Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for 30 abril 2008

Cratoftonia

Posted by jorgemux en abril 30, 2008

(Del griego kratos = poder y fthónos = envidia)

Envidia o deseo de emular los poderes de los superhéroes.

Todos hemos sufrido cratoftonia cuando deseamos volar o cuando -por alguna circunstancia específica- sentimos una imperiosa necesidad de volvernos invisibles, de tener visión biónica o ser capaces de escuchar a grandes distancias.
El cratoftónico puede desear poderes de superhéroes o de villanos.
El rango de superpoderes deseables se ha extendido debido a la proliferación de videojuegos en los cuales el o los personajes cuentan con habilidades especiales. La cratoftonia puede en parte sublimarse gracias a la casi perfecta emulación que proveen los juegos de video: el deseo se ve cumplido cuando por fin el personaje que somos en el videojuego tiene acceso a ese poder increíble y devastador (En la foto, el príncipe Arthas, del juego Warcraft III).

¿Con qué superhéroe o superpoder suele usted sentir cratoftonia?

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Cratoftonia

Posted by jorgemux en abril 30, 2008

(Del griego kratos = poder y fthónos = envidia)

Envidia o deseo de emular los poderes de los superhéroes.

Todos hemos sufrido cratoftonia cuando deseamos volar o cuando -por alguna circunstancia específica- sentimos una imperiosa necesidad de volvernos invisibles, de tener visión biónica o ser capaces de escuchar a grandes distancias.
El cratoftónico puede desear poderes de superhéroes o de villanos.
El rango de superpoderes deseables se ha extendido debido a la proliferación de videojuegos en los cuales el o los personajes cuentan con habilidades especiales. La cratoftonia puede en parte sublimarse gracias a la casi perfecta emulación que proveen los juegos de video: el deseo se ve cumplido cuando por fin el personaje que somos en el videojuego tiene acceso a ese poder increíble y devastador (En la foto, el príncipe Arthas, del juego Warcraft III).

¿Con qué superhéroe o superpoder suele usted sentir cratoftonia?

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Enchulenguizar (se)

Posted by jorgemux en abril 29, 2008

(Verbo intransitivo. De chulengo: parrilla tambor para hacer asados)

Tener el trasero cada vez más grande.

La enchulenguización es diferente según se trate de hombres o de mujeres, e incluso varía de acuerdo a la edad.
Hay una enchulenguización temprana que puede darse en la preadolescencia. Puede afectar por igual a niños y niñas.
Luego hay otra, después de los veintidos o veintitrés.
Existe una enchulenguización natural de ciertas mujeres, cuyas caderas quedan desproporcionadamente grandes después de su primer parto.
Los hombres, en cambio, si no se han enchulenguizado hasta los treinta o treinta y cinco años, todavía tienen una oportunidad a partir de esa edad. Particularmente, si hacen trabajos sedentarios y si son afectos a las bebidas alcohólicas y a los asados.

Cuando el hombre se enchulenguiza, tiene una gran tendencia a dejar entrever el extremo superior de su trasero por encima del pantalón y por debajo de la camisa. Este fenómeno no ocurre muy seguido entre mujeres.

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Enchulenguizar (se)

Posted by jorgemux en abril 29, 2008

(Verbo intransitivo. De chulengo: parrilla tambor para hacer asados)

Tener el trasero cada vez más grande.

La enchulenguización es diferente según se trate de hombres o de mujeres, e incluso varía de acuerdo a la edad.
Hay una enchulenguización temprana que puede darse en la preadolescencia. Puede afectar por igual a niños y niñas.
Luego hay otra, después de los veintidos o veintitrés.
Existe una enchulenguización natural de ciertas mujeres, cuyas caderas quedan desproporcionadamente grandes después de su primer parto.
Los hombres, en cambio, si no se han enchulenguizado hasta los treinta o treinta y cinco años, todavía tienen una oportunidad a partir de esa edad. Particularmente, si hacen trabajos sedentarios y si son afectos a las bebidas alcohólicas y a los asados.

Cuando el hombre se enchulenguiza, tiene una gran tendencia a dejar entrever el extremo superior de su trasero por encima del pantalón y por debajo de la camisa. Este fenómeno no ocurre muy seguido entre mujeres.

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Pigra

Posted by jorgemux en abril 28, 2008

(Sust. Del latín pigritia: lentitud, desgana.)

