Exonario

Definiciones y términos que no figuran en el diccionario (exonario no figura en el diccionario)

Archive for 31 diciembre 2007

Pontobata

Posted by jorgemux en diciembre 31, 2007

(Del griego póntos = mar, y bates = caminante)

1. Dícese del que camina por la superficie del agua.
Además del episodio bíblico en el cual Jesús realiza una pontobacia (ver esta imperdible ilustración) , el término se aplica también al arte de ilusionismo en el cual el mago camina sobre el agua.

2. Dícese de quien, en lugar de cruzar un lago o un río a nado, intenta hacerlo caminando, confiando en que pueda hacer pie en el fondo.

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Pontobata

Posted by jorgemux en diciembre 31, 2007

(Del griego póntos = mar, y bates = caminante)

1. Dícese del que camina por la superficie del agua.
Además del episodio bíblico en el cual Jesús realiza una pontobacia (ver esta imperdible ilustración) , el término se aplica también al arte de ilusionismo en el cual el mago camina sobre el agua.

2. Dícese de quien, en lugar de cruzar un lago o un río a nado, intenta hacerlo caminando, confiando en que pueda hacer pie en el fondo.

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Cuidado que va a explotar

Posted by jorgemux en diciembre 29, 2007

Durante poco más de dieciséis años, casi todos mis sábados –y algunos viernes- estuvieron destinados al oficio de disc jockey. Esta rutina laboral nació en junio de mil novecientos noventa y uno; tuvo una interrupción desde fines del noventa y dos hasta mediados del noventa y cuatro, y no se ha detenido hasta hoy. Sin embargo, tengo la sospecha de que la música se detendrá, de manera definitiva, durante el año que se avecina.

Cuando un adolescente se inicia en su carrera de disc jockey, sólo tiene tres cosas: entusiasmo, incertidumbre y un equipo de música pequeño, feo y armado con objetos prestados de dudosa calidad. Yo comencé con el radiograbador de mi padre, un barral de madera con latas de aceite pintadas y lamparitas de colores. Grababa cassettes de la radio y, cada vez que juntaba un peso, compraba un disco o ahorraba para acercarme un poco más al sueño de un equipo profesional. Todavía no existían las computadoras; apenas, tímidamente, se estaban avecinando los compact discs. La música de moda era un bien escaso al que sólo se accedía a través de la radio. Recuerdo haberme quedado noches enteras, atento al dial, con el cassette listo para grabar algún escurridizo tema del momento: Education, de OK, Toy Soldiers, de Martika; Vision of Love, de Mariah Carey. Aunque pasaban esos temas durante el día, el locutor los pisaba con comentarios. Pero a la madrugada, la cosa se volvía más tranquila y uno podía grabarse un tema enterito, sin la intervención inoportuna de voces foráneas. Mis amigos y compañeros de escuela también grababan sus temas, pero no ponían tanto empeño como yo. Mi trabajo era obsesivo; siempre pretendí que la calidad de la grabación debía ser lo más perfecta posible.

Por alguna razón, las parejas que se iban a casar y las chicas que cumplían quince tenían interés en que yo –un amateur obsesivo al mando de un radiograbador- les pusiera música en sus fiestas. De alguna forma, me fui haciendo tempranamente conocido en ese rubro y, con los pesitos que me iba ganando, pude ir haciendo notables mutaciones en ese patético equipo primigenio.

Al poco tiempo, y con la ayuda de mi viejo, pude incorporar las bandejas para pasar discos y un par de hermosos bafles. Luego incorporé una etapa de potencia para los bafles, una mezcladora y un secuenciador para las luces. Sin embargo, todo lo que me podía comprar era de baja calidad y corría el riesgo de que, en medio de una fiesta, el equipo se paralizara por algún motivo desconocido y hubiera que suspender la música. En particular, la etapa de potencia –el alma del equipo, que sirve para amplificar el sonido – se calentaba mucho con el uso y un técnico electrónico me profetizó que, algún día, iba a hacer cortocircuito e incluso incendiarse o explotar violentamente, en medio de una reunión. Esa inquietante predicción hizo que me volviera aun más neurótico: había que vigilar a la etapa de potencia como a un subversivo; ponerle un ventilador para que no subiera mucho la temperatura, apagarla cada tanto; abrirle la tapa superior; mirarla de vez en cuando por si algún componente interno se incendiaba; prestar atención a los olores, porque a veces se quema una resistencia o un capacitor y larga olor a goma quemada antes de arder por completo. Mi imaginación y mi ansiedad siempre se adelantaron a los peores acontecimientos: ¿qué pasaría si, porque sí, sin motivo alguno, explotara de repente? ¿Qué pasaría si eso ocurre, justo, justo, en el momento crucial de la fiesta: cuando entran los novios, cuando bailan el vals…?

Ahora, que han pasado muchos años y que mis equipos distan mucho de ser esas potenciales bombas incendiarias, todavía arrastro ese temor reptilesco, esa absurda (quizás no tanto) sospecha de que todo va a explotar.

Sin embargo, como suele ocurrir cuando se teme, una noche ocurrió casi todo lo que temí.

