. Caras anónimas, nuevas, de gestos insólitos e impredecibles que de vez en cuando bufan, respiran, cierran los ojos o preguntan la hora. Nuestra reunión parece ocasional, azarosa, dictada por la simple coincidencia de viajar en el mismo ómnibus o tratarnos con el mismo médico. Pero por un leve indicio me doy cuenta de que sus ingratas presencias no son producto de la casualidad: cada tanto me miran. Sus ojos se cruzan con los míos por un segundo. En ese segundo me juzgan, hacen una mueca y me reprueban.
Cuando descubro que esos desconocidos no están allí por lo mismo que yo; cuando sé que no tienen el menor apuro por que los atienda el médico –de hecho, el médico tarda a propósito para darles tiempo-, me tomo el trabajo de disimular y, con paciencia, los estudio con la misma mirada casual con la que ellos me ven. Yo mismo finjo que sólo espero que se termine la espera; y sé que ellos saben que finjo, pero finjo que no lo sé. Ellos, por su parte, fingen que yo no sé que están fingiendo. Mantienen sus desquiciados personajes aun cuando les he quitado la máscara.
Cada rostro tiene el sello de una mueca, como un defecto de fábrica. Esa mueca con la que miraron por un segundo, es una mueca fija. La que torció la boca, tiene siempre la boca torcida. El que pestañea con un solo párpado, lo sigue haciendo. En el molde de plástico con el que los construyeron, estaba la desesperada forma de la mueca. Nunca se librarán de ella y ahora me miran a mí, con disgusto, con el resentimiento de saberse muñequitos sin alma y mal esculpidos.
A cada rostro le pongo un apodo infamante y preciso. La Pagapoco, El Ratón Cachivachero y Egoísta, El Mirapetes, Caramañola, Dandy Sucio. A veces imagino historias para explicar cómo fueron engendrados esos seres con rostro de mueca: la de escote prominente, tetas caídas y un par de lunares en el rostro, salió de una sartén con aceite quemado después de haber freído churros grasientos y fláccidos. El palomo anguloso y sin cuello fue un trozo de mampostería que cayó de un balcón. El Sacachulos fue el producto de la electrocución de sus padres quienes vivieron en el interior de una lámpara quemada.
Otras veces, a través de sus muecas, su ropa y la forma de su cuerpo, imagino cómo llevan su escasa vida esos monigotitos deplorables. La gacela culona cara de pánfila se hace quemar las piernas con cigarrillos de mentol. El pobre tipo ténganle lástima vive en una habitación oscura y vacía, y pasa todo el día envuelto en polietileno. Cada tanto pasa la lengua por la bolsa con la que se rodea y degusta con fruición el sabor anodino del plástico. El guachito dedos de bicho se dedica a despedazar niños; los separa en partes con sus manos de tenaza arácnida y luego los entierra todavía vivos en el patio de juegos de un jardín de infantes, con la complicidad de las maestras y los padres de los niños.
Los muñecos que me miran sórdidos con mirada casual y perdida, que me odian a muerte, son seres planos construidos por nadie como robotitos sin objetivos. Su mente –si es que tienen mente- sólo es un reducto de turbada conciencia en la que apenas si subsisten dos o tres obsesiones miserables: cerrar la ventana, matar niños, mirarme. Mirarme y despreciarme, odiando mi rica e inteligente vida mental. Odian que yo sea un auténtico humano, en vez de la poco convincente caricatura que ellos apenas se molestan por fingir.
Nunca tardo en identificar al líder. Siempre es quien más se cuida de no mirarme, o de mirarme sólo cuando yo no lo veo. Es el que tiene un aspecto más parecido a un ser humano. Claro que no puede engañarme a mí. El líder nunca es el primero en atacar (por lo general, el ataque proviene del más débil, infeliz y enclenque) y cada tanto nos habla a todos los presentes, como si no nos conociera o como si de verdad le interesara lo que nos dice sobre el clima o sobre política internacional.
Las muecas de cada uno conforman una única mueca colectiva. Según el lugar y la ocasión, las marionetas cambian –no son las mismas si estoy viajando en ómnibus que si estoy en un congreso-, pero la mueca general, la mueca total y abarcadora, es siempre la misma. Esa mueca universal, siempre presente en cualquier reunión de apariencia azarosa, es el verdadero rostro que me mira cuando me miran. Si alguien quiere ocultar la gran mueca con lentes negros, ahora la gran mueca incluye lentes negros. Si alguien se tapa con flequillo, ahora el flequillo es parte de la gran mueca. A veces puedo ver la gran mueca aun cuando no hay nadie. Cuando estoy yo solo esperando el ómnibus o cuando la sala de espera está vacía: todavía sé que la gran mueca me está mirando con gesto condescendiente, con envidia y pasmo infinitos.
Pero la mueca es impotente si ningún engendro infrahumano ejecuta su mirada. La mueca me quiere convertir en mueca. Quiere que yo sea su títere; que sea ella. Quiere que mi rostro y mi cuerpo tengan una mueca universal. Quiere que me convierta en muñeco de trapo sucio de pelo de comadreja, como el ejército de zombis con ojos de botón descosido que me rodea. Quiere que yo sea ella para que ella tenga más para expresarse como mueca; para que yo sea su lienzo donde fluir como mueca, como más mueca que antes.
A veces los desconocidos me miran al unísono, en silencio, durante un buen rato. Yo evito mirarlos a los ojos; finjo que leo una revista o entrecierro los ojos como si me estuviera durmiendo. Pero ellos me miran, impotentes y esclavos de la gran mueca. Su mirada total me drena; si les hablo o si los miro, uno por uno, me convierto en uno de ellos.
Una tarde de viento, mientras esperaba junto con muchos desconocidos en la vereda a que abriera una tienda de ropa, la mueca clavó su mirada colectiva sobre mí. Esa tarde sentí que mi cuerpo se hacía de madera; que mi pelo era plástico y que mis pensamientos se volvían suaves, cálidos y pesadillescos, como los de un muñeco angustiado con reminiscencias de haber sido humano, o como un retrasado mental que todavía conservara cierta conciencia de haber tenido una vida más plena y más rica. Por un momento fui uno de ellos. Por un momento yo mismo dejé de pensar y busqué, desesperado, a otros para convertir en muñequitos. Pero se levantó la persiana del negocio y todos se dispersaron.
Sin embargo todavía pasa algo extraño. Cada tanto me encuentro con un espejo y me veo, de golpe y sin querer. Veo mis ojos como de plástico; mi mirada es un gesto desesperado e inexpresivo. Desde hace un tiempo, casi no respiro y sólo me alimento de juguetes rotos que dejan los niños olvidados en la calle. Desde hace tiempo duermo en una cajita de violín, dentro de un placard y salgo por las noches a mirar y a evitar mirarme, porque le tengo miedo a esta nueva mirada desesperada que se gesticula desde mi rostro.

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