1. Lentitud y torpeza para atender a los clientes en un local de ventas.

Cuando en un negocio los empleados encargados de la atención demoran demasiado no sólo mientras atienden a un único cliente, sino también cuando hacen tareas que debieran ser expeditivas -como tipiar los precios en la calculadora, o decir cuál es el valor de un producto-, estamos ante el fenómeno de la pigra. Los empleados con pigra no reparan en que el local puede estar abarrotado de gente; ellos nunca levantan la vista ni apuran su trabajo. Como fenómeno asociado, la pigra suele ir acompañada por una enojosa tendencia a no respetar el orden de llegada de los clientes y, -peor aun- tampoco llamar por número.
También hay pigra en esos megalocales de venta de electrodomésticos en los cuales el cliente se desplaza por las góndolas sin que los empleados se acerquen a atenderlo.
La pigra se asocia con la ineficiencia, pero no siempre es producto de ella: a veces, el empleado pigroso simplemente desconoce cómo debe atenderse un local.

2. Lentitud para realizar un oficio.

También asociado con los oficios, la pigra de esta segunda acepción supone la conjunción de un par de hechos: contratar a alguien para hacer un trabajo en nuestra casa (un plomero, un pintor, un gasista, un techador), y corroborar que esta persona tarda mucho en arreglar algo que tal vez sólo demandaba unos minutos. Supongamos que alguien contrata a un plomero para arreglar un caño roto. El plomero, si está afectado de pigra, llegará mucho más tarde de la hora convenida, hará una revisión superficial y luego se tomará unos cuantos días para volver y comenzar la reparación.

Resulta curioso que este término sólo se aplique a obreros y empleados de comercio, pero que no se extienda también a profesionales, docentes y empresarios: hay un sesgo clasista en la noción de “pigra”.

Las personas afectadas de pigra (tanto en su primera como su segunda acepción), suelen ser calladas, de movimientos suaves y nunca o casi nunca explican a qué se debe la incomprensible demora para completar la actividad.

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Pigra

Posted by jorgemux en abril 28, 2008

(Sust. Del latín pigritia: lentitud, desgana.)

1. Lentitud y torpeza para atender a los clientes en un local de ventas.

Cuando en un negocio los empleados encargados de la atención demoran demasiado no sólo mientras atienden a un único cliente, sino también cuando hacen tareas que debieran ser expeditivas -como tipiar los precios en la calculadora, o decir cuál es el valor de un producto-, estamos ante el fenómeno de la pigra. Los empleados con pigra no reparan en que el local puede estar abarrotado de gente; ellos nunca levantan la vista ni apuran su trabajo. Como fenómeno asociado, la pigra suele ir acompañada por una enojosa tendencia a no respetar el orden de llegada de los clientes y, -peor aun- tampoco llamar por número.
También hay pigra en esos megalocales de venta de electrodomésticos en los cuales el cliente se desplaza por las góndolas sin que los empleados se acerquen a atenderlo.
La pigra se asocia con la ineficiencia, pero no siempre es producto de ella: a veces, el empleado pigroso simplemente desconoce cómo debe atenderse un local.

2. Lentitud para realizar un oficio.

También asociado con los oficios, la pigra de esta segunda acepción supone la conjunción de un par de hechos: contratar a alguien para hacer un trabajo en nuestra casa (un plomero, un pintor, un gasista, un techador), y corroborar que esta persona tarda mucho en arreglar algo que tal vez sólo demandaba unos minutos. Supongamos que alguien contrata a un plomero para arreglar un caño roto. El plomero, si está afectado de pigra, llegará mucho más tarde de la hora convenida, hará una revisión superficial y luego se tomará unos cuantos días para volver y comenzar la reparación.

Resulta curioso que este término sólo se aplique a obreros y empleados de comercio, pero que no se extienda también a profesionales, docentes y empresarios: hay un sesgo clasista en la noción de “pigra”.

Las personas afectadas de pigra (tanto en su primera como su segunda acepción), suelen ser calladas, de movimientos suaves y nunca o casi nunca explican a qué se debe la incomprensible demora para completar la actividad.

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Cuchiperro,a

Posted by jorgemux en abril 25, 2008

(De cujo o cuzco = voz para llamar al perro y perro)

Si la palabra mojigato deriva de mojo (voz para llamar al gato) y gato, y un mojigato es una persona que hace escrúpulo de todo, un cuchiperro tiene connotaciones similares, sólo que referidas al lenguaje:

Persona que cambia los insultos, las imprecaciones y los juramentos por una frase no insultante.