Fue el diecisiete de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro, en un cumpleaños de quince.

Esa noche tuve una fiesta en el salón de la Asociación de Empleados de Comercio. Lugar famoso porque la encargada del salón, una vieja nerviosa, irritable y gritona, maltrataba gratuitamente a los invitados, a los mozos, a los fotógrafos y –sus predilectos- a los disc jockeys.

Para entrar al salón hubo que hacer un suplicio: por alguna razón, la vieja gritona no quería abrir la puerta principal, así que tuve que arrastrar los equipos dando un largo rodeo por un pasillo miserable al costado. Después de eso, traté de instalarme sobre el escenario, pero la vieja –siempre a los gritos- me echó de allí y me sugirió que fuera “a cualquier lugar, menos al escenario, porque después me lo dejan lleno de cinta aisladora, pedacitos de cable y colillas de cigarrillo, y después la pelotuda que lo tiene que limpiar soy yo”. Me decidí por un rincón cercano al escenario.

Armé el sonido, las pocas luces y, para mi sorpresa, descubrí que la etapa de potencia no funcionaba. Encendía, claro, como siempre. Pero no salía el sonido. Estaba muda, muerta, silenciosa. Ya era las ocho de la noche y, en una hora y media, vendrían los invitados. Conviene remarcar la situación: en medio de un inminente compromiso con casi doscientos invitados, con la absoluta dependencia de un aparato que no funciona y sin tener a quién recurrir.

Lo primero que hice fue desesperarme. Lo segundo, fue abrir la etapa de potencia y mirarla. Mirarla sin saber qué hacer: nunca supe de electrónica. Mirarla con la absurda esperanza de que, quizás, pudiera adivinar qué era lo que andaba mal. Con la aun más desquiciada ilusión de reparar lo que andaba mal.

Nada. La etapa era la misma de siempre. No tenía olor; ni siquiera se calentaba. El único problema era su silencio inapelable.

La desesperación llevó a olvidarme del resto del universo. Desenchufé el aparato; lo acerqué a la luz. Lo miré más de cerca. Toqué, moví, saqué, volví a poner. Enchufé para probar una vez más. Finalmente, le puse la tapa y la sacudí entre mis brazos con fuerza, como un termómetro o una lata de pintura en aerosol. La agité forzando los límites de mi ilusión: si acaso algo se había movido, con las sacudidas quizás se acomodara. Después de haberle hecho pasar unos desatinados espasmos, la dejé allí, en silencio, sola, debajo de la mesa y me fui a cambiar. Cuando regresé, sólo apreté el botón de “on” y arrancó a la perfección.

Esa noche tuve un ejemplo de alguna increíble hipótesis sobre las leyes del caos. No tuve tiempo de elaborar nada: casi simultáneamente, llegaron los invitados.

La fiesta fue caótica: si bien el amplificador anduvo a la perfección, los bafles se rompieron. Dos de ellos literalmente explotaron. La explosión fue pequeña y sólo yo pude darme cuenta de ello. Y la quinceañera se enganchó el vestido en el ventilador que enfriaba la etapa de potencia. Y el ventilador daba corriente. Y el padre de la quinceañera me dijo a los gritos y sin presentarse: “bajá el volumen o te tiro los equipos por la cabeza”. Y a las cuatro en punto de la mañana, la vieja histérica que regenteaba el salón cortó la luz para que nos fuéramos a nuestras casas. Y después de eso, sólo después de todo eso, sentí un inconfundible olor a goma quemada. La etapa de potencia había muerto en el momento más oportuno, como un soldado que resiste hasta que su capitán cumple con una misión imposible y sólo después se da el lujo del descanso eterno.

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Paraxénico, a

Posted by jorgemux en diciembre 28, 2007

(Del griego para= junto a, al margen de, contra, y xenos = extranjero, extraño)

Persona que encuentra hechos extraños en cualquier situación banal y cotidiana.

Un paraxénico utiliza la frase “algo raro hay” cuando le cuentan una breve historia. “Juan, quien nunca iba a hacer las compras, hoy estaba en el supermercado. Ahí pasa algo“.

El paraxénico cree que ciertas palabras tienen una profundidad oculta y está convencido de que puede encontrar la clave para descifrarlas. “Los temas de Palito Ortega, escuchados así sin mucho análisis, parecen de lo más pasatistas. Pero hay que estar atento porque tienen mensajes de fondo

Un paraxénico no es ni siquiera un detective y en realidad es completamente inútil para detectar hechos insólitos. Sólo tiene la firme convicción de que las personas actúan con intenciones ocultas, y en ocasiones arma una complicada fantasía para justificar sus sospechas. “Matilde jugaba en el bingo al lado mío y ganó tres veces. Claro, antes de ganar fue al baño y se demoró como veinte minutos. Para mi que en realidad fue a hablar con los organizadores y les pidió que arreglaran los números. Una de las organizadoras le debe mucho dinero, ¿sabés?

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Paraxénico, a

Posted by jorgemux en diciembre 28, 2007

(Del griego para= junto a, al margen de, contra, y xenos = extranjero, extraño)

Persona que encuentra hechos extraños en cualquier situación banal y cotidiana.

Un paraxénico utiliza la frase “algo raro hay” cuando le cuentan una breve historia. “Juan, quien nunca iba a hacer las compras, hoy estaba en el supermercado. Ahí pasa algo“.

El paraxénico cree que ciertas palabras tienen una profundidad oculta y está convencido de que puede encontrar la clave para descifrarlas. “Los temas de Palito Ortega, escuchados así sin mucho análisis, parecen de lo más pasatistas. Pero hay que estar atento porque tienen mensajes de fondo

Un paraxénico no es ni siquiera un detective y en realidad es completamente inútil para detectar hechos insólitos. Sólo tiene la firme convicción de que las personas actúan con intenciones ocultas, y en ocasiones arma una complicada fantasía para justificar sus sospechas. “Matilde jugaba en el bingo al lado mío y ganó tres veces. Claro, antes de ganar fue al baño y se demoró como veinte minutos. Para mi que en realidad fue a hablar con los organizadores y les pidió que arreglaran los números. Una de las organizadoras le debe mucho dinero, ¿sabés?

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Riminar

Posted by jorgemux en diciembre 27, 2007

(Verbo. Del latín re = repetición e immineo = amenazar)

Acción de dos personas que tratan de esquivarse mutuamente cuando se encuentran caminando en direcciones opuestas
. El término se refiere de manera específica a los infructuosos intentos en los cuales ambos caminantes eligen esquivarse, moviéndose hacia un costado en la misma dirección y volviendo a ponerse en peligro de choque.

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Riminar

Posted by jorgemux en diciembre 27, 2007

(Verbo. Del latín re = repetición e immineo = amenazar)

Acción de dos personas que tratan de esquivarse mutuamente cuando se encuentran caminando en direcciones opuestas
. El término se refiere de manera específica a los infructuosos intentos en los cuales ambos caminantes eligen esquivarse, moviéndose hacia un costado en la misma dirección y volviendo a ponerse en peligro de choque.

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¡Tenemos a los ganadores!

Posted by jorgemux en diciembre 25, 2007


Después de muchas idas y venidas, pudimos dar a conocer la decisión del jurado acerca del Segundo Concurso Exonario.

De lo votado por el jurado más la decisión del público, podemos inferir el siguiente orden de mérito:

TERCER LUGAR: Melanocracia, de la Hoja Mayor del Gomero.

SEGUNDO LUGAR: Amonofílico,a, de Armando Granadillo.

Y en PRIMER LUGAR, elegida por mayoría de jurado y por el público (precisamente, por la bloguencia): BLOGUENCIA, de Laura Berra.

Felicitaciones a los ganadores; a partir de ahora comparten el podio con estos otros campeones del concurso anterior.

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¡Tenemos a los ganadores!

Posted by jorgemux en diciembre 25, 2007


Después de muchas idas y venidas, pudimos dar a conocer la decisión del jurado acerca del Segundo Concurso Exonario.

De lo votado por el jurado más la decisión del público, podemos inferir el siguiente orden de mérito:

TERCER LUGAR: Melanocracia, de la Hoja Mayor del Gomero.

SEGUNDO LUGAR: Amonofílico,a, de Armando Granadillo.

Y en PRIMER LUGAR, elegida por mayoría de jurado y por el público (precisamente, por la bloguencia): BLOGUENCIA, de Laura Berra.

Felicitaciones a los ganadores; a partir de ahora comparten el podio con estos otros campeones del concurso anterior.

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Decisión del jurado: palabra del señor «—x—«

Posted by jorgemux en diciembre 25, 2007

He aquí la decisión del cuarto integrante del jurado para el Segundo Concurso Exonario:

El Sr. X (Yo) ha dado su veredicto y es inapelable y sabio:

TERCER PUESTO:

Bloguencia. Llena un vacío semántico real, es muy útil, está correctamente formada, a partir de audiencia y blog (a la manera de muchos neologismos), y suena española. El único defecto que le encuentro es que una persona que no esté avisada de su significado puede interpretarla de otros modos (por ejemplo, cualidad de lo blogueril, presencia bloguera, etc.)
SEGUNDO PUESTO:

Melanocracia: está correctamente formada y suena como un auténtico término técnico en español. Cualquier lector culto que la vea por primera vez sabrá inmediatamente a que se refiere. El problema que le veo es precisamente ése: la referencia obvia no es la que le asigna (restrictivamente) el autor. Por ejemplo, uno podría hablar en términos amplios de la melanocracia sudafricana a partir de Mandela, de Barack Obama como candidato melanocrático estadounidense o de un déficit melanocrático en la ciudad de Salvador de Bahía. El campo semántico propuesto por el autor debió representarse, en cambio, por medio de la palabra “melanocefalocracia” (gobierno de los cabecitas negras) y sus derivadas. Si no la voto en primer lugar es solamente por esta imprecisión, y porque soy regorila.

PRIMER PUESTO:

Nubídea.

(El señor «—X—« pidió no dar una justificación para esta última elección, tal vez pensando que la palabra ubicada en el primer puesto no necesita justificarse. ¿Le podemos permitir semejante desacato?)

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