Ejemplos: “la que te pan con queso” (por “la puta que te parió”), “la conferencia de prensa” (por “la concha de tu hermana”), “Qué volumen que sos” (por “qué boludo que sos”) Normalmente, este insulto lavado se enuncia de manera afectuosa y acompañado con alguna demostración paralingüística de cariño (guiños, sonrisa, palmada en el hombro). En algunos casos, el cuchiperro marca el momento en el cual aquello que iba a ser un insulto se transforma en una frase inocente: “¡Qué volú — men que sos”, “¡La con — federación de los estados!” Esta pausa enfatiza el carácter jocoso e inocentón del insulto.

El cuchiperro suele ser una persona traicionera y poco confiable, pues muchas veces tiene incontenibles ganas de proferir una injuria feroz, pero simula ecuanimidad y cariño, y apenas se atreve a soltar una frasecita lavada. Es normal que sufra de tics nerviosos durante estos accesos de furia mal contenida.

El cuchiperro puede ser un mojigato. Un mojigato siempre es un cuchiperro.

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Cuchiperro,a

Posted by jorgemux en abril 25, 2008

(De cujo o cuzco = voz para llamar al perro y perro)

Si la palabra mojigato deriva de mojo (voz para llamar al gato) y gato, y un mojigato es una persona que hace escrúpulo de todo, un cuchiperro tiene connotaciones similares, sólo que referidas al lenguaje:

Persona que cambia los insultos, las imprecaciones y los juramentos por una frase no insultante.

Ejemplos: “la que te pan con queso” (por “la puta que te parió”), “la conferencia de prensa” (por “la concha de tu hermana”), “Qué volumen que sos” (por “qué boludo que sos”) Normalmente, este insulto lavado se enuncia de manera afectuosa y acompañado con alguna demostración paralingüística de cariño (guiños, sonrisa, palmada en el hombro). En algunos casos, el cuchiperro marca el momento en el cual aquello que iba a ser un insulto se transforma en una frase inocente: “¡Qué volú — men que sos”, “¡La con — federación de los estados!” Esta pausa enfatiza el carácter jocoso e inocentón del insulto.

El cuchiperro suele ser una persona traicionera y poco confiable, pues muchas veces tiene incontenibles ganas de proferir una injuria feroz, pero simula ecuanimidad y cariño, y apenas se atreve a soltar una frasecita lavada. Es normal que sufra de tics nerviosos durante estos accesos de furia mal contenida.

El cuchiperro puede ser un mojigato. Un mojigato siempre es un cuchiperro.

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Propaláfelo (o Propaláfero)

Posted by jorgemux en abril 24, 2008

(Sust. Del lat. propalam = público, manifiesto y fallo = engañar, hacer falacias. Aunque se lo suele pronunciar como “propaláfero”, la raíz es la misma, pues el cambio de la “l” por la “r” obedece a razones de eufonía)

Producto de manufactura que ha disminuido su calidad o su cantidad pero cuya presentación disimula eufemísticamente dicho cambio.

Existen productos de góndola de supermercado que han sufrido enormes e inexplicables mutaciones: el jamón cocido ahora es pernil de cerdo cocido. El cacao en polvo es ahora polvo para preparar bebida sabor chocolate. El detergente es lavavajillas. El yogur bebible es bebida láctea; el jugo de naranjas es bebida analcohólica con un porcentaje variable de jugo de naranja. El almendrado no tiene almendras sino maní acaramelado. El queso cuartirolo dejó de existir y ahora es simplemente “cremoso” o “reelaborado”. Esta lista está lejos de ser exhaustiva.

Cuando un producto quiere mimetizarse con otro, pero ofreciendo un sucedáneo de características dudosas o claramente inferiores a las de ese otro, estamos ante un propaláfelo.

Es de destacar que la mayoría de los propaláfelos en ningún momento afirman ser lo que no son (por ejemplo: el polvo para preparar jugo en ningún momento dice “jugo en polvo”, sino “polvo para preparar bebida con sabor a… “) , pero en el imaginario colectivo van reemplazando poco a poco a aquellos productos originales; hasta el punto en el que esos originales -de los cuales el propaláfero es una copia cada vez más desteñida- se convierten en prohibitivos o lisa y llanamente desaparecen. Por ejemplo, hoy es casi imposible encontrar detergente o jamón cocido, y es normal que en las tiendas ofrezcan lavavajilla (que es detergente diluido en agua) y lo presenten como detergente.

Los propaláfelos generan una distorsión en los productos y ponen a prueba la percepción de los consumidores, pues suelen aparecer propaláfelos de propaláfelos. Un caso ejemplar es el del jamón. Durante la década de los ochenta, en las fiambrerías de Argentina podía encontrarse jamón cocido y crudo. Existía un propaláfelo: la paleta cocida, más barata. Hoy existe el pernil de cerdo y el fiambre para emparedado, además del “jamón cocido” a secas, que no es el mismo “jamón cocido” al que hacíamos referencia en los años ochenta. Si se quiere pedir jamón cocido auténtico, se debe especificar que uno desea “jamón cocido natural”. La paleta cocida es, actualmente, un propaláfelo de cierta alcurnia, mientras que el “fiambre para emparedado” o el “jamón cocido a secas” son propaláfelos de ese propaláfelo inicial.

Otro caso puede darse con los “jugos”. En los años ochenta, podía encontrarse envases de “jugo de naranja”. Hoy, los envases contienen un porcentaje de jugo, lo que los convierten en propaláfelos. Pero aun, de entre esos que tienen porcentaje, existen algunos cuyo porcentaje es de naranjas reales y otros que tienen un porcentaje de jugo concentrado (artificial).

Cuando uno desea un producto auténtico -y no su propaláfelo-, muchas veces puede ayudarle al vendedor si utiliza los adjetivos “natural” o “real”: “Déme jugo natural”, “Déme almendrado con almendras reales”. A veces, eso tampoco es suficiente.

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Propaláfelo (o Propaláfero)

Posted by jorgemux en abril 24, 2008

(Sust. Del lat. propalam = público, manifiesto y fallo = engañar, hacer falacias. Aunque se lo suele pronunciar como “propaláfero”, la raíz es la misma, pues el cambio de la “l” por la “r” obedece a razones de eufonía)

Producto de manufactura que ha disminuido su calidad o su cantidad pero cuya presentación disimula eufemísticamente dicho cambio.

Existen productos de góndola de supermercado que han sufrido enormes e inexplicables mutaciones: el jamón cocido ahora es pernil de cerdo cocido. El cacao en polvo es ahora polvo para preparar bebida sabor chocolate. El detergente es lavavajillas. El yogur bebible es bebida láctea; el jugo de naranjas es bebida analcohólica con un porcentaje variable de jugo de naranja. El almendrado no tiene almendras sino maní acaramelado. El queso cuartirolo dejó de existir y ahora es simplemente “cremoso” o “reelaborado”. Esta lista está lejos de ser exhaustiva.

Cuando un producto quiere mimetizarse con otro, pero ofreciendo un sucedáneo de características dudosas o claramente inferiores a las de ese otro, estamos ante un propaláfelo.

Es de destacar que la mayoría de los propaláfelos en ningún momento afirman ser lo que no son (por ejemplo: el polvo para preparar jugo en ningún momento dice “jugo en polvo”, sino “polvo para preparar bebida con sabor a… “) , pero en el imaginario colectivo van reemplazando poco a poco a aquellos productos originales; hasta el punto en el que esos originales -de los cuales el propaláfero es una copia cada vez más desteñida- se convierten en prohibitivos o lisa y llanamente desaparecen. Por ejemplo, hoy es casi imposible encontrar detergente o jamón cocido, y es normal que en las tiendas ofrezcan lavavajilla (que es detergente diluido en agua) y lo presenten como detergente.

Los propaláfelos generan una distorsión en los productos y ponen a prueba la percepción de los consumidores, pues suelen aparecer propaláfelos de propaláfelos. Un caso ejemplar es el del jamón. Durante la década de los ochenta, en las fiambrerías de Argentina podía encontrarse jamón cocido y crudo. Existía un propaláfelo: la paleta cocida, más barata. Hoy existe el pernil de cerdo y el fiambre para emparedado, además del “jamón cocido” a secas, que no es el mismo “jamón cocido” al que hacíamos referencia en los años ochenta. Si se quiere pedir jamón cocido auténtico, se debe especificar que uno desea “jamón cocido natural”. La paleta cocida es, actualmente, un propaláfelo de cierta alcurnia, mientras que el “fiambre para emparedado” o el “jamón cocido a secas” son propaláfelos de ese propaláfelo inicial.

Otro caso puede darse con los “jugos”. En los años ochenta, podía encontrarse envases de “jugo de naranja”. Hoy, los envases contienen un porcentaje de jugo, lo que los convierten en propaláfelos. Pero aun, de entre esos que tienen porcentaje, existen algunos cuyo porcentaje es de naranjas reales y otros que tienen un porcentaje de jugo concentrado (artificial).

Cuando uno desea un producto auténtico -y no su propaláfelo-, muchas veces puede ayudarle al vendedor si utiliza los adjetivos “natural” o “real”: “Déme jugo natural”, “Déme almendrado con almendras reales”. A veces, eso tampoco es suficiente.

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